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El nuevo terror se llama marketing

Quizá la esperanza esté en la sangre y el romance. Normalmente, a estas alturas del año ya suelo tener claros unos cuantos títulos para incluir en mi TOP10 en diciembre. Es algo que llevo haciendo desde 2015, en todos los medios en los que he estado y ahora, en Aragón Radio. También pido la colaboración de colegas del medio audiovisual y de algunos críticos para que comenten su título predilecto, pero este año tengo más ganas de saber qué films van a elegir ellos, antes de estructurar los que tengo yo en la cabeza, porque últimamente me invade una pereza poco usual. Una pereza que me viene derivada por la, en mi opinión, falta de sorpresa en muchas grandes (y pequeñas) películas estrenadas este año. Es inevitable y lo sabemos todos, pero intento hablaros de un sentimiento aún más fuerte. Os hablo de una decepción que no cesa y que quizá ni siquiera tenga que ver con el cine, ni con las historias. Quizá tenga que ver con el tiempo y esta época. Una decepción abanderada por los dos films estrella de la temporada.

Dani Calavera // @dani_calavera

Que vaya por delante que admiro y aplaudo el arrojo, la valentía y el hacer de todos aquellos que se lancen a la aventura de crear desde cero un largometraje, incluso si se trata de un encargo de mero marketing (Marvel, Disney, DC o cualquier otra Mayor) o de una pequeña cinta independiente de poco presupuesto, pero todo aquel título que tiene la suerte o el privilegio de ser estrenado en salas, pasa a ser analizado por los espectadores y yo, como uno de millones, no puedo evitar estar perdiendo la capacidad, ya no de sorpresa, si no de ganas. La sorpresa desapareció hace mucho y cuando vuelve, es algo casi milagroso. No me las doy de listo, más bien todo lo contrario y os estoy pidiendo ayuda, a todos, porque quizá se trate de mi, o mejor dicho, de mi generación. En la sección de cine en la que hablo cada viernes en Aragón Radio, lo comenté con el presentador del programa, Rafa Moyano: “Quizá sea yo, Rafa. O quizá sea nuestra generación. Es como si nos hubiésemos pasado el juego y ahora, una vez visto, las nuevas generaciones están viendo un cine que a ellos les está descubriendo un cielo nuevo. Un cielo que nosotros no solo ya conocemos, sino del que estamos hartos”. ¿Será esto lo que el mayor de los cenizos sintió con la nueva ola de directores de los 70? Aquellos que se atrevieron a ser más sucios que sus maestros. Más valientes. Quizá sea algo parecido.

Este verano se han estrenado dos films de terror que llevan por bandera el “bajo presupuesto” tatuado en sus números. Que quede claro desde ya, que no se trata de pequeños films independientes, en absoluto. Venderse con esa etiqueta es, como absolutamente todo, una estrategia de marketing. Si los comparas con los mastodontes contra los que compite en salas, entonces hablamos de películas de menos presupuesto y con el mérito de superar otras grandes apuestas. Como ya habréis adivinado, os hablo de las archiconocidas Backrooms y Obsession. Ambas han entrado ya al top10 de films de terror más taquilleros de la historia y también han arrasado con el público más joven. Una de ellas (Backrooms) producida y distribuida por otro mastodonte, más listo, más elegante y más experimentado en la época actual que sus hermanos mayores: A24.

Podría separarlas para su análisis, pero ambas tienen tantas similitudes que prefiero hacerlo a la vez.

Fotograma Backrooms
Fotograma Backrooms

¿Qué voy a deciros? Tenéis todo el derecho a pensar muy mal de mí por meterme con vuestros dos nuevos films favoritos. Podéis pensar lo que queráis, pero os lo repetiré: Este escrito está pidiendo ayuda para entenderlo, porque quiero volver a entusiasmarme y quiero volver a sentir que estoy viendo algo nuevo en el cine, estimulante y si no es nuevo o estimulante, al menos, ver algo divertido, espectacular, entretenido y genial. Podéis pensar lo que queráis, pero estoy siendo muy sincero. “Todo está inventado” “Todo está contado” “Es normal que se repitan patrones y que los nuevos directores homenajeen y se basen (copien) de los anteriores”… Insisto en que esto es conformismo, no realidad. Insisto en que estas frases son defensas de la pereza y no hechos en la narración actual.

Tanto Backrooms como Obsession tienen dos grandes similitudes: Dos historias sin un grandísimo presupuesto dirigidas por dos directores jovencísimos. Bravo por estos chicos, por todo el equipo y por las productoras y distribuidoras por impulsar estos proyectos tan diseñados y marcados para un público joven. No estoy siendo sarcástico, lo digo de verdad. Es maravilloso que dos talentos nuevos y emergentes hayan encontrado un camino tan abierto y aplaudido y más aún, en el género del terror y del fantástico.

Ahora bien. E insisto, ayudadme.

