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Delitos y cine. Entrevista a Audrey Diwan y Noémie Merlant

Jorge Marco, Julio Beltrán, Pablo Gracia//

La pasada 72ª edición del Festival de San Sebastián dio comienzo con la inauguración del último trabajo de la cineasta francesa de origen libanés Audrey Diwan, todo un honor para una directora con amplio recorrido en diversos festivales, como atestigua el León de Oro que ganó en Venecia con su película El acontecimiento en 2021.

En esta ocasión presentó Emmanuelle, cuyo título parece hacer directa referencia al film homónimo estrenado en 1974, que sigue siendo recordada todavía a día de hoy por sus formas e imágenes eróticas. Lo que no deja de ser un curioso punto de partida, ya que a pesar de que en esta obra de Diwan abundan también las situaciones y los encuentros de índole sexual —de hecho la película arranca presentando a la protagonista, interpretada por Noémie Merlant, seduciendo y culminando su deseo carnal con un pasajero en el baño de un avión privado— la forma de tratarlas, y sobre todo el estudio psicológico de Emmanuelle, responden a una motivación completamente distinta, sin duda motivada por la perspectiva como mujer de la propia Diwan.

El grueso de la película se desarrolla en un hotel de lujo de Hong Kong, a donde Emmanuelle acude como responsable de evaluar los servicios del complejo de cara al grupo empresarial al que pertenece. La vida entre copas, spas y toda clase de ostentaciones con la que cualquiera ha tenido el pecado de soñar alguna vez aparecen así casi como una rutina, una especie de castigo mitológico al que el personaje de Merlant se ve obligada a juzgar y cronometrar una y otra vez, asemejándose a una especie de Sísifo contemporáneo. Tal es la rutina que su placer y fascinación por el sexo casual, casi de incógnito, parece haberse convertido en otra tarea más que tachar en su lista de cosas por hacer. Emmanuelle disfruta más preparando e iniciando esa clase de encuentros que el acto en sí, donde se la ve disociada, alejada de lo que sucede y de su propio disfrute.

De esta forma se construye un símil que se irá haciendo cada vez más presente conforme la película avanza. De igual forma que el personaje protagonista parece haber mecanizado cualquier tipo de acción dentro de una forma de vida empresarial, el hotel de lujo en el que se encuentra, lleno de suites y elegantes comedores, se torna en una especie de celda de aislamiento alejada del resto del mundo. En él no parece haber lugar ni para la diversión ni para el gozo, como si su imponente presencia sirviera solo para admirarse desde fuera. ¿Qué es la vida de lujo, al fin y al cabo, sino una manera superficial de distanciarse respecto al resto? 

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Fotograma de ‘Emmanuelle’

 Los días, el servicio de habitaciones, el sexo… todo parece existir como mera repetición. Hasta que Emmanuelle coincide con un hombre japonés que no parece querer seguirle en su juego de seducción. Y por primera vez siente genuino interés por algo. En el hotel, además, tampoco saben nada de él, más allá de que casi nunca duerme en su habitación. Es aquí cuando la película muestra con mayor fuerza las similitudes presentadas entre el personaje de Merlant y el edifico en el que se aloja, ya que de la misma forma que su vida parece haber dado un vuelco, el hotel sufre una violentísima tormenta que acaba por convertirlo en algo vulnerable. Una nueva planta en construcción comienza a inundarse y la electricidad falla. Los habitantes de ese microcosmos fastuoso se ven también agitados por unos acontecimientos que consiguen despertarlos de su profundo letargo. Ante el aparente “caos” responden subiéndose a las mesas para bailar en la penumbra. Por vez primera, disfrutan.

Es cierto que Emmanuelle puede resultar una película fría y distante, pero sus imágenes no dejan de ser un reflejo del lugar que muestran. La mirada de Diwan, que durante buena parte del metraje se ha dedicado a describir la forma de vida de un lugar sin vida alguna, cambia radicalmente tras la aparición de ese misterioso hombre y detallar las consecuencias de una feroz tormenta. La protagonista del film comienza a desacoplarse de su forma robótica de estar en el mundo, ya no es alguien que tiene que hacer algo, sino una mujer cuyo fuego interior parece haber prendido, por fin, de forma natural. Al fin y al cabo, el ser humano no es nada sin pasiones, dudas o esperanzas. 

Hemos tenido el inmenso placer, en el marco de este festival, de poder entrevistar brevemente para Delitos y cine a Audrey Diwan y a Noémie Merlant, los dos pilares sobre los que se sostiene esta obra. ¡Esperamos que os resulte interesante!

Pregunta: En la película aparece una tormenta que parece tener gran importancia argumental. ¿Qué simboliza para ti?

