Perfecta

Lucía Bespín (@luciabespin)//

Es posible que Alba Renai, la nueva presentadora virtual de Mediaset, sea ya más conocida que Mirtha Orallo o Blanca Liso de Aragón Televisión. Sin embargo, no tiene los méritos ni estudios de las anteriores. Eso sí, es increíblemente guapa, carismática, con una sonrisa de ensueño acompañada de unos dientes blancos y un outfit al más puro estilo influencer. El futuro de Renai es muy prometedor. Lo hace bien. ¿Cómo no iba a ser así? No se cansa, no se traba, no sufre ansiedad, no duda, no se distrae con relaciones humanas ni le interesa el último cotilleo de Kate Middleton. No siente. Es perfecta

No se limita a lo físico, sino que esta excelencia inunda también lo intelectual. La presentadora virtual no ha reescrito incontables reportajes en la facultad, no ha repetido un in situ por nervios ni ha cargado cámaras al hombro para un documental. ¿Qué ejemplo deben tomar entonces los aprendices de periodistas? ¿El de la templanza de Pedro Piqueras al conectar después de Sálvame, los chistes malos de Matías Prats y la pasión a través de los ojos de Gervasio Sánchez o la dulzura postiza, la vocalización impostada, la mirada vacía y, en definitiva, el falso sentimiento de esta ciborg?

A mí la perfección me asusta. No porque no pueda alcanzar, sino porque no me interesa. La espontaneidad le gana la partida, más cuando son los espectadores los que inclinan la balanza. Aunque su anuncio ha sumado más de cuarenta y cinco millones de visualizaciones en Instagram, tan solo ocho mil personas han pulsado el follow para seguir su estela. Algo lejos de los veintiocho mil seguidores de Pedro Piqueras o los veinticinco mil de Gervasio Sánchez, dos gigantes del periodismo que se han permitido dudar, fallar y volver a empezar. El éxito se alimenta de dudas, un motor que invita a investigar, mejorar y avanzar como periodistas, como personas y, sobre todo, como sociedad. Pero Alba no duda. Esta ianer -Renai a la inversa- es tan solo la muestra de que, cuando nos queramos dar cuenta de lo que disfrutamos de las pequeñas imperfecciones, ya será tarde. Ya no quedarán periodistas con quien compararse

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