Fracaso
Julia Til @its.lia_tl //
No seré la primera ni la última persona en suspender el examen práctico del coche varias veces y sentirse como una fracasada. A pesar de todos los intentos, de todas las clases dadas y de todo el dinero gastado, sigo igual: suspensa. Después de cada examen sin aprobar le digo a mi padre que he vuelto a fracasar. Y él, a menudo, me dice que no tengo que sentirme una fracasada, que no llore. Que lo que hoy es un fracaso, se convierte en una lección y mañana será un éxito. Aunque da rabia, siempre pienso que tiene razón y que seguir practicando y probando suerte en el examen me hará mejor conductora cuándo tenga mi carnet.
La sociedad actual celebra muchísimo los éxitos personales. Pero tiende a evitar los errores. Cuando fallas en algo, siempre hay una causa y podemos aprender para no volver a cometer esos mismos errores. Las redes sociales propician esa aversión al fracaso porque, por lo general, solo se suben logros y parece que a todas las personas les va muy bien. Por eso muchos nos sentimos obligados a triunfar sin permitirnos fallar. La verdadera pregunta es si el fracaso es tan malo. Pista: no.
En vez de verlo como algo negativo, hay que percibirlo como un reflejo de nuestra voluntad para intentar las cosas. El fracaso es un paso para aprender y ser exitosos en un futuro. “El que no arriesga no gana”. El filósofo y escritor Samuel Beckett tenía un mantra que decía “Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better”. Sus palabras significan “lo intentaste alguna vez. Fallaste alguna vez. No importa. Inténtalo otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. La forma de pensar de Beckett da a entender que el fracaso no es el final, sino parte del camino para mejorar. Cada intento nos da una enseñanza diferente y nueva y nos prepara para lograr nuestros objetivos.
La sociedad moderna no favorece esta mentalidad. Vivimos rodeados de un constante temor al fracaso sin verlo como una oportunidad. Este miedo nos impide siquiera intentar lograr nuestros sueños, solo por la posibilidad de fallar en el intento. Debemos normalizar el fracaso, porque no nos define. Lo que sí nos define es la capacidad que tenemos para levantarnos y volver a intentar. Nos caracteriza nuestra capacidad para aprender de los errores. Tenemos una presión asfixiante por ser perfectos, pero eso no siempre es posible. Se dice que el verdadero fracaso es el dejarse caer sin intentar siquiera llegar a la meta. ¿Qué importa si fallas? Levántate e inténtalo las veces necesarias. ¿Qué importa lo que digan los demás? Inténtalo de nuevo. “Fracasa mejor”.

