Oliete cultiva su futuro a través de huertas y conserveras
Daniel Giral y Camila Cárdenas (@camilporras15). Con el apoyo de los geógrafos: Lorien Martín, Pablo Mingote, Jorge Blasco//
Oliete, un pueblo enfrentado a la despoblación rural, ha encontrado en la sostenibilidad y las tradiciones agrícolas la clave para su renacimiento. Gracias al proyecto Apadrina un olivo, esta comunidad ha revitalizado no solo sus campos de olivos, sino también una huerta y una conservera autosostenibles.
Hasta el año 2014, Oliete no era más que otro pueblo de la provincia de Teruel asolado por el creciente problema del ámbito rural de la despoblación. Fue en mayo de ese mismo año cuando, centrándose en revalorizar su recurso más valioso, el olivo, el pueblo de Oliete decidió atajar el problema desde la raíz. Con la iniciativa Apadrina un olivo, este pueblecito de Teruel se decidió a recuperar esta tradición milenaria al tiempo que recobraba su población.
La organización de Apadrina un olivo ha encontrado la solución dentro del problema. A partir de los olivares abandonados por el éxodo rural, esta organización ha rehabilitado los campos y creado un sistema de economía sostenible. Aportando una pequeña suma anual de dinero, los interesados pueden “apadrinar” un olivo y contribuir a su mantenimiento, a cambio reciben 2 litros de aceite de oliva virgen extra. También pueden bautizar el olivo y visitarlo, con lo que se genera turismo en el pueblo.
La iniciativa germinó con el propósito de crear trabajo y atraer nuevos habitantes al pueblo. Con un objetivo fijado en la recuperación de 100.000 olivos, en estos 10 años Oliete ha logrado recuperar ya más de 15.000. Pero el oro líquido no es el único recurso que se explota en Oliete, y a la idea inicial de apadrinar un olivo, se fueron sumando otras iniciativas.
El fruto de una tierra fértil

Hace un año y medio, Apadrina un olivo decidió apostar por recuperar también su huerta. Fiel a sus ideas de sostenibilidad y aprovechando sus recursos endógenos como son la tierra fértil y el agua, Oliete volvió a poner en valor su huerta. Todo ello es posible gracias al pantano de Foradada, que permite cultivar hortalizas durante todo el año.
Como explica Alejandro, trabajador de la huerta: “La iniciativa tiene el fin de crear empleo, ya que en la zona tenemos un problema de despoblación y esta iniciativa es una forma de que la gente joven se pueda quedar en el pueblo o pueda venir a trabajar aquí si le gusta el medio rural”. Fin al que se suman la sostenibilidad económica que persigue no depender solo de donaciones y la ecología; que como apunta Alex intenta “aportar un poco a la naturaleza y no solo extraer, sino también dejar las cosas mejor de lo que nos las encontramos”.
Su proceso se basa íntegramente en prácticas ecológicas como la rotación de cultivos y cambiar de familias de plantas para que el suelo pueda recuperarse y no se empobrezcan los nutrientes de la tierra. El uso de plantas con flores llamativas también juega su papel atrayendo insectos polinizadores. Con el fin de evitar el uso de pesticidas y químicos, para combatir a las plagas se siembran plantas auxiliares o “banco” que atraen insectos beneficiosos que depredan a las plagas. Trampas naturales que permiten que la naturaleza se equilibre sola con la mínima incidencia humana. La eficacia de estas prácticas va más allá de la sostenibilidad ecológica, y también se extiende a la economía de Oliete. Así, en su breve periodo de existencia, la huerta ha pasado de un solo trabajador a tres.
La rotación de cultivos no solo sirve a un propósito. En la huerta se siembran diversas hortalizas que se alternan a lo largo del año según la idoneidad de la estación. En verano, se siembran berenjenas, pimientos, tomates y calabacines. En invierno, alcachofas y puerros. Ninguna de estas hortalizas llegará a venderse fresca, su destino es otro: la conservera.
Se cierra el círculo
La iniciativa no se queda solo en Oliete y atendiendo a su propósito de rehabilitar la región, el proyecto se ha extendido a otras zonas de la comarca. En Alacón, Apadrina un olivo se decidió a gestionar una conservera que en origen fue una iniciativa descontinuada del propio ayuntamiento de Alacón. En la actualidad, la conservera se utiliza para envasar los productos de la huerta recuperada por Apadrina un olivo con lo que ha promovido el empleo en la zona.
Todo el proceso busca cerrar el círculo productivo y generar un desperdicio cero. Los productos que vienen de la huerta se asan con los restos de la poda de los olivos y se conservan con aceite virgen extra de los mismos. Después, combinando la tradición con la modernidad el producto se vende online para toda España y Europa, y los beneficios obtenidos se reinvierten en la propia comarca.

La filosofía detrás de los productos es sencilla, “siempre calidad, mantener la esencia de los productos que hacemos”, confiesa Pilar, responsable de la conservera. Y continúa: “tratarlo todo siempre con cariño y hacer productos de primera calidad. Sin aditivos, saludables, de kilómetro 0 y que generen un residuo cero”.
Apadrina un olivo también demuestra su compromiso con las oportunidades para la mujer en el mundo rural. Toda la plantilla de la conservera está compuesta de forma íntegra por mujeres. Como explica Carolina Serna, responsable de recursos humanos en Apadrina un olivo: “Aquí el 35% de la plantilla son mujeres y alrededor del 50% estamos en posiciones de poder y toma de decisiones. Yo creo que es una de las cosas más importantes que ha hecho Apadrina un olivo aquí. Le ha dado oportunidades de trabajo y de desarrollo a las mujeres de la comarca”.
Hacia un camino de renovación

El camino de Oliete hacia la revitalización rural no ha sido solo sobre olivos, huertas y una conservera. Ha sido un viaje de comunidad, resiliencia y visión compartida. Cada árbol apadrinado, cada cosecha de la huerta y cada frasco de conservas representa un paso hacia un futuro más próspero y sostenible para este pueblo. Su historia es un testimonio vivo de cómo el cuidado de la tierra y el respeto por las tradiciones pueden tejer un nuevo tejido social, lleno de esperanza y promesa para las generaciones venideras.
Este reportaje forma parte del Proyecto de Innovación Docente de la Universidad de Zaragoza (PIIDUZ_1 Emergentes), Comunicar buenas prácticas de desarrollo territorial en la Unión Europea en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Tercera edición) con “Ellas son campo”.
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