Cluj-Napoca, de Erasmus por Rumanía

Adriana López Marturet//

No fue una decisión precipitada. No fue una elección por descarte. Rumanía siempre fue mi primera opción para realizar una beca Erasmus. Desde que revisé el listado de ciudades y vi entre ellas la ciudad rumana Cluj-Napoca, no tuve ninguna duda: quería ir allí.

No fue del todo fácil. Irse de Erasmus supone salir de tu zona de confort y eso produce cierto reparo. Sabía lo distinto del estilo de vida rumano y si bien me atraía esa diferencia también me inquietaba. Cuando se toma una decisión así es inevitable sentir cierto vértigo, pero al final las ganas lo superaron todo. La decisión ya estaba tomada: me iba un cuatrimestre a Cluj-Napoca.

Rumanía y sus encantos

Rumanía es un paraíso por descubrir, un país con mucho encanto y con lugares únicos como la ciudad de Brasov, rodeada por los Cárpatos, la ciudad medieval Sighisoara, el castillo de Bran (conocido como el castillo del Conde Drácula), el delta del Danubio, la región de Maramures, el castillo de Peles en Sinaia o las playas de Constanza. Es un país de contrastes. Las regiones de Maramures o Transilvania, por ejemplo, están compuestas de pueblecitos rurales que se esconden en su paisaje montañoso y que parecen estar todavía por desarrollar. Algo que nada tiene que ver con Bucarest o la costa del mar Negro, lugares en los que se pueden encontrar todo tipo de lujos.

                   

Vista del Castillo del Conde Drácula                                   Un monasterio típico de la región de Maramures

Cada rincón de Rumanía tiene su encanto y es único a su manera. Sin embargo, su belleza y su potencial pasan desapercibidos para el mundo occidental, en el que se ha establecido una imagen del país que se escapa de la realidad. Rumanía, y en general Europa del Este, no son destinos turísticos muy comunes. La imagen de país subdesarrollado, pobre y conservador se ha instalado en occidente y no permite ver que detrás de esos prejuicios se encuentra un lugar con mucho que ofrecer. Los rumanos, además, son gente hospitalaria y humilde, por lo que el país resulta también muy acogedor.
A pesar de las diferencias, hay cosas que se mantienen igual independientemente del país en el que nos encontremos. A veces nos cuesta imaginarnos cómo es la vida en otros puntos del mundo y no concebimos que en aquellos lugares las personas también realizan acciones cotidianas tan simples como las que realizamos nosotros. En Rumanía la gente también va al colegio, al instituto, a la universidad, a trabajar, cursa diferentes extraescolares, queda con los amigos, ve los partidos de su equipo favorito todos los fines de semana… en el fondo, no somos tan diferentes. El estilo de vida, la economía o la cultura pueden variar, pero hay cosas que son universales. Por ejemplo, los Starbucks.

Detrás de esa imagen de país subdesarrollado, Rumanía esconde facetas desconocidas que resultan sorprendentes. Es el caso de la gran cantidad de universidades que alberga. Bucarest, la capital, es una ciudad con mucha vida universitaria. Incluso en ciudades pequeñas como Bacao, Oradea o Sibiu hay universidades. Sin embargo, hay una que destaca por encima del resto: Cluj-Napoca, la ciudad universitaria por excelencia de Rumanía. Entre las montañas, las colinas y los grandes bosques de Transilvania se encuentra esta ciudad de unos 300.000 habitantes conocida por su estilo alternativo, sus locales bohemios y su vida nocturna. Cluj, como la llaman sus habitantes, es la capital extraoficial de la región de Transilvania y centro cultural e industrial de la zona oeste del país. Una ciudad “occidentalizada” que no tiene nada que envidiar a los típicos destinos turísticos de Centroeuropa. Una ciudad repleta de vida en la que un tercio de sus habitantes son estudiantes.

