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Pablo Serrano, constructor de recuerdos permanentes

Pedro Modrego @pedromdrgo//

La Exposición Permanente del Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos de Zaragoza muestra la trayectoria del artista Pablo Serrano (Crivillén, Teruel, 1908). Un escultor capaz de moldear su realidad para convertirla en un recuerdo material eterno que refleje su deseo de explorar la condición del ser humano. Serrano desafía al espectador jugando con la abstracción de sus obras. 

Para el aragonés, un museo debía “acercar las obras de arte al pueblo y alentar la creación artística”. Como señala la guía del museo, Serrano donó a la comunidad gran parte de su legado escultórico. Esta voluntad se materializó el 29 de julio de 1985 con la firma del Acta de creación de la Fundación-Museo Pablo Serrano. Tras la muerte del escultor ese mismo año, la fundación comienza a trabajar y el Museo abre sus puertas el 27 de mayo de 1994. Lola Durán Úcar (Zaragoza, 1965) es la comisaria y como especialista en el arte del siglo XX, encontramos el realce y la dimensión que la obra de este singular escultor requiere. 

La muestra permanente se sitúa en la segunda planta del museo. Al entrar, un muro, tatuado con una línea temporal, explica la evolución profesional del artista. Tras él, una sala diáfana aguarda diferentes colecciones y series que reflejan su trayectoria. Las obras están ordenadas de forma cronológica, desde los años 50 hasta los 90, y muestran la capacidad de Serrano para transformar sus inquietudes en piezas figurativas, simbólicas e incluso sobrenaturales. 

Las dos primeras figuras son las más antropomórficas: Muchacho mirando al sol y Retrato de Joseph Howard. Juntas representan la llegada del escultor a España en los años 50. Con 21 años cruzó el Atlántico en busca de oportunidades y vivió durante dos décadas en Uruguay, en Sudamérica. Regresó a su país natal como referente en su disciplina.  

La escultura del muchacho mira a un sol artificial y se baña en sus rayos completamente desnudo. Así es como ha adquirido su piel esa tonalidad bronceada, tostada. A tres pasos de distancia, el Retrato de Joseph Howard, compositor neoyorquino aclamado por obras para musicales de Broadway y amigo del escultor: un rostro sorprendido, probablemente de contemplar a un mozo desnudo en un museo. 

 

“Muchacho mirando al sol” y “Retrato de Joseph Howard”
“Muchacho mirando al sol” y “Retrato de Joseph Howard”

Tras estas obras, nos adentramos en el mundo más abstracto del artista. Aquí es donde florece la dimensión onírica de Pablo Serrano. Con hierros, maderas, chapas o arcilla, que se funden con el calor de su pasión, construye puzzles. La exposición nos presenta la colección Drama y Quema del Objeto (1957-1959). Serrano reconoció: “Comprendo que el hombre histórico se va desarrollando también quemando etapas”. Así, es como el escultor nos presenta que, muchas veces, la ausencia de una persona está más presente cuando su cuerpo no forma parte de lo terrenal, cuando ya no quedan más que sus cenizas.

Una pareja se detiene ante una de las piezas. El hombre asegura: “Ah, mira, es el sombrero del Quijote”.  La mujer contesta: “No… es como el molino”. Se han fijado en la obra Hierros encontrados y soldados: Quijote 1957. Lo que para algunos será una chapa de metal vertical, a la que se han adherido otras y se ha adornado con diminutos ventiladores y rejillas, para los imaginativos es una representación de la figura literaria más representativa de nuestro país. Sin duda, un trabajo artístico que confía en la capacidad del espectador para comprenderla en su totalidad.

“Hierros encontrados y soldados: Quijote 1957” de la serie Drama y Quema del Objeto
“Hierros encontrados y soldados: Quijote 1957” de la serie Drama y Quema del Objeto

Suspendidas en el aire por un fino hilo que evita que caigan al vacío, varias arañas se enredan con sus propias patas, mientras sus negruzcas sombras acechan a los espectadores desde la pared más blanca. En una entrevista realizada para Radio Nacional, Serrano confesaba: “Por experiencias acumuladas, comprendí que el espacio así tratado había sido encerrado y no liberado”. Así arranca la serie Ritmos en el espacio (1958-1959). Con varillas metálicas, el artista encierra un vacío que forma parte de la escultura, donde intenta plasmar el dinamismo y movimiento de la vida moderna. 

