(Re)pensando la hegemonía del lenguaje

Daniel Callejero, Quique Sánchez y Laura de Luis//

Los imaginarios populistas de Gramsci y Laclau fueron protagonistas, el pasado 21 de febrero, en el Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, de una nueva sesión del Seminario de Imágenes, Imaginarios y Crítica Político Cultural. El encargado de ponerlos sobre la mesa fue el profesor chileno Óscar Ariel Cabezas quien, a través de las ideas de los dos filósofos, reflexionó sobre la importancia de conceptos como el lenguaje, el populismo o la globalización.

La antigua Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza ha sido reimaginada y se le ha dado una nueva vida. Precisamente, fue en su Salón de Actos donde estudiantes e investigadores se reunieron para aprender sobre conceptos que han dejado huella en el panorama del pensamiento actual.

El profesor Víctor Silva Echeto se encargó de presentar al invitado de la sesión, el Doctor en Filosofía y profesor titular en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación de Santiago de Chile, Óscar Ariel Cabezas. Una conversación que el propio sociólogo avisó que sería “desordenada” pero que, a medida que avanzara, permitiría unir las piezas.

Con la aparición de la globalización en los años 80 comienza a producirse una crisis muy importante del estado-nación. Este Estado es incapaz sostener las políticas de bienestar, generando una crisis que está relacionada como el fenómeno del neoliberalismo”. A partir de esta reflexión y apoyándose en el libro Hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, el profesor Ariel Cabezas repasó los principales temas sobre los que se articula la obra (globalización, soberanía, emancipación y nación) desgranando todos ellos de una manera que resultara amena tanto para el estudioso como para el neófito.

Seminario de Imágenes, Imaginarios y Crítica Político Cultural

En una etapa convulsa en la que se produjo la caída del Muro de Berlín y la descomposición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la idea de revolución proviniente de los años 60, afirma Ariel Cabezas, pasa a ser sustituida por la “revolucionaria” idea de la socialdemocracia. En palabras de Laclau: “ya no es la revolución sino la democracia lo que articula los discursos emancipatorios”. En los años 80 también se empieza a repensar el concepto de socialismo real, llegando a la conclusión de que estas experiencias comunistas no eran expresiones del discurso emancipatorio sino versiones del capitalismo. Para Ariel Cabezas, “los socialismos reales eran capitalismo de Estado, porque consistieron en cambiar de manos la propiedad, pero no había una real distribución de la propiedad”.

Si hablamos de socialismo es imposible que no se nos venga a la cabeza Marx, uno de los teóricos con más influencia en el trabajo tanto de Gramsci como de Laclau y del que se nutren las experiencias socialistas “reales”. La obra de Laclau y Mouffe se inscribe en la corriente del marxismo, pero con reservas y rompiendo con “ciertas cuestiones monolíticas. Critican el marxismo que habla en nombre de leyes científicas; el que afirma, en palabras de Ariel Cabezas, que “no importa si ganó la derecha, puesto que la revolución llegará igual”. En concreto, consideran que la noción del “sujeto que vehiculiza las revoluciones” ya no es el trabajador de la fábrica que apuntaba Marx. El sociólogo chileno señaló que la revolución del proletariado es una idea que queda desfasada dados los efectos que genera el paso de la sociedad industrial a la post-industrial, de la sociedad fordista a la post-fordista, de la sociedad del trabajo a la sociedad del postrabajo; o lo que sería lo mismo, de la sociedad capitalista a la post-capitalista.

El planteamiento que más controvertido puede parecer en la actualidad es la crítica al esencialismo y lo que conlleva. Ariel Cabezas aportó la visión de Habermas, comentando que no habría una esencia españolista o chilenista, por ejemplo. En un momento en el que vemos diferentes banderas colgadas en los balcones u ondeando en manifestaciones parece difícil comulgar con esta doctrina.

Seminario de Imágenes, Imaginarios y Crítica Político Cultural

Otra de las principales materias tratadas en el seminario y que interesaba particularmente a Gramsci y Laclau es la noción de lenguaje. Para ambos teóricos: “el lenguaje estructura las relaciones sociales”. Según Gramsci, la hegemonía es el poder que usan las clases dominantes para hacer coincidir sus intereses con el interés general a través del lenguaje, ya que “la realidad está definida con palabras; por lo tanto, -continuó- el que controla las palabras controla la realidad”. El sociólogo chileno añadió que “es muy importante entender que el lenguaje es un constructo social, pero no es abstracto; la palabra produce efectos y puede cambiar estados de cosas”.

Para ejemplificar este argumento usó la irrupción de Podemos, ya que según Ariel Cabezas: “fueron capaces de cambiar un escenario político a través del discurso. La formación morada se había dado cuenta de que se puede iluminar el mundo a través de la política y, por ello, señaló que el partido será estudiado en la posteridad debido a su idea de articular las peticiones de los ciudadanos y construir un sujeto popular siguiendo las enseñanzas de Laclau.

Pero tanto Laclau como Mouffe, a la hora de definir la hegemonía, difieren en los postulados de Gramsci ya que consideran que para hablar sobre hegemonía hay que pensar que existen unas nuevas identidades colectivas. Estas aparecen en el conflicto social cuando luchan por su condición, y deben ser vehiculizadas en la dirección de radicalizar la democracia. Una democracia que, teóricamente, nos ofrece todo para ser felices, pero siempre dentro de la lógica capitalista. Nos encontramos en una época en la que el sujeto revolucionario ya no es revolucionario sino socialdemócrata, con obreros que creen que nadan contracorriente pero solo producen ajustes a la máquina. Con una subjetividad administrada por el capitalismo y una creciente desensibilización de la sociedad a través de las redes sociales.

Ante este panorama desesperanzador, Ariel Cabezas apuesta por la deconstrucción de la experiencia de los socialismos reales, manteniendo el estar en común y recuperándolo en las relaciones cotidianas.

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