Pública 16: la cultura de ida y vuelta

Gloria Serrano//

Los días 28 y 29 de enero, el Círculo de Bellas Artes de Madrid acogió la sexta edición de los Encuentros Internacionales de Gestión Cultural Pública 16, un lugar de encuentro e intercambio de experiencias para todos los profesionales de la cultura.

A la efervescente Plaza de Lavapiés llega el minibús M1 que pasa por las plazas de Olivar, Tirso de Molina, Jacinto Benavente, Matute, Santa Ana y Canalejas antes de llegar a su último destino: Puerta del Sol-Sevilla. La gente aborda. En el trayecto, dos mujeres comentan resueltas cuáles son los mercados en los que prefieren hacer las compras, mientras un chico -dubitativo como todo aquel que desconoce el laberíntico Madrid callejero- observa inquieto el camino y pregunta a otro pasajero si esta ruta lo lleva a Puerta del Sol. Unos suben y otros bajan, cada parada es como cerrar un libro que no se termina de leer, un observar distante lo que siempre está cercano, la sístole y la diástole de una metrópoli que se repite y se reinventa día tras día.

El tiempo transcurre. Desciendo y camino unos metros entre el ininterrumpido paso de los transeúntes y en medio de un frío pendenciero que intenta pegarse al cuerpo, que tiene las de ganar si no se usa la ropa adecuada para un invierno madrileño, si no se bebe despacio un café o se paladea un chocolate caliente con churros y, también, si no se conversa con los amigos en un bar. Mi caminar termina en el Círculo de Bellas Artes, sitio donde se realiza la sexta edición de Pública 16: Encuentros Internacionales de Gestión Cultural, la cita anual a la que convoca la Fundación Contemporánea para dialogar, intercambiar experiencias y controvertir sobre ese magma que emerge con fuerza del interior de las sociedades, compuesto por una mezcla de saberes heredados, conocimientos adquiridos y creatividad detonante: la cultura.

En la Sala Valle Inclán se presenta Katherine Watson, Directora de la Fundación Europea de la Cultura (EFC), que inicia refiriéndose al trabajo en MediaLab Prado Madrid como “un ejemplo de innovación y un espacio de intersecciones y oportunidades” que precisamente este año recibirá el EFC Princess Margriet Award for Culture. Katherine es concisa, pero contundente. Explica que la EFC es una facilitadora de procesos culturales que, si bien está en una posición privilegiada, también tiene una gran responsabilidad. Indica, además, que la cultura no se limita solo a las artes, sino a todos los aspectos de la vida humana. “La cultura no resuelve todos los problemas, pero debe desempeñar un papel fundamental en la búsqueda de soluciones”, afirma.

Tom Nelson en una de las ponencias de Pública 16

Continúa argumentando que hoy la cultura atraviesa distintas intersecciones, entre ellas la interlocal, que involucra el barrio y la ciudad; la intergeneracional que nos obliga a aprender unos de otros, aunque tengamos contextos distintos; la intersectorial, esos nudos constantes entre lo público, lo privado y lo institucional; y la interexperiencial, que tiene en Internet un gran aliado para propiciar acercamientos improbables. También comenta que nuestra mayor fortaleza social está en estos encuentros, lo que impone a organismos, colectivos y personas el abrir sus fronteras para llevar una idea más lejos de lo que supone en un inicio. Por ello, afirma, debe existir un vínculo indisoluble entre las políticas públicas y las prácticas cotidianas.

Estar conscientes de nuestra interdependencia, no polarizar la cultura ni separarla de lo que hacemos a diario y, mejor aún, convertirla en un soporte para las diversas luchas sociales, son algunos de los aspectos que resalta durante esta charla que concluye para dar paso a una breve sesión de preguntas por parte de los asistentes.

Enseguida, en la Sala Ramón Gómez de la Serna, está a punto de comenzar la conferencia El auge de las revistas digitales en España: contenidos públicos y formatos. Ángel Fernández Recuero, cofundador y editor de Jot Down Magazine; Marta Gómez, directora de masdearte.com, y Alan Queipo, redactor jefe de Notodo.com están aquí, más que para hablar del tema, para relatar cómo ha sido el vericueto de ingresar -y sobrevivir- al periodismo digital que informa la cultura. Ofrecer una amplia gama de productos, financiar las publicaciones a través del branded content o contenidos patrocinados, hacer uso de la newsletter (publicación digital informativa que se envía por correo electrónico) y destacar las cuestiones que no tiene cabida en los medios tradicionales, son algunas de las luces que aportan a quienes desean convertirse en divulgadores culturales 2.0.

Más tarde, discreto y desenfadado, llega el productor creativo de la Royal Opera House (ROH) de Reino Unido, Tom Nelson, para ofrecer la atractiva conferencia Nuevos contenidos para una audiencia mundial: el escenario se vuelve digital. Empieza citando la frase de David Bowie “El mañana pertenece a quienes lo escuchan aproximarse” y “La curiosidad es la vida”, de Pierre Boulez. Este joven al que le centellean los ojos cuando habla de su ocupación, describe la oferta cultural de la ROH y su paulatina evolución para adaptar la variedad de contenidos al demandante universo digital. Cada vez más frecuentes, las transmisiones en vivo son una muestra del uso de la tecnología para acercar al público a los escenarios. Lo mismo sucede con los videos que se suben y comparten en YouTube y con las 70 cámaras que permiten a los usuarios de la red apreciar un concierto desde distintos ángulos.