Serie - Ritmos en el espacio
Serie – Ritmos en el espacio

El hombre y su refugio

Queda claro que Pablo Serrano fue un artista consciente de lo que ocurre a su alrededor, testigo de una sociedad de la que él forma parte. Consiguió evadirse para observar y analizar con unos ojos que no dejan escapar el más mínimo atisbo de duda. Como si fuese de un planeta extraterrestre, que ha llegado a este lugar para saber cómo se comporta el ser humano. 

Serrano dijo en una ocasión que: “El hombre, en vida, no hace más que ir conformando su propia bóveda. (…) Pretendiendo conseguir un nuevo espacio, el cual no tendrá otra diferencia con el hueco de la tumba, que su ornamentación (…). En el fondo, el hombre no es más ni menos que el animal, en busca de la cueva para su refugio”. Este instinto humano es la premisa para introducir una de las series más inquietantes: Bóvedas para el hombre (1960-1963).

“Eva, Madre Tierra” es la escultura más llamativa de esta serie. Una masa gigante de volúmenes y cavidades que parecen un corazón humano o la recreación de un feto en el útero de su madre.  Se convierte en una representación de la coraza, la carcasa. Esa Madre Tierra que está gestando una Eva que está protegiendo. Es el origen del ser humano, su primer hogar y refugio. 

”Eva, Madre Tierra” de la serie Bóvedas para el hombre (1960 - 1963)
«Eva, Madre Tierra» de la serie Bóvedas para el hombre (1960 – 1963)

Amalgamas de bronce, ladrillo y cemento conforman las diferentes bóvedas que, para el escultor, representan la construcción y la necesidad del hombre de formar un hogar. Un hogar que también es familia, es trabajo, son sueños e ilusiones. Un hogar con infinidad de objetos materiales e inmateriales que comparten un mismo dueño. Un dueño al que el tiempo devorará y del que solo quedarán los objetos que una vez fueron suyos, pero que nadie recordará. 

El hombre y su latido

Aunque Serrano nos recuerda la muerte como un destino inevitable, también nos quiere mostrar otra cara de la moneda: el amor, la conexión, la vitalidad. Esta visión se materializa en: Unidades-Yunta (1966-1979). Estas obras se alejan de una escultura afilada y robusta para convertirse en piezas suaves y simples

Parejas de esferas de mármol o bronce a punto de tocarse. Podrían ser una piedra partida por la mitad, que dentro esconde los vestigios de una criatura prehistórica. También, una interpretación de la unidad primigenia de la humanidad: la célula. Para algunos serán simples cubos y esferas separadas. Unidades – Yunta o “unidades juntas” para Serrano son: “núcleos que juntos pueden formar una unidad con contactos luminosos, que se ajustan, se aprietan, que puedan formar comunidades y que puedan individualizarse”. 

Para el escultor turolense esta pieza es una representación del ser humano. Sin la unión de las personas no hay sociedad. El ser humano como animal solitario no consigue sobrevivir y desde siempre ha vivido en grupos, en comunidad. La conexión o el “abrazo” son necesidades básicas de pertenencia que sirven a Serrano para denunciar la (in)comunicación de las personas.

Serie Unidades-Yunta (1966 - 1979)
Serie Unidades-Yunta (1966 – 1979)

Por último, contamos con Divertimentos con Picasso, la guitarra y el cubismo (1984-1985). Una reinterpretación de las obras del pintor malagueño. Escayola, hierro y bronce homenajean a Picasso con la creación de guitarras abstractas. Parece que se pueden tocar como si fuesen el propio instrumento.

Serie Divertimentos con Picasso, la guitarra y el cubismo (1984 - 1985)
Serie Divertimentos con Picasso, la guitarra y el cubismo (1984 – 1985)

Para Serrano, la escultura es tan solo un medio para expresar su mundo interior. Diseña, moldea y talla piezas que reflejan los recuerdos de un artista que busca desvelar los secretos del ser humano. Serrano se alza como el Hefesto contemporáneo y confía en el espectador para completar el sentido de su obra.  


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