EnsayosNARRATIVAS

Arte Z: la generación que rompe con todo a pesar de la incertidumbre

Alba Ortubia //
La mitología griega reflexionó muchas veces sobre el peso del destino heredado. Edipo, uno de los personajes más célebres, cargó con las consecuencias de los actos impíos de su padre desde antes de su nacimiento. Una maldición le abocaba a matar a su progenitor y casarse con su madre. Al final, sus intentos de burlar la profecía le condenaron a su sino fatal. La maldición no acabó con Edipo: las siguientes generaciones de su linaje perpetuaron ese ciclo inexorable de dolor y culpa.

Casi dos milenios después, las nuevas generaciones se han afanado en liberarse de la carga generacional. Las incógnitas han cambiado: ¿es posible repetir un pasado que ya no existe? El siglo XXI llegó de la mano del frenesí. El sociólogo Zygmunt Bauman describió en su libro Modernidad líquida (2000) cómo las estructuras sociales, culturales y personales de la sociedad contemporánea se han vuelto frágiles, cambiantes y flexibles. Su liquidez contrasta con la solidez y estabilidad de las instituciones en la modernidad clásica, lo que desemboca en una transformación constante de paradigma.

Si Edipo hubiera sido un hijo del segundo milenio, quizá le habría hecho una peineta al oráculo. Lo que está claro es que la generación nacida en la modernidad líquida ya no tiene los pies atados. Los centennials o generación Z llegaron al mundo entre 1994 y 2010. Son casi 8 millones según la estadística española, y suponen algo más del 25 % de la población mundial.

Crisis económicas y auge de internet: los eventos que influyeron en toda una generación

Esta generación ha estado marcada por dos fenómenos principales. El primero de ellos es la sucesión de crisis. Según los sociólogos estadounidenses William Strauss y Neil Howe, la historia se rige por dos tipos de eventos sociales alternos: las crisis seculares, momentos en los que la sociedad se enfoca en reordenar las instituciones y el comportamiento público, y los despertares espirituales, cuando la sociedad se centra en cambiar el mundo individual de los valores. La generación Z ha nacido y crecido en un periodo de crisis secular. Desde que tuvieron conciencia de su propia existencia, su vida ha estado marcada por las recesiones económicas. La crisis del 2008 condicionó los primeros años de su niñez y la pandemia de 2020 revolucionó su adolescencia. Los centennials han sentido como los cimientos del mundo que conocen pueden temblar en cualquier momento.

El segundo fenómeno que marcó a la generación Z fue la democratización de internet. En 1994 irrumpió el llamado internet moderno de la mano del primer navegador de uso abierto y público. Por tanto, los centennials se convirtieron en la primera generación que incorporó internet en las fases más precoces de su aprendizaje y socialización.

Pero en 1994 también pasó otro acontecimiento que define la esencia Z, aunque a priori no lo parezca: ese año nació el cantante Justin Bieber. El artista canadiense fue uno de los primeros jóvenes que se convirtió en un icono global gracias a Internet. En 2007, su madre empezó a subir a Youtube vídeos donde su hijo de 12 años versionaba las canciones de moda del momento. La plataforma se había fundado sólo dos años antes pero su altavoz ya reverberaba lo suficiente para lanzar al estrellato a Bieber: en 2008, el productor Scooter Braun descubrió sus covers y supo que era un talento que no podía dejar escapar. 

En tan solo 20 meses, Justin Bieber pasó de ser un niño anónimo a la celebridad más buscada en Google y el vídeo de su canción el más visto de Youtube. El fenómeno Bieber evidenció cómo las redes sociales pueden cambiarle la vida a cualquier joven. Ya no solo importa dónde hayas nacido o quién es tu familia: el algoritmo se ha convertido, para la generación Z, en un nuevo ascensor social.

La “fórmula secreta” de la generación Z: irreverencia, internet, inmediatez e incertidumbre

Andrea Lozano es, probablemente, una de las miles de niñas que creció tarareando la letra de Baby en el recreo. Nacida en el año 2002, la joven zaragozana ha vivido por y para la música casi desde la cuna. Con tres años, su padre le apuntó a clases de música y movimiento y con cinco empezó a tocar la guitarra. Lozano enriqueció desde pequeña su cultura musical: los himnos de los Beatles y Freddy Mercury se sumaron a la sensibilidad de Adele y el empoderamiento de Lady Gaga para crear todo un catálogo de influencias en su mente en construcción.

Núria Vilanova e Iñaki Ortega Cachón analizan la “fórmula secreta” de los centennials en su libro Generación Z. Los jóvenes que han dejado viejos a los «millennials». Dicha fórmula se resume en cuatro palabras: irreverencia, internet, inmediatez e incertidumbre. Andrea Lozano personifica a la perfección las tres primeras. Su irreverencia le hizo negarse a entrar en el conservatorio con 12 años porque detestaba estudiar teoría musical. Cuando, pocos años después, confirmó que quería dedicarse a la música, la joven pagó caro su rebeldía adolescente. Lozano atravesó un tortuoso camino de pruebas y exámenes hasta que logró entrar al Conservatorio Santa María de Zaragoza, donde estudia música moderna.

Hace dos años, la joven música comprobó la rapidez con la que puede cambiar la vida de los zetas. Lozano se enteró de que las discográficas Sony y Wagner buscaban nuevos talentos y se apuntó a las pruebas de músico de estudio. Después de un proceso de selección de dos días, la zaragozana fue una de las tres elegidas entre 200 participantes. En tan solo 48 horas, Andrea Lozano pasó de ser una estudiante ordinaria de conservatorio a formar parte del equipo de la cantante Aitana.