Cluj-Napoca, ciudad universitaria

Había leído bastante sobre Cluj antes de llegar. Una siempre quiere recabar información sobre la que va a ser su casa durante un cuatrimestre. Todos los blogs y páginas de internet coincidían en lo mismo: era una ciudad estudiantil, con mucho ambiente, muchos locales, mucho encanto y en la que aburrirse era imposible. Nada más poner un pie allí pude observar que aquello era cierto. También observé que todo era muy distinto a lo que estaba acostumbrada: la arquitectura, la cultura, las infraestructuras… todo me recordaba a otra época. A las ciudades españolas durante los inicios del siglo XX, aquellas en las que se ambientan series como Las chicas del cable o La otra mirada. Sin embargo, entre edificios antiguos y desgastados que datan de las épocas sajona y húngara, también se encuentran construcciones modernas que son en su mayoría sedes de empresas importantes. El contraste salta a la vista.

Plaza Unirii, la más importante de la ciudad

A Cluj acuden a cursar sus estudios universitarios personas de toda Rumanía y de países limítrofe como Bulgaria, Moldavia, Hungría o Serbia, e incluso estudiantes de distintos países europeos y de lugares lejanos como Latinoamérica o Asia. Las carreras de Farmacia y Medicina, sobre todo, están muy solicitadas y cuentan con una gran cantidad de estudiantes internacionales. La ciudad alberga 6 universidades públicas y 5 privadas, y cada una de ellas cuenta con diferentes facultades. Entre las públicas se encuentra la Universidad Babes-Bolyai, la más grande de Rumanía. Cuenta con 21 facultades repartidas por distintas zonas de la ciudad.

Fue mi universidad de destino. Dentro de todas sus facultades, estudié en la de Ciencias Políticas, Administrativas y de Comunicación, conocida como FSPAC (sigla en rumano). El curso 2018-2019 era el primero en el que el Grado en Periodismo de la Universidad de Zaragoza firmaba el convenio de intercambio con la Babes-Bolyai, así que no tuve a quién pedir consejo. Cualquiera que haya ido de Erasmus sabrá que, respecto a temas académicos, las primeras semanas son siempre un caos, sobre todo porque hay que modificar el acuerdo de estudios ya establecido. Se trata de un documento que certifica las asignaturas que se van a cursar y convalidar en la universidad de destino. Lo normal es que se produzcan ciertos desajustes que obliguen a realizar algún cambio: asignaturas que finalmente no se imparten, clases que se solapan con otras, clases que han cambiado de aula o de horario…Yo no iba a ser menos y también me tocó modificarlo: la asignatura Videojournalism había cambiado su horario y coincidía con Verbal and non verbal communication, mi asignatura favorita. Por lo tanto, tuve que reemplazar Videojournalism por Media and Popular Culture, una asignatura que no me coincidía con ninguna clase de las ya establecidas. Fue un buen cambio: todo eran trabajos, no había examen. Y eso es lo mejor que puede pasarle a un universitario.

Las encargadas de relaciones internacionales, Ilona Dranca (coordinadora general de la Babes-Bolyai) y Arina Neagu (coordinadora de FSPAC), estaban siempre dispuestas a ayudar con cualquier problema académico (o no académico) que pudiese surgir. Sobre todo al comienzo del curso, ambas estuvieron muy atentas y pendientes de los alumnos Erasmus. Y menos mal, porque las primeras semanas una no conoce ni la ciudad ni la facultad y se pierde con cada paso que da.


Facultad de Ciencias Políticas, Administrativas y de Comunicación de la Babes Bolyai. (Fuente: Fspac.ubbcluj.ro)

Muchos de los grados que se imparten en las universidades se ofrecen en distintos idiomas: rumano, inglés, e incluso húngaro y alemán. Los dos últimos también se hablan en la ciudad debido a las influencias húngaras y germánicas del pasado. Gracias a sus universidades y a la cantidad de estudiantes que habitan en ella la ciudad ha adquirido una gran proyección internacional. Es “el lugar donde los jóvenes tienen la oportunidad de crecer. De buscar, conocer y descubrir cosas nuevas”. Así lo afirma Alina Selegian, estudiante de Periodismo en Cluj-Napoca y que este curso 2019-2020 está de Erasmus en Zaragoza. Pero Cluj no es solo eso: “Es también el lugar donde los jóvenes comenzaron a luchar por un futuro mejor en Rumania y una ciudad que participa en diferentes actividades relacionadas con la política, la economía, la naturaleza y la escuela. Cuenta también con numerosos voluntariados: Omnipass, Studpac, FacemVoluntariat o AIESEC”. Como explica Alina, Cluj es una ciudad concienciada con la necesidad de cambio y los jóvenes no dudan en movilizarse ante las injusticias que acechan al país.