Cineastas, críticos y gran parte del público insisten en que se trata esta de una nueva ola de terror, más allá del “terror elevado” que surgió hará unos diez a cinco años atrás y que nos dejó films como Babadook o la -esta sí- genuina y sobresaliente It Follows de David Robert Mitchell. En mi opinión, y de lejos, la mejor y más -o mejor dicho, única- original cinta de terror de esta nueva era. Pero ahora, tras desenmascarar los trucos que todo el público ya conoce, tras haber adivinado los cineastas y los estudiantes de cine y futuros cineastas – educados por los mismos mercenarios del A, B, C que saben más de dinero y marketing que de arte- que el público se las sabe todas, ahora, señoras y señores, tenemos que ser testigos de cómo el cine se reinventa y tras haber visto que no puede hacerlo a través de la técnica, intenta hacerlo de una forma atroz para el espectador experimentado, pero fácil y engañoso para el espectador que apenas ha leído o visto cine: Repite historias ya conocidas y las ofrece como nuevas. Y lo peor de todo es que esta misma idea se cree a sí misma e incluso es capaz de justificarse. El nuevo terror es como el J.A. Bayona del cine comercial: Una gran y elaborada estafa.

No es que Backrooms beba de ideas ya conocidas y exploradas anteriormente, es que directamente vive dentro de ese concepto. No es algo nuevo, pero sí lo es para el joven o el niño que no quiere, ni le interesa, descubrir nada que aluda al pasado. El pasado tiene ahora dos fronteras, admitámoslo: El siglo XX y la pandemia. Ese es nuestro pasado, esas dos líneas separan el futuro de lo que pudo haber sido. El laberíntico -en dirección de arte y diseño- film del joven y talentoso Kane Parsons es impecable en forma, innegable. Estamos asistiendo a una película de terror y atmósfera capaz y más o menos entretenida. Ahora bien, no puede ser más simple. Es una única frase que se repite y usa elementos que conocemos todos, alargando escenas que sabemos cómo van a acabar e incluso el texto que van a usar -Por favor, no caigáis en el camino fácil, no penséis que el autor de este artículo quiere dárselas de listo. Sólo quiero haceros ver que el conocer un patrón narrativo es algo sencillísimo a lo que puede llegar cualquiera si se entrena, como quien juega a videojuegos o quien no para de escribir.- Lo mismo, una y otra vez. ¿Capaz? Sí. ¿Efectivo? Sin duda. ¿Genuino, original, un nuevo lenguaje, algo nunca visto? Por dios, por mucho que lo leáis, NO.

Y lo mismo ocurre con la celebrada y aplaudida Obsession. Incluso quizá más. Al fin y al cabo, Backrooms nace de un juguete sencillo y claro, incluso honesto, de YouTube. Pero no ocurre eso con Obsession, que nace de un guión original. El film de Curry Baker funciona por lo mismo que funciona el de Parsons: Es lo mismo de siempre, pero escondido y camuflado y en este caso, aún más claro. Es una película que coge el mito de la mano de mono, como han hecho cientos de historias antes -en televisión sobre todo- y cambia el objeto por una barra en una tienda. A partir de ahí, cuatro personajes con arco, tres de ellos con un pequeño giro, y ya. Ya está, ya hay película. ¿Cómo es posible? Del mismo modo que el film de Baker: Alarga una sola idea, alarga sus escenas, tensa al espectador que no sabe cómo van a acabar las escenas, pero sorprende -para mal- al que sabe incluso las palabras que los protagonistas van a soltar en diálogos que todos hemos oído cien veces antes. Se trata de un nuevo lenguaje únicamente para aquellos que no conocen ningún otro lenguaje. ¿Méritos? Sus actores, están todos maravillosos. Los “jumpscare” funcionan y el principal -casi diría único- talento genuino de todo el conjunto, sin duda, es su montaje. Los breves y mínimos atisbos de originalidad los detecté en la construcción al corte de los más poderosos planos y más capaces escenas.

Cartel Obsession
Cartel Obsession

Lo repetiré y resumiré: No estoy diciendo que sean malas películas, en absoluto -además, no soy quien para decirlo, pero si habéis llegado hasta aquí leyendo, entonces es que tengo vuestra atención y estáis interesados- pero sí digo que la falta de originalidad es palpable, justificable e incluso, como creo que habéis visto, explicable. Confío muchísimo en Robert Mitchell -Os imploro ver como es debido It Follows. Eso SÍ que es nuevo lenguaje-, confío en Nia Dacosta -Alguien capaz de una secuela como la nueva Candyman merece toda nuestra atención al no repetir patrones, sino intentar mejorarlos-, en los genuinos Jordan Peele y en el maestro Flanagan y también en los textos de Zach Cregger –Barbarian, Weapons– que en lugar de copiar patrones fílmicos, se fija en los cuentos clásicos y reinventa sus mitologías en la actualidad. Al menos, intenta aludir a nuestra vanidad cultural y eso siempre es recibido con un agradable “touché”. Si el terror y el género se mueven a través de estos padrinos, entonces es un futuro brillante el que le espera. Sin embargo, si es el marketing el que lo remueve entre el espectador y no se fija en otra cosa que no sea la moda o la tendencia, entonces, en 2027 veremos a Baker subir a por el Oscar a mejor guión original. Eso podría ocurrir, porque todo es marketing y al menos, la nominación seguro que se la lleva. ¿Os jugáis algo? Yo, lo que queráis. Porque ya está escrito.

De hecho, se ha escrito varias veces antes.


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