Pasión, complicidad y nervios: bajo las luces del Certamen Nacional de Jota de Huesca

Lucía Bespín Moliner @luciabespin//

Quedan dos números para nuestra actuación y tengo claro que no quiero que los nervios me invadan. El regidor nos encuentra repasando los últimos movimientos, puntas y tacones; esos que nos sabemos perfectamente pero que parecen disiparse justo antes de salir ante la rondalla. Tras el telón, una lucha se desata en mi interior: mi cuerpo nota la presión que sube por el estómago mientras la cabeza me dice que todo irá bien. No podría ser de otra forma. Llevo las enaguas, la falda y el delantal de mi prima -con mucho orgullo, por cierto- y me ha peinado el moño mi mejor amiga. Miro a mi pareja de baile y veo reflejado trabajo, complicidad y confianza. Se escuchan nuestros nombres al tiempo que podemos leer la letra de la jota que nos dedicarán. Una fuerza, desconocida hasta entonces, me empuja al escenario. “Aquí manda el señorío, el salero y la alegría que transmiten cuando bailan la jota Pablo y Lucía”. Así comienza nuestra actuación en la XXXI edición del Certamen Nacional de Jota “Ciudad de Huesca”.

Es la primera cita anual para los amantes de la jota, y la segunda más importante de su calendario de competición, superada por el Certamen Oficial de Zaragoza de octubre. Ganar este concurso, con su sabor y pedigrí, supone comenzar el año con un extra de motivación para el Oficial, donde escriben sus nombres quienes formarán parte de la historia de la jota aragonesa. Con el 80% de las localidades vendidas en el Palacio de Congresos, el público se sienta con respeto y activa sus sentidos para disfrutar y analizar a los que el jurado ha considerado los mejores de canto y baile.

Soy una de ellos y quiero demostrarlo desde el momento en el que suena la música. Al saludar hacia el público veo numerosas caras conocidas y otras tantas que observan con atención mis movimientos. Vuelven los nervios, pero miro a Pablo y vuelve la calma. Sólo estamos nosotros. Levanto los brazos, empiezo a tocar las castañuelas y una sonrisa sincera perfila mi cara. 

Los nervios en un concurso de este nivel son inevitables. En los pasillos, un silencio roto por el rodar de las maletas. Un aura de nerviosismo llena cada rincón e impregna el aire de emoción. A medida que el concurso avanza, el número de rostros tensos y de respiraciones agitadas se multiplica. Sin embargo, se desvanecen al compás de cada aplauso cuando los participantes salen al escenario. Los acordes de las guitarras y bandurrias activan en sus cuerpos y voces la pasión por este arte centenario y les hacen disfrutar. 

Trato de no tropezar durante la coreografía y ejecuto los detalles que mis profesores me han aconsejado. Suena la voz de la cantadora que nos acompaña. “Ya llevo la mitad”, pienso. Sí, por primera vez soy consciente de lo que ocurre durante nuestra actuación. Sea buena o mala señal, me permite escuchar lo que reza su jota: “Para decirte que te quiero no hacen falta las palabras, pues yo te lo digo a ti tan sólo con la mirada”. Una letra certera, pues tan sólo con nuestras miradas, sabemos nuestros pensamientos. En ese momento, felicidad. Esporádica, quizá, ya que Pablo capta una mueca de dolor en mí: un ligero tirón en el gemelo que no es capaz de borrarme la sonrisa. “Voy a terminar la jota”, pienso. Y lo hago. Los aplausos retumban en las paredes del Palacio durante una ovación

Llegar a la final en un certamen con récord de participación requiere esfuerzo, dedicación y una pizca de suerte. Trescientos veintitrés participantes entre las dos sesiones eliminatorias que se celebraron una semana antes, de los que sólo sesenta y seis han conseguido llegar hasta aquí. Sin duda, la popularidad de este certamen es una muestra del buen hacer y del compromiso por parte de sus organizadores, miembros de la Asociación Cultural Acordanza.

Pablo Calavia y Lucía Bespín, primer premio de baile adulto en el XXXI Certamen Nacional de Jota “Ciudad de Huesca”. Fuente: Lucía Bespín
Pablo Calavia y Lucía Bespín, primer premio de baile adulto en el XXXI Certamen Nacional de Jota “Ciudad de Huesca”. Fuente: Lucía Bespín 

Tras terminar la actuación, dos compañeros de profesión, presentadores del programa especial “Extraordinarios”, se interesan por nuestra experiencia. “¿Sería un sueño para vosotros ganar hoy?”, preguntan. Respondo que sí y no lo pienso demasiado, pues la emoción del baile todavía me abruma. Corroboro mi respuesta mientras actúan los dieciocho participantes de la categoría extraordinaria (aquellos que ya han obtenido el primer premio en años anteriores). Me imagino dentro de un año en ese escenario de nuevo, en el siguiente nivel. 

Un homenaje a las raíces

Mientras el jurado delibera, el público comenta en el bar sus sensaciones y apuestas. En mi interior, vuelven los nervios. Comienza la entrega de premios y me sitúo cerca de mis compañeros sin tener en cuenta la competición. Sugieren agarrarnos las manos y es para mí uno de los gestos más bonitos que he visto durante más de diez años de trayectoria. El tercer premio de baile adulto se queda en Huesca mientras que el segundo viaja hasta Zaragoza, pero no recala en nosotros. O todo o nada, pensamos Pablo y yo. Lo sé por su mirada. Cercanos a otra pareja que se encuentra en la misma situación, cerramos los ojos cuando se escucha: “Primer premio de baile adulto, para la pareja que forman… Lucía Bespín Moliner y Pablo Calavia Santa Cecilia”.

Euforia, satisfacción y homenaje definen nuestro primer premio en el XXXI Certamen Nacional “Ciudad de Huesca”. Una explosión de alegría tras los nervios al obtener el reconocimiento a nuestro esfuerzo. “¿A quién dedicáis el premio?”, nos preguntan frente a la cámara. No dudo la respuesta. Entre todos los aplausos, me imaginaba el más sonoro desde la distancia. “Se lo dedico a mis padres, y en especial, a mis abuelos”, respondo emocionada. 

La evidente popularidad de los concursos de jota deja constancia de su capacidad para renovarse y viajar de generación en generación por los corazones aragoneses. Dedicar el premio a quienes me han inculcado el amor por mis raíces es la mejor vía de honrar a los que trabajaron por mantener vivas nuestras tradiciones. El 27 de enero de 2024, su fuerza me llegó más que nunca y me enseñó que continuar con la ilusión por este arte hace que los verdaderos ganadores sean ellos.

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