Freeway
El estado de Baja California, ubicado geográficamente en la punta noroeste del país, es una península que se encuentra flanqueada por un lado por el Mar de Cortés y por el otro por el Océano Pacífico. Su larga extensión territorial la coloca a una distancia promedio de poco más de mil kilómetros hacia el sur del estado de Baja California Sur y, a un promedio de diez horas en carretera de la ciudad de Hermosillo, capital del estado de Sonora, cuya larga extensión territorial hace aún más retirada la distancia de este Otro México, del resto de la nación. Tijuana, donde comienza la patria, tiene uno de los cinco aeropuertos de mayor actividad del país, ya que prácticamente para cualquier habitante o visitante que se encuentre o radique en esta región se convierte en el punto de conexión con el resto de estados que conforman a los Estados Unidos Mexicanos.
// Fernando Domínguez Pozos @fherdguez
La distancia y lejanía de Baja California con el resto de México, contrasta con la inmediatez y conectividad de esta región con los Estados Unidos, particularmente con California y Arizona. Cabe resaltar una importante nota (al pie), acceder a Estados Unidos es tan inmediato como la economía lo permita, ya que, en los cruces fronterizos al país vecino, las filas se clasifican en all trafic, ready line y sentri. La última de éstas implica un costo extra en el trámite de visa y, con ello, un ingreso menos caótico tanto peatonal como automovilístico. Además, el visado al ingresar por tierra está limitado a un número de millas que prácticamente te dejan acceder hasta la ciudad de San Diego y, un poco más allá. Si deseas internarte más al norte de California u otros estados, debes tramitar un pago aparte del permiso I-94, que en el comienzo de este año pasó de un costo de 6 dólares a 30 dólares por persona, válido por un período de 6 meses. Nuevamente la política norteamericana busca recabar dinero de todo aquel que desea llegar a su país.
Ahora bien, si las posibilidades económicas y de tiempo han sido sorteadas por quienes habitan en el estado de Baja California, el ingreso a los Estados Unidos y la distancia que separa a sus ciudades con regiones del Otro México son cada vez más cortas; por ejemplo, dependiendo del tiempo en fila, la distancia promedio de Tijuana a San Diego es de media hora. Si el cruce lo realizas por la ciudad de Tecate, en media hora te encuentras con la zona de Rancho California o más aún, si habitas en la ciudad de Mexicali, prácticamente en 20 minutos te encuentras en Calexico. Esta cercanía entre ciudades de países vecinos genera una movilidad recurrente laboral, de estudios, atención médica, tanto de uno como del otro lado de cada nación. Pasando el estrés y lo aventurado del cruce fronterizo de México a Estados Unidos, el acceso por auto se convierte en el ingreso a autopistas que están diseñadas para atravesar el país sin detenerse; a avanzar lo más al norte que se pueda e incorporarte a un ritmo tan acelerado como la propia vida consumista norteamericana.
En California, el ingreso y movilidad se da por dos principales vías: la I-5 (freeway de norte-sur costera) así como la I-805 (freeway que cruza el área metropolitana). Cuando un automovilista transita por estas vialidades su atención debe estar cien por cien focalizada en identificar con tiempo la salida (exit) que le llevará a su destino. El objetivo de estas pistas de hasta 6 ó 7 carriles, es que únicamente tomes los carriles del lado derecho en el momento en que llegará la salida que te conectará a la zona urbana a la que te diriges.

El Cajón, Downtown, San Marcos, Balboa Ave, Mesa Blvd, entre muchas otras zonas son anunciadas de manera preliminar, tanto por los enormes tableros de color verde que se extienden a lo largo del freeway como por el asistente de navegación del automóvil que hace gala del solucionismo tecnológico. Confiamos ciegamente en el GPS, al navegar en un territorio que es ajeno, de una extensión y dimensión que es superior a las estrechas carreteras de México y, donde todo está videograbado, por lo que la sensación de vigilancia permanente es un punto más en el estrés de manejar en estas grandes avenidas y canales que asemejan venas y arterias de un cuerpo monumental.

Manejar en el freeway, si las amenidades lo permiten, es una experiencia automovilística donde piloto y copiloto mantienen una sinergia en el largo camino por recorrer, donde los atardeceres californianos se convierten en el marco idóneo de postales para la memoria. Para quienes crecimos en el sureste de México, a estas inmensas y modernas obras de la ingeniería, tal vez sólo le hace falta la espectacular madre naturaleza. Los carriles interminables contrastan con los caminos de terracerías que se enmarcan por las ramas de araucarias y cafetales que en el sur de México abundan. Existen momentos en el que mientras transitas en las autopistas de los Estados Unidos y observas las innumerables marcas (brands) de tiendas, fast food, agencias automovilísticas, en tu mente resuena la lejanía que tienes de aquel sur que tanto extrañas, donde están los tuyos. Sin embargo, sabes que también representa la oportunidad de nuevos caminos y rutas para quienes vienen en los asientos traseros de tu automóvil, quienes, con sus pequeños rostros, admiran un paisaje que se suma al acervo cultural que van adquiriendo.

Así que si alguna vez transitas por un freeway, por un momento, tan sólo por uno, recuerda que todo comenzó en caminos de terracería, que siguen esperándote, para el momento en que decidas volver.
Si deseas leer más sobre Baja California visita la sección Desde el Otro México

