Todas deberíamos ser Coco

Alicia Sánchez Beguería//

El Teatro Principal de Zaragoza acogió entre los días 8 y 12 de marzo el estreno de Yo Soy Coco, la última obra de Actrices Para la Escena, una plataforma que reivindica la visibilidad de la mujer en las artes escénicas. Con este nuevo trabajo, su directora, Blanca Resano, elige a Coco Chanel como figura central y hace un recorrido por su vida a través del personaje de Ángela, una periodista a la que la prestigiosa revista Femmes le encarga un reportaje sobre esta diseñadora.

Coco Chanel —o Gabrielle Chanel, como se llamaba en realidad— se convirtió en una de las mujeres más ricas e influyentes del mundo, en un icono de la moda, del poder y de la sofisticación parisina. Blanca Resano, la directora de Yo Soy Coco aboga por rescatar en la obra la historia de vida de Coco Chanel, desde sus modestos orígenes en un hospicio de Saumur hasta sus últimos días en el hotel Ritz de París, y transforma a este mito de la alta costura en efigie de libertad, de fuerza interior y de independencia.

Para ello, Resano se sirve de un relato en el que se atisban algunas pinceladas autobiográficas. “Supongo que influida por mi parte periodística, arrancamos de una mujer en pleno siglo XXI, periodista, que quiere trabajar sobre la figura de Coco”, asegura la directora.

Actrices en Yo Soy Coco

La prestigiosa revista parisina Femmes se pone en contacto con la periodista Ángela Meníndez para llevar a cabo un reportaje sobre Coco Chanel con motivo de los 45 años de su fallecimiento, que coinciden también con los 45 años de existencia de la publicación. Meníndez acepta la oferta sin dudarlo, pero momentos antes de tomar el avión que la conduciría a la ciudad de la luz, un velo de oscuridad parece cernirse sobre su decisión y la periodista comienza a preguntarse si está haciendo lo correcto. Ya en la redacción, la situación no parece mejorar y la presión a la que la somete Claire Tezano, su redactora jefe, hace que Ángela se encuentre con el fantasma de Coco Chanel, quien la ayuda a comprender partes esenciales de su vida y, sobre todo, la hace valerse de la fuerza que reside en su interior para sacar adelante el texto y convertirse en una mujer moderna, libre e independiente, algo que provoca un cambio importante en el tono de la obra y en la mentalidad de la protagonista.

El comienzo de la representación se puede traducir en un preámbulo de toda carga simbólica que contiene el espectáculo. Nada más abrirse el telón aparecen en escena varios maniquíes y, detrás de ellos, en la pantalla que acompaña en todo momento a la representación, se suceden una serie de ilustraciones que, por sí solas no tienen mucho sentido pero que, en su conjunto, conforman el verdadero significado de Coco Chanel: la fuerza del león, el amor hacia ese número 5 que dio nombre a su perfume más conocido, la vida parisina y, sobre todo, la alta costura.

Yo soy Coco es un texto ligero, simpático, fácil en cuanto a dramaturgia, que puede ser entendido por todo tipo de público. Se adscribe al género de la comedia, una comedia que hace que el teatro estalle en carcajadas en momentos concretos de la función, pero que no consigue desprenderse por completo de un cierto ademán trágico. El dramatismo se esconde detrás de la práctica totalidad de personajes, desde la editora jefe, una mujer firme y segura de sí misma que pierde los estribos al enterarse de que será Ángela quien realice el reportaje y no ella, hasta la propia periodista que no soporta la presión y acaba sumida en un estado que roza la enajenación mental. Y, por supuesto, el fantasma de Coco Chanel.

Palco Teatro Principal

La propuesta del personaje o mejor dicho, del espíritu de Coco Chanel es arriesgada porque la encarnan cinco actrices como si fueran una única persona, pero se ha llevado a cabo de forma acertada y original. Las Cocos se complementan a la perfección en la escena, parecen el mismísimo desdoble de una figura original.  Ninguna desentona, todas van vestidas con el característico traje de tweed blanco de la diseñadora, tienen una complexión muy similar y emplean la misma entonación en las frases, incluso, en ocasiones, apostillan las sentencias de alguna de las compañeras o acaban sus discursos. Es curioso cómo en las palabras de cada una de ellas se aprecia la misma carga sentimental, las mismas emociones que parecen aflorar conforme Chanel va narrando pasajes significativos de su vida, una vida en la que, como dijo alguna vez: “solo hay tiempo de amar y de trabajar”.  

Un par de mesas blancas, unos cuantos maniquíes y algunas sillas son suficientes para vestir el escenario. Estos elementos, simples, cotidianos, dotan al conjunto de una gran versatilidad y se integran por completo en el espacio urbano que crea la proyección, en la que, en todo momento, aparecen imágenes del París de la época o de la puerta de entrada a la revista Femmes.

La música tampoco pasa desapercibida. De hecho, en algunas partes se hace imprescindible, se convierte en un elemento de contextualización y se adapta al estado de ánimo de los personajes y al ritmo del relato. Cada cambio de escena se ameniza con un fragmento  musical y en los momentos clave en los que brotan las reflexiones de Coco Chanel sobre su vida, el acordeón acaba sonando con más fuerza, como si cada nota pudiera acariciar las palabras de la diseñadora y conformar sincopados no exentos de musicalidad.

Uno de los momentos más impactantes de la obra es el desfile de moda que tiene lugar una vez que se ha desarrollado la trama principal de la vida de Coco. Ángela ya ha publicado el reportaje y el fantasma de Coco Chanel parece empezar a diluirse. Es entonces cuando las luces del teatro crean una especie de pasarela en el  centro del escenario y las actrices, ataviadas con trajes pomposos y extravagantes, desfilan con determinación custodiadas por el acompasado aplauso del público que pensó que era ese el verdadero final de la actuación.  

En definitiva, es una obra que da una visión muy humana y realista de la diseñadora francesa, pero que requiere más de un visionado para acabar de comprender todos sus matices, para descubrir cada cara del prisma que compone su personalidad, su férrea apariencia y su  determinación. Además, la “excusa” de servirse de una historia para hacer un recorrido por la vida de la diseñadora, le aportan frescura y momentos cómicos que convierten a Yo Soy Coco en una representación de asistencia obligada.

Yo Soy Coco se presentará el próximo sábado día 1 de abril en el Centro Cultural Teodoro Sánchez de Zaragoza y se prevé que en verano tenga lugar una gira que arrancará el 18 de agosto en Mora de Rubielos y visitará durante el mes de septiembre otros municipios aragoneses como Calatayud, Ejea, la Almunia, Caspe o Alcañiz. Su directora, Blanca Resano,  tampoco descarta aterrizar en Madrid durante la Semana de la Moda e incluso actuar en París, pero por el momento, tal y como asegura: “todavía estamos de negociaciones”.

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