Al haber tantas universidades, Cluj está repleta de gente joven. Lo más común para los estudiantes es alojarse en residencias universitarias. Al contrario que en otros países, cada universidad tiene la suya. Además, conseguir entrar en la universidad garantiza un hueco en la residencia (al que luego se puede renunciar), por lo que no existe el problema de quedarse sin plaza.

Todas las residencias cuentan con edificios destinados a estudiantes internacionales. Durante el Erasmus hay dos objetivos claros: conocer gente nueva y salir de fiesta. Las residencias son el lugar idóneo para ello. Al tener zonas comunes, permiten estar continuamente en contacto con otras personas. Además, no es necesario ir a ninguna discoteca para disfrutar de una buena fiesta. Unas cervezas, música y una habitación libre son suficientes para pasárselo bien sin salir de la residencia. Eso sí, sin meter mucho ruido. La residencia que pertenece a la universidad Babes-Bolyai se llama Hasdeu. Se trata de un gran campus que cuenta con más de 20 edificios de dormitorios. No dispone de grandes lujos, pero tiene todo lo necesario para vivir. Además, su precio la hace aún mejor: 175 lei (moneda rumana) al mes, equivalente a 37 euros. Es la residencia más barata de la ciudad. La más cara es la de la Universidad de Medicina y Farmacia Iuliu Hatieganu, que ronda los 150 euros. Aunque la diferencia es evidente, sigue siendo un precio que nada tiene que ver con el de España, donde el precio mensual de las residencias oscila los 500 euros (varía según la ciudad) y por ello alquilar un piso compartido resulta una opción mucho más económica para los estudiantes.

Pagar 37 euros al mes por una residencia es difícil de creer. Cuando recibí el email de la Babes-Bolyai con información sobre la universidad y el alojamiento, lo primero que pensé al ver el precio fue que se habían equivocado. ¿Cómo iba a costar tan solo 37 euros al mes? Semejante chollo no podía ser real. Pero lo era. Esto tiene una explicación: el salario mínimo en Rumanía es de 2.080 lei (446 euros). Además, es uno de los países de la Unión Europea con menor salario medio. El bajo nivel de vida hace que los precios sean más baratos. Los rumanos no lo notan tanto, pues sus sueldos se adecúan al precio de los productos. Pero, para aquellos que venimos de países con sueldos más elevados, la diferencia es evidente. En Cluj, por ejemplo, comer o cenar en algún restaurante cuesta alrededor de 25 lei, que equivale a unos 5 euros. Una cerveza de medio litro cuesta 7 lei (1,5 euros), el cine ronda los 20 lei (4 euros) y un paquete de tabaco cuesta 17 lei (3,5 euros).

Campus de Hasdeu  Vistas desde la residencia de Hasdeu

Ocio

Justo al lado de Hasdeu se encuentra la calle Piezisa, una calle repleta de pubs, tiendas de alimentación, cafeterías y restaurantes que está diseñada por y para los estudiantes. Durante el día no suele haber mucha gente, pero por la tarde-noche, hora punta, sus locales se llenan y Piezisa se transforma: comienza la fiesta.

