Apadrina un olivoCONTINUARÁDESTACADOS

Rogelio Villanueva: Las manos que amasan Oliete

Redactoras: Lucía Bespín (@luciabespin) y Aitana Rodríguez (@aitanarodriguez_)//

Geógrafos: Sabina Miguel y Eloi Oliveros //

El alcalde de Oliete lleva uniforme de trabajo, móvil en mano y unas notables ojeras. Sin embargo, su vestimenta, lejos de parecerse a la de un funcionario público con corbata, se acerca más a la de un mecánico pluriempleado. Ser el alcalde de un pueblo de apenas trescientos habitantes es lo que tiene, donde parece que la tecnología ni ha llegado, ni se necesita. 

Rogelio Villanueva Lázaro tiene 57 años y no demasiada pasión por la política. Parece irónico, pues ha dedicado su vida a este ámbito desde los quince años. Lo ha hecho por amor a su pueblo y su gente: un pueblo enmarcado en el Bajo Aragón y sumergido en una lucha constante contra el éxodo rural y el abandono de sus campos. La carrera de Rogelio comenzó como concejal de festejos hasta alcanzar la alcaldía en 2019 con un papel crucial en la gestión y el desarrollo de una comunidad aparentemente olvidada. El síndrome de la España vaciada no ha pasado de largo por Oliete, pues a pesar de haber sido un pueblo con 1400 habitantes en 1960, en la actualidad cuenta con apenas 300 vecinos, dos tiendas y una escuela que se salvó de un cierre inminente hace un par de años. En este árido paisaje social y económico, las labores de Rogelio son muy diversas: “Lleva más trabajo de lo que nos parece a todos. Vives el día a día con la gente, los ves por la calle y te dicen lo malo, pero lo bueno también, si hay una bombilla fundida, si en tal calle está mal el asfaltado… Son pocas cosas en un pueblo pequeño, pero que llevan trabajo”. Las demandas de sus vecinos, tal y como explica su alcalde, son más bien simples. Calles limpias, luz por las noches y ausencia de averías es la combinación perfecta para satisfacer a un pueblo que parece tener asumida su situación. 

El mono de trabajo de Rogelio es la pista que demuestra lo que vive en su día a día. Su servicio al pueblo es total. Desde la albañilería y fontanería hasta relaciones públicas, marketing y agricultura. No pasan desapercibidos el desgaste y la sequedad de sus manos con un color blanquecino que delata su otro oficio: el de panadero. Junto con su mujer y, desde hace menos de un año también su hija, se encargan de mantener el servicio de panadería en el pueblo, que se encuentra en una delicada situación: “Mi hija, por ejemplo, ha venido aquí a trabajar con nosotros, pero en el momento en que encuentre otra cosa se irá. A mí me encantaría que se quedase, porque a nosotros nos va bien con la tienda de aquí, la otra de Ariño, también reparto al balneario y llevo pasta a Zaragoza, pero si sólo tuviésemos la tienda de aquí, vivir de ello sería imposible”. Es precisamente el hecho de regentar un local abierto al público lo que le hace lidiar con una de las cosas más complicadas de su trabajo: “Muchas veces vienen a quejarse a la panadería y yo les tengo que explicar que, en ese preciso momento, no soy alcalde, sino panadero. Me buscan por la calle o acuden a mi mujer con quejas o mejoras que se necesitan”, comenta Rogelio entre risas. Sin embargo, prefiere “el roce” -eso sí, con límites-. “Me gusta que me lo digan en la calle y no en el ayuntamiento, sin escritos ni demoras porque así podemos arreglarlo desde el minuto cero. Bajo mi punto de vista, tener que hablarlo mediante escritos me parece muy agresivo”. Se define como un alcalde cercano y muy conocido por todos sus vecinos; no esconde nada. Hace gala de su sinceridad al reiterar que no es político y que, por ello, tampoco cobra como tal. Considera que la clave del éxito de un buen alcalde es la cercanía con sus vecinos, y eso lo cumple con creces. 