“Nada se compara a un espectáculo en vivo”, “el teatro es una experiencia viva”, “permitamos a las audiencias adentrarse en los procesos”, “lo digital no se trata solo de vender entradas” y “tomen riesgos, está bien equivocarse”, son las expresiones que, como aguacero ininterrumpido, Tom emplea para dirigirse afablemente a un público que lo escucha interesado. Su remate no puede ser mejor: “Intenten contar una historia”, concluye.

Al día siguiente, quienes acudieron a Pública 16 tuvieron oportunidad de escuchar a un cáustico ponente, Eduardo Lazcano, director de división en The Vallue, que no titubeó un instante al abordar las repetidas discrepancias, la pimienta y la sal que sazonan el embrollado matrimonio de la cultura y la mercadotecnia. Pero el suyo no fue un lamento, sino un intento de mediación, de hallar armonía cuando lo que se pretende con esta dupla es comunicar y ofertar determinado acto o manifestación cultural. Cincuenta minutos después, Cristina Farinha, directora ejecutiva de ADDICT, Agencia para el Desarrollo de las Industrias Creativas, de Portugal, tomaría la palabra para departir sobre los retos del desarrollo e internacionalización de las industrias creativas en el norte de su país.

Con dinamismo y puntualidad, Cristina detalló las estrategias que ADDICT utiliza para promover la cultura entre los jóvenes, coordinarse con otras entidades y establecer redes de cooperación dentro y fuera del marco institucional. Movilidad, flexibilidad, adaptabilidad, autonomía, aprendizaje de larga duración, responsabilidad y emprendimiento, fueron las características que, dijo, exige el actual panorama internacional, además de competencias relacionales como dominio del idioma inglés y capacidad para manejar el conflicto. En suma, Cristina habló de nuevos perfiles, prácticas y roles en la gestión cultural, que implican la creación de equipos temporales de trabajo, la organización en colectivo y el involucramiento en los sucesos políticos de la comunidad local, regional y global.

Katherine Watson intervino en Pública 16

Para terminar, reseñó con brevedad algunas de las actividades que llevan a cabo en Creative Hubs, los espacios físicos concebidos como “puertos abiertos” y de estructura libre, que tienen la función de conectar a la gente y generar relaciones, ya sea mediante laboratorios de innovación, incubadoras de negocios o sencillas oficinas en las que se comparten recursos, inspiración y, sobre todo, colaboraciones. “La idea es dar forma al sector, aumentar las oportunidades y quitarle su naturaleza fragmentada, es decir, alargar la cultura”.

El repertorio humano y temático de Pública 16 fue extenso y surtido. Durante dos días, 28 y 29 de enero se analizaron las políticas culturales, se conocieron los objetivos de heterogéneas fundaciones y se reflexionó sobre el presente y futuro de las industrias culturales en la región. También hubo reuniones horizontales con expertos en distintas áreas, visitas profesionales a centros culturales, talleres y presentaciones de proyectos. El flujo de participantes fue constante y variopinto, como la cultura misma. El evento, por sí solo, bien podría calificarse de exitoso; sin embargo, pienso, el auténtico desafío invariablemente viene después y reclama una contribución superior en duración y esfuerzo.

Regreso a la parada Puerta del Sol-Sevilla. Mientras espero la llegada del minibús M1, repaso las palabras y los argumentos de cada uno de los ponentes. En mi pensamiento, sus voces se mezclan con otras, las de los ciudadanos que van y vienen haciendo uso del transporte público. Son los trabajadores que transitan por Madrid buscándose la vida, los hombres y mujeres que utilizan su imaginación para estirar el dinero y sus manos para cocinar o saludar al vecino. Los activistas de barrio que no saben de tecnicismos, pero comprenden que la libertad de pensar y decir es un derecho exigible; los ancianos que en el Parque del Retiro observan la existencia y después la convierten en narraciones victoriosas o melancólicas, siempre generosas y fantásticas.

Me refiero a la gente, así sin más. Esos rostros a los que genéricamente llamamos audiencias o público o espectadores, pero que en realidad son las pupilas que deseamos sorprender, los corazones que anhelamos acelerar, las mentes que pretendemos azuzar y las sonrisas que reiteradamente buscamos reventar con una puesta en escena vanguardista o que recuerde a una copla tradicional.  No lo sé seguro, pero por lo que vi y escuché, supongo que Katherine, Ángel, Marta, Alan, Tom, Eduardo y Cristina lo saben: es bueno aglutinar voluntades y debatir, pero también, al menos aconsejable, es andar por vías y rondas, trasladarse en metro o subirse a un autobús de pasajeros para escuchar de cerca el vigoroso sonar de la humanidad y sentir, directo en la cara, el primer aliento de eso que en esta ocasión nos congregó aquí, la cultura.

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