Desde entonces, el peso de internet está presente en su trabajo diario. La viralidad en redes sociales se ha convertido en uno de los objetivos principales de la industria musical. “Tienes que intentar retener a la gente. Del principio de la canción al estribillo no puede pasar más de un minuto, porque sino la gente “se aburre””, explica Lozano. El resultado: canciones muy similares unas a otras pero que contienen la estrategia perfecta para protagonizar los trends más virales de las redes sociales. “Hoy en día siento que la música se está quedando un poco vacía. La industria musical cada día es más industria y menos musical”, reflexiona la compositora aragonesa.

Youtube, aquella red social pionera que catapultó a la fama a Justin Bieber, ya no es la plataforma más relevante para el mercado de la música. TikTok se ha convertido en la red social que más ha crecido en el último año con un 59,78% según el Estudio de redes sociales 2025 de Metricool. Y, si hay algo en lo que destaca TikTok, es en su capacidad para calar en la generación Z. El informe El dilema digital: La infancia en una encrucijada expone que TikTok es la red social en la que más tiempo pasan los jóvenes españoles: una hora y 40 minutos al día.

El funcionamiento de TikTok ejemplifica la velocidad de cambio a la que están acostumbrados los zetas: cada 60 segundos -duración estimada de un vídeo- recibirán nueva información con solo deslizar el dedo por la pantalla. El mundo no solo se transforma a su alrededor, con una sucesión de crisis y de proliferación de redes sociales, sino también en su pantalla, que cada minuto les obliga procesar cientos de estímulos diferentes. 

El cambio continuo desemboca en la incertidumbre, la cuarta de las palabras que define a la generación Z según Núria Vilanova e Iñaki Ortega Cachón. En un mundo plagado de transformaciones incesantes, cada vez es más difícil augurar lo que deparará el futuro. La duda es el sentimiento que vertebra la obra de Arey. Raúl Pérez (2002) pone de manifiesto su esencia Z hasta en su nombre artístico: “Arey” era el pseudónimo que utilizaba cuando jugaba a videojuegos de fantasía con su hermano. Aunque trabaja como enfermero, en 2021 arrancó su proyecto musical con un EP llamado Las estaciones del tiempo.

Tanto su primer EP como su disco más reciente, Notas de un masoquista, exploran la nostalgia y los interrogantes del futuro. Cada una de las canciones de Las estaciones del tiempo trata sobre una persona que ha marcado un momento de su vida: su hermano, su primer amor, sus amigos… El segundo disco del artista zaragozano pone sobre la mesa reflexiones más maduras. Uno de los temas, ‘Hilo y metal’, denuncia la rigidez del sistema que quiere imponer a los jóvenes un rumbo predeterminado. Un camino que finaliza, irremediablemente, en la monotonía del trabajo. Otras canciones reflejan inquietudes personales, como sus crisis de identidad. “A menudo me planteo: ¿quién es mejor, mi yo de antes o mi yo de ahora?”, sopesa Arey.

Tardeo en el Museo EL Periódico de Aragón Pablo Serrano Arey

El porvenir de los centennials: creatividad, cooperación y cambio continuo

Las nuevas generaciones deben enfrentarse a la incertidumbre del futuro porque ellos son el futuro. Según Vilanova y Ortega Cachón, la generación Z, impulsada por su voluntad de romper con todo, marca las coordenadas del nuevo norte con la regla de las cuatro ces: la ciencia, la creatividad, la cooperación y el cambio continuo.

Estos nuevos artistas ya no entienden la creatividad como un proceso pasivo. “No puedes esperar que la creatividad te venga un día de lluvia mientras miras por la ventana. Hay que salir. Hay historias en todas partes y hay que prestar atención a todo. Yo me baso en las situaciones de otra gente para hacer mi música. No siempre se puede escribir en la soledad de tu cuarto: entonces solo conectarás contigo y con tres o cuatro personas más”, explica Andrea Lozano. Arey comparte su misma percepción: “Lo que más me inspira es mi entorno, lo que le ocurre a mis amigos o a la gente de mi alrededor. Sin las relaciones que tengo no podría escribir”.

Pero, sin empatía, es imposible comprender los sentimientos de los demás y utilizarlos como fuente de inspiración. Anna Liotta, autora de Unlocking Generational CODES, destaca que la empatía de la generación Z nace como una respuesta sistemática ante la injusticia y la inequidad. No es de extrañar, entonces, que los centennials valoren la empatía como el segundo rasgo importante en un jefe, según un estudio de Deloitte Digital. Para los zetas, la comprensión y la cooperación debe primar en cualquier tipo de trabajo en equipo, incluida la producción artística. “Cuando trabajo con gente joven me doy cuenta de que se ponen más en tu lugar que muchas personas mayores. Yo creo que es algo que no se va a perder en nuestra generación, por mucho que vayamos creciendo: somos más empáticos y sabemos diferenciar el lado profesional del personal”, asegura Arey.

Sumidos en un mundo cambiante e incierto, los centennials utilizan todas sus armas para deshacerse de la carga generacional y dejar su propio legado. Para August Comte, una nueva generación nace cuando trae consigo una renovación del sistema de convicciones de la sociedad. La generación Z, con su temperamento incansable y su creatividad sin límites, ya luchan por dejar su impronta en la historia.

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