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Del contenedor a la pasarela: la revolución sostenible de Lara Marín

// Alba Ortubia

“Nos guste o no, la irrelevancia es la muerte”, aseguró el diseñador Virgil Abloh. Lara Marín (1997), ganadora del XX Certamen de Jóvenes Diseñadores de Aragón, encontró en el director creativo de Luis Vuitton una fuente de inspiración. Y se nota. Porque, si algo ha intentado Marín con la colección premiada, es luchar contra la irrelevancia con la que se asocia a menudo al consumo de moda. “Buscaba que la gente viera que es posible dar una segunda vida a prendas que tenemos obsoletas en casa”, explica.

A través de tejido denim reciclado, la diseñadora ideó Nexen, una colección de doce looks de street wear que dan una segunda vida a uno de los materiales más contaminantes de la industria de la moda. “Que triunfe un proyecto sostenible me parece un avance y una muestra de que las cosas están cambiando”, afirma Marín. Comprar una prenda de ropa no es un acto banal: cada una de las decisiones de consumo de los ciudadanos repercuten en el futuro del medioambiente.

Una labor de upcycling

El proyecto nació como parte de un trabajo universitario. La diseñadora aragonesa estudió Diseño de Moda en la Escuela Superior de Diseño de Aragón. En una de las asignaturas de la carrera colaboró con aRopa2, una iniciativa zaragozana dedicada al reciclaje de ropa y otros textiles. Así, Marín se dio cuenta de su interés por el upcycling, una práctica creativa que transforma los desechos en productos de mayor valor. “Aprendí mucho porque hay que adaptar los patrones y los diseños constantemente según la tela disponible”, reconoce.

Este aprendizaje le resultó tan enriquecedor que decidió enfocar su TFG en el mismo tema, pero centrándose en el tejido denim. “Sabía que el proyecto no iba a ser fácil porque tenía unos estándares muy ambiciosos”, admite la joven diseñadora. El trabajo duro no empezó con la confección. Antes de lanzarse a coser, Marín tuvo que llevar a cabo un minucioso cribado de las telas a utilizar. “Quise arriesgar con las tonalidades y salir del típico azul tejano que tenemos todos en el armario. También hay que distinguir entre tejidos elásticos y no elásticos, que no tienen nada que ver”, detalla la diseñadora. Aunque los requisitos del TFG solo exigían idear una docena looks y confeccionar cuatro, Marín trasladó a la vida real los doce bocetos para entender el sentido completo de la colección.

Satisfecha con el resultado, la joven artista decidió enfrentarse a un nuevo reto: presentar su colección al X Certamen de Jóvenes Diseñadores de la Aragón Fashion Week, que celebró su séptima edición en Zaragoza del 5 al 11 de mayo. “En segundo curso, fui a ver el desfile de unos compañeros del grado. Recuerdo decirle a mi amiga: ¿te imaginas que algún día estoy en ese escenario presentando algo?”, rememora la diseñadora, que años después, ha logrado su objetivo. Vivir esta experiencia le ha enseñado el desafío que supone sacar adelante un desfile. “Hay que estar a mil cosas: no solo hay que diseñar, también tienes que cuadrar las pruebas con las modelos, desarrollar la idea, cuidar la parte audiovisual, el vídeo de presentación…”, reconoce.

“La moda es una forma de sentirme libre”

Gracias al desfile, Lara Marín no solo ha conseguido superarse a sí misma. También ha logrado su máxima aspiración como diseñadora: construir una identidad artística. “Lo más importante que debe tener un diseñador es que la gente pueda reconocer sus prendas a simple vista. Creo que la carrera me ha ayudado a definir mi estilo”, sostiene la joven aragonesa. Para ella, su esencia como artista es un reflejo de su propia personalidad. “Considero la moda como una forma de expresar y de ser, porque refleja cómo te sientes y de cómo concibes cada situación. Para mí, la moda es una forma de sentirme libre”, reflexiona la zaragozana.

La construcción de la identidad pasa, ineludiblemente, por la observación del entorno. “Hay que buscar la inspiración en todas partes”, asegura Marín, que ha encontrado en el rap una fuente inagotable de ideas. Otras veces, su proceso creativo ha empezado en lugares tan inusuales como el gimnasio. “Lo importante es no estancarse y buscar las tendencias. Las redes sociales y los artículos de revistas me ayudan mucho”, afirma la diseñadora.

Esta ambición también le ha llevado a seguir formándose tras finalizar su carrera. Marín estudia, en la actualidad, un curso de calidad textil, aunque recientemente terminó otros cursos de community management y autoedición. La joven creadora espera que su trabajo incansable termine por abrirle puertas. “Creo que las empresas deberían apostar más por la gente joven porque podemos aportar un aire fresco muy necesario, pero parece que les da miedo atreverse. También piden un montón de experiencia y no nacemos aprendidos”, reivindica la diseñadora aragonesa, que cada día lucha por confeccionar un futuro a su medida.

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