Audrey Diwan: En realidad, creo que la tormenta puede ser erótica. Siento que este mundo está tan protegido que incluso una tormenta, que es un riesgo en Hong Kong, puede ser vista como un cambio en la vida, como una pintura. Hasta el momento en que se siente que un sonido y el agua comienza a escapar a través de la pared. Y curiosamente, sentí que esto es genial porque dejamos entrar el caos, y este mundo perfecto necesita caos. Y, de repente, el hecho de no poder predecir esa tormenta, me hizo sentirme bien al respecto. Es como una invitación a abrir la puerta del hotel y volar lejos.

P: Tu personaje al principio está más sexualizado, pero a medida que avanza se libera y adquiere profundidad psicológica. ¿Qué es lo más disfrutó a lo largo de este proceso de interpretación?

Noémie Merlant: Me gusta toda la aventura, porque desde que leí el guion por primera vez, me sentí muy conectada con Emmanuelle. Me sentía como ella, desconectada con mi propio cuerpo. Justo después del movimiento Me Too y de Portrait of a Lady on fire empecé a darme cuenta del rol que estaba jugando para satisfacer a los demás, sobre todo hombres, y de que yo realmente nunca había compartido el placer. De verdad. Nunca lo disfruté. Igual que ella. Porque ella está desconectada de su cuerpo como un robot. Tantos dictados de la sociedad, tanta necesidad de ser perfecta… y así es tan frígida. 

Así que toda la aventura de intentar dejarse ir, y hacer que ella se dejara ir, pero yo al mismo tiempo teniendo esa misma experiencia… Perdí el control durante la película. Sabía el paso que tenía que seguir y ya no tenía que pensar sobre cómo debía hablar o moverme. Solo estaba disfrutando de Hong Kong, de las tartas, sonriendo, y sin pensar nada más. Así que fue algo muy presente. Es una pregunta muy difícil porque disfruté todas las partes del proceso. 

P: Todo el mundo está comparando esta película con su homónima de 1974. ¿Cómo te hace sentir eso?

A: Sabes, creo que es justo compararlas. Esta película también se llama Emmanuelle. Lo que no es justo es cuando digo que quería seguir mi propio camino y la gente sigue preguntando: sí, pero querías revertir el principio de la primera película. Y yo estoy como, está bien, esa es una forma de verlo. Pero parece que simplemente no puedes creer que estoy tratando de contar mi historia. Crees que necesariamente tengo que oponerme a un cineasta hombre. Y creo que en esta cuestión tenemos parte del problema. El problema general es que, cuando las mujeres comienzan a expresarse, pensamos que se están expresando en contra de lo que conocemos. Quiero decir, la mirada masculina. Preferiría decir la mirada patriarcal. Pero no es en oposición. Simplemente nos expresamos. Es una nueva proposición, pero no en oposición. Pero debo decir que sigo a través de críticas que algunos hombres se sienten atacados por la película. No todos, porque también veo una generación cambiante. Pero algunas de las respuestas muy violentas hacia la película provienen de personas que piensan que están bajo ataque cuando ni siquiera estoy pensando en ellos. Así que eso es muy raro. No sé. Es una nueva proposición, pero no en oposición. Honestamente, lo que no me gusta es que no estoy tratando de hacer una guerra entre géneros. Por ejemplo, el personaje de Kei: es un hombre, tiene problemas como ella. Realmente creo que es un puente entre géneros.

Audrey Diwan
La directora Audrey Diwan

 P: (Para Noémie) Casi siempre estás en la pantalla. ¿Tuviste que repetir muchos planos? ¿Has tenido mucha libertad en la actuación? 

N: Depende de la escena. Hay escenas, y eso es algo interesante en mi personaje, en las que estoy atrapada en algo y tengo que hacer lo que me pidan, por el propio argumento. Ahí no tengo mucha libertad. Pero hay otras escenas en las que me tengo que soltar y ahí Audrey me dio mucha libertad, también para proponer muchas cosas, como la escena de la masturbación. Hicimos muchísimos ensayos, y en ellos proponíamos ideas con Audrey. Ahí es cuando podemos hacer nuestra profesión como actrices, porque no somos solo un objeto al que le dices haz esto o haz aquello. No, también tenemos ideas.

P: A partir del Me Too están apareciendo más películas de temática erótica dirigidas por mujeres. ¿Qué opinión te merece?

A: El movimiento Me Too nos permitió encontrar (a Noémie y a mí) nuestro propio espacio, ir muy lejos. Me encanta devolverle el control a Noémie Merlant en el set, y construimos el significado juntas. Ella es libre de ir tan lejos como crea que es bueno para el personaje. Así que creo que hay algo bastante revolucionario aquí, pero no de la manera en que la gente piensa. Escucho a menudo que el Me Too es un límite a la libertad, pero eso es una mala interpretación de lo que realmente supone. Quizás lo es para algunas personas, pero para ellas probablemente no quiero hacer películas. 

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