Una tarde en el cine de las Cigarreras
No sé si sabéis que hay un cine que se llama Artistic Metropol en la calle Cigarreras de Madrid. Es bastante curioso, pequeño. Son solo dos salas que parecen el cuarto de estar de tu casa. Sobre todo, una de ellas que solo tiene dos filas de asientos. Además, toca estar muy atenta al calendario para saber qué película proyectan, porque varían casi cada semana. Alternan filmes, horarios y pases privados, que pueden llegar ocupar toda la semana. No hay taquilla. Hay un mostrador con un chico muy amable que te vende la entrada o, si está lleno, te pone una silla para que no tengas que irte defraudada. Como muchas veces ponen películas que ya no están de estreno, es muy útil. Yo voy muchas veces si alguna se me ha pasado.
// @cualquiera48
Hace poco fue uno de esos días que ponían Los tres adioses de Isabel Coixet a las 6 de la tarde, en la sala 2, la pequeña, la de las dos filas. He aquí que faltaba aún media hora para la sesión cuando yo estaba frente al chicoamabledelmostrador que me dice: “¿Vienes con Marga?” Me sorprendió y respondí que no, que yo iba conmigo misma. “Entonces, lo siento”- contestó con cierta aflicción. Parece que hacía un rato que Marga había reservado toda la sala. Pensé por un momento que lo mismo podía tratarse de Margarita, mi compañera, que es muy ocurrente y siempre tiene un plan B, pero no, era otra Margarita. Al verme tan desanimada, el chicoamabledelmostrador se ofreció a ponerme una silla en un lateral de la sala para poder ver la película. Acepté encantada pero al poco llegó Marga y sus 12 chicas de oro, plata y platino, risueñas y encantadas de tener un salón privado de cine.
Cuando ya me veía en la sillita, ladeada. El dios del cine realizó su milagro porque al grupo de Marga le faltaba una de sus chicas y, aunque ser el número 13 no me gusta especialmente, acepté formar parte del grupo de oro, plata y platino y de sillita arrinconada, nada. Estuve sentada en una butaca la mar de cómoda.
La película me gustó. Es tierna, quizá demasiado, pero muy bien contada la historia, con personajes frescos, vivencias actuales, sin juicios y sin prejuicios, solo vivas “vividas”. Y Roma como marco, otro personaje más, que adorna, embellece, acompaña y pone poesía al escenario. Vamos, que salió bien la tarde
¡Ah! Se me olvidaba contar que a la salida tomé un chocolate con churros en la cafetería Valor, cerquita del cine. Un final dulce dulce, ¿no os parece?