Sin embargo, no es la única zona universitaria de la ciudad. Hay muchos bares que sirven de punto de encuentro. La Plaza Unirii, considerada el centro de la ciudad, es la más importante. Tanto la plaza como sus alrededores están repletos de locales regentados habitualmente por estudiantes. Algunos bares destacan por su estilo bohemio, alternativo y desenfadado que invita a entrar y a tomar algo disfrutando del ambiente. Algunos de los bares más populares son Insomnia Cafe, Shto College Bar, Shadow Cafe Bar, L’Atelier, Che Guevara Social Pub, The Soviet o Londoner Pub. Cada uno tiene su propio diseño y su propia especialidad. Por ejemplo, L’Atelier es el lugar ideal para los amantes del café. Aquellos que son más de cañas y copas, en Shadow encontrarán todo lo que buscan. Y luego está Insomnia Cafe, uno de mis lugares favoritos de la ciudad. A Insomnia se puede ir a desayunar, a merendar, a tomar un café, un chocolate caliente, unas cañas, unas copas antes de salir de fiesta… siempre es una opción acertada. Yo, que tengo debilidad por los bares de estilo alternativo, nunca había visto ninguno igual. Era mi tercera casa, por detrás de la residencia y de la facultad, claro. En estos bares, además de tomando algo, es muy común observar a grupos de estudiantes con sus portátiles. Sirven de alternativa a las bibliotecas.

No hay que olvidarse de Infinity Games. Son locales que tienen licencia como salón de juegos y por ello están abiertos las 24 h. Hay diferentes Infinitys repartidos por toda la ciudad. No son bares como tal, son salas de juegos que venden alcohol y tienen mesas para poder sentarse. Por la noche están frecuentados por estudiantes que acuden a tomarse unas cervezas, pero durante el día son locales un tanto turbios. El hecho de que estén abiertos 24 horas y además vendan alcohol incita y fomenta la adicción al juego. En España el aumento de casas de apuestas y salones de juego es evidente, sobre todo en los barrios marginales. Por ello, son muchas las movilizaciones que se han realizado para frenar estos negocios que instigan la obsesión por el juego. En Rumanía, sin embargo, parece ser algo que no preocupa ni a ciudadanos ni a instituciones. Locales como los Infinity Games están muy normalizados y además cuentan con una gran clientela. Son tan populares debido al precio de las cervezas, que se sirven en botellines de medio litro y resultan muy baratas: un botellín de Ursus (cerveza rumana) cuesta 2 lei (0,4 euros), uno de Ursus Premium o de Timisoreana (propia de la ciudad rumana Timisoara) son 3 lei (0,6 euros), y la más cara es la Ursus Retro que cuesta 4 lei (0.8 euros). Es sin duda la opción más económica de toda la ciudad.

Ir a tomar algo a un bar universitario es siempre un buen plan. Pero no hay que olvidarse de otra de las actividades favoritas de los estudiantes: salir de fiesta. Y para ello, Cluj es el lugar ideal. Hay muchas discotecas a las que poder ir. Como la ciudad universitaria que es, hay fiesta todos los días de la semana. No hace falta esperar a que llegue el viernes para poder salir. Hay discotecas para todos los gustos: para los amantes de la música electrónica, Euphoria y Form Space son sus locales. Los que buscan canciones actuales y comerciales, pueden acudir a Flying Circus o Revolution, que también organiza todos los jueves una fiesta Latina con las canciones más famosas de reggaetón. En Janis suenan canciones de todo tipo: ochenteras, últimas novedades, reggaetón, trap… ¡es una de las discotecas favoritas! Delirio, por su parte, es la única discoteca LGTB de la ciudad, y de las pocas que existen en todo el país. Rumanía es un país homófobo, por lo que este tipo de locales no son muy comunes. Entre la gente joven la situación está más normalizada y es evidente que las nuevas generaciones son conscientes de que hay que erradicar la opresión que sufre el colectivo. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer en el país para que las personas LGTB puedan vivir sin miedo y puedan mostrarse en público tal y como son. Es triste, pero hay que tener especial cuidado por las calles. Sin embargo, Delirio es diferente. Es un lugar seguro, un lugar en el que no hay que esconderse por miedo a las represalias. Un lugar familiar en el que todo el mundo es bienvenido y en el que reina la tolerancia. En cuanto a la música, predominan los principales éxitos comerciales que suenan en la radio.