Compromiso con las buenas prácticas

Oliete es un ejemplo de municipio que no cruza los brazos ante la despoblación sino que pone en marcha tantas buenas prácticas comunitarias como es posible. Estas son proyectos, actuaciones o experiencias cuya implementación en un territorio debe suponer resultados útiles considerando la innovación y la sostenibilidad, entre otros principios. “Apadrina un olivo” es uno de esos proyectos, con un claro impacto demostrable que mejora las condiciones de vida de las familias que han apostado por Oliete. ¿Su objetivo? Dar una nueva vida a todos esos olivos abandonados por quienes ya no están, o por quienes no pueden ni quieren hacerlo. Mediante un mapeo y localización geográfica de los olivos, se mantiene, cuida y preserva el paisaje típico de esta localidad que fabrica un galardonado aceite.  En la génesis de este proyecto, el apoyo de Rogelio fue dudoso: “Cuando Alberto me habló del proyecto, me lo quedé mirando y pensé que era algo muy extraño porque, por ejemplo, mi mujer tiene tropecientos, y yo no iba a querer apadrinar ninguno”, recuerda. Sin embargo, ahora su apoyo es total. 

Rogelio se compromete a trabajar incansablemente por su comunidad. Una de las estrategias que ha implementado es actuar como intermediario para facilitar la llegada de nuevas familias al pueblo. «Oliete no tiene ninguna casa ni viviendas como tal para que venga la gente a vivir, pero buscamos soluciones». En este sentido, el Ayuntamiento se involucra en negociaciones con propietarios de viviendas vacías para que puedan ser ocupadas por nuevos residentes. Aunque evita intervenir en los precios del alquiler, busca mediar para que sean más accesibles, reconociendo que «si no lo bajan, no se lo van a alquilar, y es mejor que lo tengan alquilado por un tiempo largo y a menos precio, que sin alquilarlo». La organización “Apadrina un olivo” ha contribuido a fijar población mediante la creación de puestos de empleo que actualmente alcanzan los 40 trabajadores, frente a los 7 con los que se comenzó. Además, la iniciativa ha tenido un impacto mediático significativo, dando visibilidad a Oliete en numerosos medios de comunicación y atrayendo la atención hacia la comunidad. Aunque Rogelio reconoce que algunas familias, que llegan gracias a esta asociación, solo se quedan durante unos meses, el proyecto ha impulsado al pueblo con «vida y esperanza” en medio de los desafíos de la despoblación. Económicamente el Ayuntamiento no ha dotado con dinero a esta empresa, pero ha facilitado espacios como una casa en el pantano, que pertenecía a la administración local, y la almazara en la que se trabaja. El alcalde destaca su voluntad de llevarse bien con todas las asociaciones, fiel creyente de que siempre que se pueda trabajar conjuntamente por Oliete, es la mejor vía. 

En cuanto a la integración de personas extranjeras en Oliete, destaca la bienvenida y el apoyo recibido por parte del pueblo: «Los inmigrantes aquí siempre son bien recibidos». Este sentimiento es compartido por Yanira Ramos, una inmigrante que llegó al pueblo en 2018. Según señala, la adaptación en Oliete ha sido fácil y positiva, y destaca la calidez y la ayuda recibida por parte de la comunidad local. Actualmente, Yanira está involucrada en el proyecto «Apadrina un olivo» y se siente completamente integrada en la vida del pueblo. 

Visión de futuro 

El compromiso de Rogelio con su pueblo también se evidencia en su mirada hacia el futuro. Aunque reconoce los desafíos presentes, como la falta de trabajo y el éxodo de jóvenes en busca de oportunidades, mantiene una actitud optimista respecto al desarrollo local. Destaca el potencial de Oliete más allá del trabajo, menciona la cultura y la belleza natural del entorno. «Los proyectos, en los que estamos muy adelantados ya, son de escándalo». Además, valora la importancia de promover la parte cultural del pueblo y nombra los dos pantanos y la ribera del Martín como atractivos adicionales. 

A través de su liderazgo, Rogelio Villanueva Lázaro busca mantener viva la esperanza en Oliete. Lejos de la imagen convencional de un político de ciudad, su enfoque práctico y conexión directa con los vecinos son su distintivo en un pueblo donde las formalidades urbanas son menos relevantes. Rogelio sigue amasando Oliete con el tesón y la laboriosidad que requiere cuidar de sus raíces para promover un futuro lleno de oportunidades.

Este perfil forma parte del Proyecto de Innovación Docente de la Universidad de Zaragoza (PIIDUZ _1 Emergentes), Comunicar buenas prácticas de desarrollo territorial en la Unión Europea en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Tercera edición) con “Ellas son campo”. 


Si te has quedado con ganas de leer otro perfil, echa un ojo a nuestro apartado de Perfiles, enmarcado dentro de la sección de Personas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *