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Las ninfas de Orea: Del bosque a tu casa

El Bosque de la Abundancia no está solo. El suelo está cubierto de tomillo seco y flores de cantueso que crujen con cada pisada. Entre la maleza crecen escaramujos, bellotas y piñones; el aire huele a resina y a madera calentada por el sol. Quizá exista alguien —o algo— que agite el bosque y deje el rastro de todo lo que guarda. Aquí, a aproximadamente seis kilómetros de Orea —cuyo significado es “ninfa de los bosques y las montañas”—, la idea no parece mitológica.

Sheila Lafuente// @sheilafuentte

Geógrafa colaboradora: Lucía Lambán

El monte se extiende alrededor del pueblo en miles de hectáreas. Hay zonas donde el pinar deja pasar la luz y otras donde se cierra en banda y la sombra lo cubre todo. Donde nacen algunos de los primeros hilos del Tajo —el Hoz Seca, el Cabrillas, el Gallo—, el monte cambia a cada paso. No es un lugar fácil de recorrer sin conocerlo. Y las ninfas de Orea lo dominan al dedillo. Como antes lo hicieron otras. 

La forma de recoger, de tocar y de sentir la sierra se ha transmitido como esquejes: unas manos pasaron su sabiduría a otras sin ser conscientes de que, hoy, seguiría creciendo. Esas manos tienen nombre y apellidos. Son las mujeres de Orea que conocen el monte, las que transforman lo que crece en infusiones, hidrolatos o cosmética. Las que, en 2018, crearon el proyecto Del bosque a tu casa con el fin de dar valor a todos aquellos saberes y, como ellas mismas dicen, empoderar a las mujeres en un entorno donde apenas había oportunidades. 

El bosque

A primera hora de la mañana, las mujeres voluntarias que forman parte del proyecto comienzan sus labores de recolección. Avanzan por el monte húmedo sin mirar ese suelo que tantas veces han recorrido. Frente a un arbusto de cantueso, que tiñe de violeta la tierra de la sierra, se detienen. Hay un gesto que se repite: cortar la parte del tallo y dejar intacta la base.

—Tienes que cortar estratégicamente —comenta Marta Corella, portavoz del proyecto—. Hay que cortar por la parte herbácea para favorecer que vuelva a brotar.

Sin embargo, la recolección no es constante. Depende de la estación, de las heladas invernales o de las lluvias torrenciales. Depende, además, de la forma y tipo de planta. A veces no hay nada, y otras lo justo. “Esto no es una fábrica inagotable”, cuenta Corella. “Hay productos cuando el monte lo permite”. Y es que este es el que marca el ritmo. 

Bosque de la Abundancia, en Orea (Guadalajara)
Bosque de la Abundancia, en Orea (Guadalajara)

Las manos recolectoras no amontonan, sino que recogen en cajas color madera lo que el día —y el bosque— ha aportado. Es en un edificio habilitado para prácticas micológicas donde aguarda el siguiente paso. Tras sus puertas, se descubre una mezcla de olores difícil de descifrar. En pequeñas salas distribuidas en el antiguo centro social, Del bosque a tu casa procede a transformar lo recogido en algo distinto. Aquí el monte entra y sale convertido en sentidos. 

Del bosque al laboratorio

Dentro, todo tiene un estricto orden que no te deja volver atrás. Primero, el pesaje. Después, la mezcla. Luego, la transformación. Las plantas se extienden en mesas largas y dejan que la sequedad llegue poco a poco. En una esquina, el agua hierve mientras el vapor de agua atraviesa todo lo que llevan dentro. Así crean sus destilados herbales, donde se concentran los aceites esenciales de las propias plantas. 

—El hidrolato es una destilación —explica—. El vapor pasa por el producto y luego se convierte en agua.

Pero su tarea no queda en eso. En estas salas, el bosque adopta otras formas. El áspero cantueso o el rígido tomillo se convierten en ambientadores naturales que, al romper sus hojas, impregnan el ambiente con sus aceites esenciales. Ya sea en el baño, la cocina o para el coche, estos productos transforman cualquier espacio en un rincón de naturaleza. 

Los boletus recogidos en otoño se convierten en polvo fino que acaba en los guisos de quienes los adquieren, aportando un sabor que recuerda al bosque tras su lluvia. Algunos frutos, recogidos en su punto justo, se dejan macerar en licores oscuros que saben a monte y a sombra fresca. 

Además, aprovechan todo lo que el bosque provee: piñas, troncos o ramas secas, transformando elementos naturales en piezas decorativas que conservan la esencia del entorno. Todo ello encuentra salida en productos comercializados de manera online o, directamente, en Orea. La cosmética, sin embargo, sigue en proceso.

Laboratorio Del bosque a tu casa
Laboratorio Del bosque a tu casa

Nada de esto empezó aquí dentro. Comenzó fuera, en las reuniones de las mujeres que hoy sostienen el proyecto, cuando este lugar aún no existía. La idea que tuvieron era sencilla y compleja al mismo tiempo: que comenzase a valorarse lo que daba el bosque. Durante años, las recolectoras vendían lo recogido como materia prima y con poco margen de negocio. Así que ellas, papel y boli en mano, se pusieron a crear un inventario con todo lo que sus abuelas conocieron y transmitieron: lo que servía para infusión, para gastronomía, para curar o lo que simplemente olía.

Quisieron liarse la manta a la cabeza y decidieron introducirse en el mercado. En ese momento de euforia, pensaron que iban a encajar “al no haber productos silvestres en el mercado”. Sin embargo, la falta de competencia no jugó a su favor. No había referencias. No había mercado. Ni había un consumidor que supiera qué estaba comprando exactamente. El proyecto tuvo que esperar. 

Cuatro años más tarde, en 2022, la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico publicó una convocatoria que les permitió escalar el proyecto a nivel nacional. Se crearon nuevos espacios, nuevos obradores. Empezó a replicarse en otras zonas gracias a un consorcio creado con nueve asociaciones en puntos de España diferentes —como Apadrina un Olivo, en Oliete (Teruel); Amufor, en La Serranía (Valencia); o Sembria, en Cardenete (Serranía de Cuenca)— sin perder la lógica inicial. 

El proyecto no ha seguido una línea recta. “Es como las gráficas de los senos y los cosenos: sube y baja”, explica Corella. “Lo importante es que nunca baje por debajo de donde empezó”. Porque crecer en un entorno rural tiene un punto hasta el que se puede llegar. 

—No se trata de morir de éxito. Tiene que haber un límite, hasta donde lo puedes permitir con las instalaciones que tienes —dice la portavoz—. Aun así, es satisfactorio, porque no sabes hasta dónde estás impactando.

Productos Del bosque a tu casa
Productos Del bosque a tu casa

Del bosque a tu casa desde dentro

El 90% de las personas que colaboran actualmente son mujeres”, cuenta Marta Corella. No solo realizan las tareas de recolección: entre las cuatro paredes que conforman el laboratorio Del bosque a tu casa, algunas de ellas acuden a etiquetar, preparar los productos o a llenar infusiones. Para muchas, esto no solo es una actividad comunitaria, sino la posibilidad de quedarse en un territorio donde la despoblación comienza a actuar. 

—Yo, en mi pueblo, no he podido ejercer mi profesión hasta que llegó este Del bosque a tu casa. Poder trabajar aquí, este proyecto es el que me lo ha permitido.

Marta Corella, portavoz del proyecto Del bosque a tu casa
Marta Corella, portavoz del proyecto Del bosque a tu casa

Marta estudió Ingeniería Forestal, pero no fue hasta la creación de Del bosque a tu casa cuando pudo hacerlo desde su propio pueblo. Su caso no es el único. Raquel llegó desde Valencia buscando su lugar en el bosque. Fue en el pueblo guadalajareño y en este proyecto donde encontró una forma de trabajar el territorio y desarrollar su formación de genetista. 

En Orea, con apenas 200 habitantes, cinco puestos de trabajo vinculados al proyecto no pasan desapercibidos. Pero no es solo eso: cerca de treinta mujeres tienen la oportunidad de continuar con un legado sin desligarse del territorio participando de manera voluntaria. En la asociación conviven recolectoras jóvenes que acaban de empezar con otras que llevan décadas en el territorio; algunas sin formación reglada, otras con estudios especializados. En sesenta manos con restos de resina, tomillo y tierra, se encuentra la manera de continuar en el monte que cuidaron las recolectoras pasadas y que, ahora, miman ellas.

Del pueblo al bosque

—¿Tiene sentido seguir viviendo del bosque?

—Si antes fue el sustento de estas comunidades, ahora, con más tecnología e innovación, no tiene sentido pensar que no pueda seguir siéndolo. El bosque y quienes viven en él no se entienden por separado —afirma Corella. 

Porque el bosque sin su gente, como todo ser vivo, muere. Si no existiese quien recolectara sus frutos y rejuveneciera sus suelos, terminaría desvaneciéndose en cenizas de cantueso, de tomillo y de pequeñas piñas. Es en ese proceso donde se expone la conexión entre el pueblo y el monte, porque “los bosques son comunidad, y la comunidad es el bosque”. 

Del bosque a tu casa, en Orea (Guadalajara)
Del bosque a tu casa, en Orea (Guadalajara)

Almudena Grandes escribió: “Lo bueno siempre perdura, vive en la memoria y se proyecta en el futuro”. Quizá de eso trate el camino del proyecto Del bosque a tu casa, donde mujeres decidieron que su lucha por el pueblo no terminaba en la plaza del ayuntamiento. Empezaba en un bosque silencioso donde abundan saberes ancestrales. Donde las nuevas generaciones de recolectoras consiguen labrar su propio futuro. 


Este reportaje forma parte del Proyecto de Innovación Docente de la Universidad de Zaragoza (PIIDUZ_2 Consolidados), Comunicar buenas prácticas de desarrollo territorial en la Unión Europea en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Quinta edición) con “Ellas son campo”.

Puedes leer el resto de artículos en la sección «Reportajes».

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