La entrada a las discotecas suele rondar entre los 10 y 20 lei, es decir, entre 2 y 5 euros. Es un precio asequible y barato si lo comparamos con las discotecas en España: las entradas más baratas rondan los 8 euros. En Cluj, además, los guardarropas son siempre gratis, algo a lo que tampoco estamos acostumbrados. La opción más cara de la ciudad es Noa Club. En su puerta pueden encontrarse coches de alta gama aparcados y en su interior la gente viste con ropa muy elegante. Su entrada cuesta 50 lei, un precio elevado si lo comparamos con el resto, pero que en España no dejaría de ser lo que cuesta una entrada a cualquier discoteca: 10 euros.
Además de bares y discotecas, Cluj ofrece otras alternativas para disfrutar de la ciudad de una manera diferente. Aquellos que disfrutan yendo de compras no tendrán problemas. En el centro predominan los negocios pequeños. Sobre todo las tiendas de segunda mano, muy comunes en la ciudad. Para encontrar tiendas de marcas conocidas hay que acudir a los centros comerciales. Los dos más importantes, VIVO y Iulius Mall, se encuentran a las afueras, pero se puede llegar hasta ellos en autobús urbano.

La cultura también está muy presente en Cluj. Muchos bares ofrecen música en directo y conciertos de pequeños grupos. El edificio de la ópera, uno de los más emblemáticos y elegantes, alberga obras distintas cada mes. Además, durante el año se celebran distintos eventos por y para los jóvenes: Jazz in the Park, Street Food Festival, Tiff (Transilvania International Film Festival) o Targul de Cariere (una feria de empleo). Los mercadillos son otro de los atractivos de la ciudad. En el barrio de Marasti, por ejemplo, hay todos los domingos un mercadillo de antigüedades pequeñito pero muy interesante. A medio camino entre Cluj y Oradea se encuentra Negreni, lugar en el que cada año se organiza el mercadillo más grande de Europa del Este, celebrado por primera vez en 1815. Su imagen es digna de recogerse en una postal: se ubica en un valle rodeado por los Cárpatos y reúne a las distintas etnias existentes en Rumanía.

Plaza Avram Iancu, con el edificio de la ópera de fondo

Da igual en qué época del año nos encontremos: siempre hay algo que hacer. En Navidad Cluj se transforma. Las luces y la decoración navideña inundan la ciudad y le dan un toque aún más mágico. La Plaza Unirii, repleta de luces y adornos, da lugar a un mercado navideño de lo más acogedor: tiendecitas de artesanía, puestos callejeros de comida, dulces típicos (especialmente los kurtos kalacs, de origen húngaro y típicos en Europa del Este) y puestos de vino caliente, una bebida muy común en Rumanía. En verano, la ciudad destaca por sus festivales de música, que atraen a gente de todo el país y de distintos lugares del mundo. Los más famosos son UNTOLD, un festival de música electrónica que recuerda a Tomorrowland, y Electric Castle, de estilo más alternativo. Ambos reúnen a artistas destacados del panorama internacional.


Mercadillo y decoración navideña en la Plaza Unirii

Dulces rumanos en uno de los puestos del mercadillo de Navidad

Cluj es por lo tanto una ciudad joven y con mucha vida. Es la ciudad de referencia para los jóvenes rumanos, que encuentran aquí una mayor libertad y una mayor oportunidad para su desarrollo personal y profesional. Además, gracias al prestigio de sus universidades y a grados como los de Medicina o Farmacia, que atraen a muchos estudiantes internacionales, cada vez son más las universidades que ofertan Cluj como posible destino Erasmus. Las cifras hablan por sí solas: en el curso académico 2018-2019 hubo cerca de 350 estudiantes internacionales, la cifra más grande registrada hasta la fecha.

Me gusta referirme a Cluj como mi hogar. Varios días antes de marcharme decidí tatuarme la palabra acasa en el brazo izquierdo. Significa hogar en rumano. Ahora, cada vez que miro el tatuaje, no puedo evitar pensar en todos los buenos momentos que viví allí. A priori puede resultar complicado comprender cómo en tan poco tiempo una ciudad puede marcarte tanto, pero el Erasmus es una experiencia que te cambia la vida. Conoces personas que enseguida se convierten en familia, viajas a sitios que jamás imaginabas visitar, y esa ciudad que al principio era desconocida se acaba convirtiendo en tu casa.

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