Como en un desfile de moda goyesco
Solo hace falta dar un paso para entrar a un desfile de moda del siglo XVIII. Luces tenues, música de guitarra española y prendas de ropa labradas con mucho mimo son los componentes de la exposición “Goya. Cazador de Tendencias”. Esta se podrá ver hasta el 24 de mayo en el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza como parte del Plan Director del Bicentenario del fallecimiento de Goya en 2028 del Gobierno de Aragón.
Ainhoa Montero Tolosa//
La obra de Goya permite reconstruir los patrones que reflejan la moda y la vestimenta de los siglos XVIII y XIX. Durante sus primeros años comenzó retratando a las clases bajas en escenas costumbristas y años más tarde se dedicó a los encargos de aristócratas, burgueses y monarcas. Su pintura es esencial para comprender los trajes habituales de los diferentes estamentos sociales.
“Fue un encargo de la Fundación Goya en Aragón, porque tenían interés en explorar un campo más lúdico sobre Goya, como es su maestría para reflejar la moda de la época a través de sus cuadros, sus grabados y sus dibujos”, explica la comisaria de la exposición Marian Rebolledo. Todas las piezas que componen la sala son auténticas de estos siglos, no hay expuesta ninguna recreación. Estas prendas proceden de las colecciones privadas de Ángel Sánchez, Jorge Lanzuela, Ana Corina Pablo de Buen, Julio Bellido, Luis Sorando Muzas y Luis Sorando López. Además del Museo de Zaragoza y el Alma Mater Museum.
Nada más entrar en la exposición, te encuentras con un módulo en dos alturas que simula una pasarela. Sobre ella se sitúan varios bustos engalanados con jubones, si llevan mangas, y con justillos, si son de tirantes. Una prenda muy popular en las mujeres de la época. Estos cuatro destacan por su colorido y estampados florales sobre un fondo negro. Encima un vídeo que simula un desfile con los conjuntos de los cuadros de Goya.

Suelos grises y paredes negras. La sala se compone de una sucesión de maniquíes con ropajes de la época. Se nota que han sido vividos. Están llenas de arrugas, manchas, rotos y arreglos. Se puede apreciar como alguien se las puso para ir a trabajar, al mercado o para alguna ocasión especial.
El majismo como tendencia
A lo largo de la exposición se incide sobre la influencia que tuvo la forma de vestir del pueblo llano en la nobleza. Poco a poco los colores vivos fueron invadiendo a la cúspide y la basquiña se fue convirtiendo en la prenda más codiciada. Se nos invita a reflexionar sobre cómo las prendas que llevaban las mujeres retratadas por Goya se convertían en tendencia. Ver cómo la XIII Duquesa de Alba lleva una basquiña al igual que lo hace una mujer del pueblo llano como Goya retrata en “La maja y los embozados”. Podían separarles muchas cosas, pero el estilo de la moda española se universalizó. Todo esto entre comillas y con sus peros, es evidente que la calidad de los tejidos era completamente diferente y la nobleza solía añadir detalles especiales que los diferenciaban. Por ejemplo, eran habituales los bordados, los encajes, los estampados labrados, tal y como se puede apreciar en la sala de la galería acristalada.


El jubón o justillo tuvo gran protagonismo en las mujeres de la época de cualquier estamento social. Con la influencia de las duquesas que aparecían retratadas en los cuadros de Goya esta prenda se fue popularizando cada vez más. Era habitual que las aristócratas debajo se pusieran pañuelos de seda como muestra de poder por el difícil acceso a estos tejidos.
La mantilla también fue muy utilizada. Varias duquesas se dejaron retratar ataviadas con esta vestimenta por el pintor de Fuendetodos. Lo que provocó que cada vez más mujeres pudientes lucieran sus mantillas hasta ser consideradas un símbolo de la moda española. Las obras de Goya eran las redes sociales de ahora y las mujeres que pintaba actuaban como “influencers” de la época.


La moda europea llega a España
El liberalismo durante el siglo XVIII cada vez iba ganando más adeptos y la revolución francesa acababa de estallar. Y eso se reflejó en la moda. No solo el majismo formaba parte de la inspiración de la nobleza a la hora de elegir su indumentaria. En los trajes que aparecen en algunos cuadros de Goya de este periodo en los que retrata a la aristocracia se refleja la transmisión de ideas y del comercio entre las distintas metrópolis europeas. La Duquesa de Osuna aparece en estos retratos goyescos luciendo ropajes más propios de Inglaterra. Los terratenientes fueron los que marcaron este estilo anglosajón que destacaba por la comodidad, pero sin olvidar la muestra de poder. En la galería acristalada de la cuarta planta del Pablo Serrano queda reflejada esta tendencia con los zapatos de terciopelo con hilo de plata y abalorios. En cambio, en los retratos de María Luisa de Parma se percibe un estilo más francés a través del petillo, una pieza en forma triangular que ajustaba el torso en los vestidos.

Los niños siempre tuvieron protagonismo en la obra de Goya. En un recodo de la sala varios maniquís de niños se presentan jugando en un corro. Se aprecian los tejidos suaves y delicados de estos trajes para infantes. Destacan los encajes y las telas troqueladas. Hay dos piezas de colores más oscuros como los que salían en la obra de Goya “La letra con sangre entra” y las demás con tonos más pastel como en el cuadro “Niños inflando una vejiga”.

En cuanto a los caballeros, la exposición muestra que la vestimenta de la nobleza se componía de sombrero de copa, levita, chaleco y camisa. Eran habituales los pantalones o las medias que dotaban al conjunto de estatus social y elegancia. La moda masculina del bajo estamento se regía por la chupa, el calzón por debajo de la rodilla y la cofia en la cabeza.


El sector militar mantenía la casaca, el chaleco y los pantalones. Estas prendas tenían ornamentos y el color rojo tomaba protagonismo. En la sala se expone la túnica de un obispo de Zaragoza del siglo XIX. Es de color dorado y fucsia como símbolo de divinidad, esperanza y alegría para el catolicismo.


La moda es el espejo de la sociedad y Goya supo reflejarla a través de su obra. Sus cuadros eran el feed de Instagram y él decidía lo que iba a quedar inmortalizado. Primero con sus pinturas dedicadas a la vida cotidiana, y más tarde con los encargos de la aristocracia. Así se ha visto reflejado en las prendas que han perdurado y que componen el recorrido de la exposición.
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