Desde el otro México. “Pasaje Rodríguez”: un clásico de Tijuana
Rosanne Quintana Chang, Melina Illian Ramírez Bello y Fernando Domínguez Pozos//
En el corazón del centro de Tijuana, entre la avenida Constitución y la famosa avenida Revolución mejor conocida como “La Revo”, existe un atajo poco convencional que esconde mucho más que una simple ruta peatonal, se trata del “Pasaje Rodríguez”, uno de los primeros pasajes comerciales de la ciudad, con origen en la década de 1920 y restaurado en 2009 para revivir su esencia urbana y cultural. Un letrero discreto, con un estilo de tipografía propio de los años noventa, cuelga sobre la entrada con la frase “Pasaje Rodríguez: corredor cultural comercial”.
El letrero de la Rodríguez, no grita por atención, pero cumple su propósito, tanto en español como en inglés; sin embargo, lo que realmente detiene la mirada no es el nombre, sino los murales que abrazan las paredes desde el primer paso. El arte urbano, con una clara influencia estadounidense, no solo adorna el lugar: lo define. Es una carta de presentación visual de la frontera. Pero no todo se reduce al estilo importado: también hay elementos profundamente locales. Las paredes reflejan a comunidades diversas como la ciclista, los músicos callejeros, y personajes emblemáticos como un luchador con un traje revolucionario, de pie frente al perfil urbano de Tijuana.
Un turista, intrigado por uno de los murales que retrata a varias personas, se detiene a conversar con un comerciante local. Señala una figura pintada y pregunta por su significado. El vendedor, responde: “That ‘s me” (ese soy yo), y luego añade mientras señala a otro personaje: “And the buddy next to me is my friend” ( y el hombre a un lado de mi es mi amigo). Explica que el mural está compuesto por los rostros de quienes frecuentan el pasaje: comerciantes, artistas y visitantes habituales. Así, como los muros, el lenguaje también refleja la identidad híbrida del lugar. El spanglish fluye con naturalidad entre los visitantes, igual que en la entrada, donde un cartel da la bienvenida en ambos idiomas: “Bienvenidos y welcome”. Estos son los rasgos propios de un pasaje, el que une, conecta, generalmente dos calles o avenidas, pero en este caso, conecta dos países que por más que buscan ser separados por sus líderes políticos, se mantienen unidos por su gente y el ir y venir fronterizo de los habitantes de ciudades como Tijuana, sí, donde empieza la patria (mexicana). Un pasaje, un momento, un instante, un recuerdo. Quienes los recorren se sumergen en un auténtico ambiente singular de cada región, en este caso Tijuana, una ciudad que guarda un misticismo único de la frontera, hace imposible no voltear a ver lugares como estos, donde las fronteras se difuminan.
Al interior del pasaje, el ambiente cambia. La música guía el paso. Cada puesto, cada tienda, parece tener su propia banda sonora: los géneros cambian sutilmente de acuerdo a cada espacio. En uno de estos espacios, donde una multitud se había reunido, predominaba el sonido del rock: guitarras eléctricas, voces rasposas y bajos profundos llenaban el ambiente. Al acercarse, se podía ver que el sonido provenía de una proyección de Javier Bátiz en el CECUT, en Tijuana, icono de la música tijuanense y del auténtico rock nacional.
Más allá de esta proyección, en el Pasaje Rodríguez no solo se encuentran lugares -exclusivamente- de música. Aquí conviven librerías, cafés, bazares donde se puede encontrar ropa nueva y usada, estudios creativos que exhiben stickers, gráficos y otros productos artísticos, y lecturas de tarot donde el olor a palo santo se mezcla con el ambiente, desprendiendo su aroma peculiar.
Feria del Vinilo Tijuana
Aunque normalmente mantiene un flujo más relajado, la Feria del Vinilo Tijuana, celebrada este año el sábado 26 y domingo 27 de abril, mantiene el pasaje con más vida que en una temporada regular. Jóvenes con estilos vintage, rockeros, skaters, góticos, entre otros miembros de las diversas tribus urbanas que coinciden en la siempre singular Tijuana, curiosean entre los estantes, mientras adultos entre sus cuarenta y sesenta años buscan discos que marcaron su juventud: nombres como Hombres G o The Rolling Stones aparecen una y otra vez entre las portadas. Hay quien no busca nada, pero se quedan a observar. En esta ocasión, la feria resulta especialmente oportuna para dos jóvenes que, en principio, solo iban de paso y buscaban un CD para reproducir en su carro. El lugar donde buscan: un pequeño local de música, no más grande que una habitación de cuatro metros cuadrados, que alberga una sorprendente cantidad de discos. La música, clasificada cuidadosamente por épocas y géneros, está organizada en estantes con etiquetas enmicadas que facilitan el recorrido entre décadas y estilos: desde joyas olvidadas del underground hasta clásicos del pop.
Justo al cruzar de nuevo hacia la avenida Revolución, lo artesanal no se detiene: abundan las cervecerías y cafeterías locales, una extensión natural del espíritu independiente que define esta zona del centro. De todas, recomiendo Teorema, no solo por la calidad de su cerveza, sino porque fue el lugar ideal para cerrar mi visita que, en principio, solo buscaba un CD y hacer tiempo antes de un concierto en el Jai Alai, también ubicado en el corazón de Tijuana.
Entre las personas, los comerciantes, los turistas y la historia, estos lugares rescatados por la necesidad de expresar arte, de conectar en tiempos de caos y construir un refugio para la singularidad urbana de la región, permiten que cualquiera pueda encontrar un refugio social entre la diversidad de sus puestos.
El Pasaje Rodríguez no está solo. Forma parte de una red de corredores en el centro de Tijuana, como el Gómez o el Revolución, que han sido recuperados en los últimos años por artistas, colectivos y comerciantes independientes. Lejos de ser simples zonas de paso, estos espacios funcionan como pulmones culturales: ahí donde antes había abandono o comercio convencional, ahora florecen galerías, cineclubes, librerías independientes y talleres de arte. Caminar por ellos es como recorrer un archivo vivo de las identidades tijuanenses, en constante movimiento.
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