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Luchar por un fin compartido: la revolución

Lucía Padilla Gracia//

El pasado 12 de marzo dio comienzo la primera sesión de las I Jornadas de Literatura Actual de la Facultad de Filosofía y Letras, promovidas por la catedrática de Literatura María Ángeles Naval, junto a Transficción, y con el patrocinio de la Institución Fernando el Católico de Zaragoza.

Ya en el Aula Magna, María Ángeles Naval quiso resaltar la oportunidad que suponen estas jornadas para dar relevancia y espacio a discursos literarios clave en nuestra sociedad contemporánea y que los libros generen debate.

Una misma lucha

Una belleza terrible, de los escritores Edurne Portela y José Ovejero, fue la obra encargada de inaugurar las jornadas, que se celebrarán en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras durante los meses de marzo y abril, y serán conducidas por la profesora María Ángeles Naval.

Se trata de una novela híbrida que conjuga el saber histórico y la documentación exhaustiva con una ficción narrativa excelsa. Todo transcurre en un marco temporal articulado en torno al trotskismo y la revolución. El relato parte de las huellas dejadas por antiguos conflictos bélicos en varios países, desde el París de la Primera Guerra Mundial hasta los años 80, al tiempo que puntualiza los momentos vividos en España durante la Guerra Civil o en la Argentina peronista, en un contexto de dictaduras.

La obra retrata a personajes que no entienden de clases y que se sacrificaron por una causa política en un mundo que perciben como injusto. La historia se articula en un contexto de agitación y deseo de transformación social, en el que repercuten ideas asociadas a la corriente de pensamiento trotskista: una constante necesidad de cambio, así como la denuncia de la concentración de poder en una sola figura.

Los escritores se sirven de la vida de Raymond Molinier para estructurar la novela y dar paso a importantes mujeres revolucionarias como Jeanne Martin des Pallières o Vera Lanis, quienes combatieron juntas para alcanzar un mismo objetivo: justicia e igualdad.

Tras la presentación y encuadre de las jornadas, la escritora Edurne Portela y el escritor José Ovejero agradecieron la invitación y manifestaron su emoción por poder hablar y compartir su proceso de escritura en este espacio académico.

Las piezas del puzzle

A pesar de la larga trayectoria personal y profesional de esta pareja de escritores, Una belleza terrible es su primer libro en común. Edurne confiesa que la idea les atrajo a los dos, pero fue José quien encontró a Raymond, el personaje que articula toda la historia. La novela requería mucha investigación y escritura compartida; admiten que ha sido un camino bonito y enriquecedor.

En el contexto que manejan, Edurne matizó la importancia del personaje de Trotsky: es más una idea, un faro que guía a los demás, que un personaje central. Por eso no podían escribir esta novela sin él; de algún modo le rinden homenaje, aunque, como la escritora admitió entre risas: “en la novela lo tratamos un poco mal, no le pasamos ni media”.

El proceso de investigación se dividió en dos partes: la búsqueda en archivos —desde documentos y cartas hasta cualquier información registrada sobre los personajes— y la recopilación de testimonios, sobre todo en Francia y Argentina, de personas que militaron junto a Raymond en los distintos proyectos revolucionarios, explica José.

Incide en que ellos no dan voz a los protagonistas, sino que se hacen eco de voces que ya existían en mayor o menor medida. En el caso concreto de las mujeres, el propósito pasaba por rescatarlas del olvido y recuperar para la historia su experiencia vital.

De izquierda a derecha, María Ángeles Naval, Edurne Portela y José Ovejero

En relación con el patriarcado instaurado, Edurne comentó que a ambos les interesaba adentrarse en la vida de estas mujeres e intentar imaginar cómo lidiaban con esa posición subalterna cuando lo que querían era hacer la revolución como sus compañeros, pero no se les permitía en igualdad de condiciones. La escritora describe la situación de tiempos pasados, momentos en los que era común que el papel de la mujer se limitara a poner el cuerpo y la inteligencia al servicio de la causa. Al mismo tiempo, eran ellas quienes sostenían la vida en esos grupos: cuidaban de hijos y compañeros, y funcionaban como amas de casa que luchaban por un fin compartido, la revolución.

Poner orden al caos: escribir juntos

Ante el reto que suponía escribir a cuatro manos, los autores confesaron que habían lidiado como habían podido con el proceso de escritura. José se acercó al micrófono y admitió que era lógico no aspirar a un estilo común. Buscaron multiplicidad de opciones narrativas. De ahí que en algunos capítulos recurrieran conscientemente a la primera persona y en otros optaran por la tercera.

Sobre el proceso creativo, José argumentó: “Al principio, la verdad es que no teníamos ni idea de en qué consiste escribir a cuatro manos de verdad; empezamos haciendo lo más sencillo —Edurne que escriba lo que quiera y yo escribo lo que quiero— y, según avanzamos, nos leemos mutuamente, de manera que eso también influía en la forma en la que escribimos”. Aseguró que, a pesar de tener estilos diferentes, compartían intereses, lo que facilitó en gran medida el proceso de creación.

Ante la pregunta de si habían discutido mucho, Edurne lo negó con una sonrisa: “No, a pesar de lo que mucha gente cree, no nos hemos enfadado”. Explicó que ambos parten de una base de respeto hacia la escritura del otro y de una admiración mutua, algo que también aplican en su vida en común; en ese sentido, no les fue complicado.

Una de las cuestiones que más interés despertó entre los asistentes giró en torno a la autoría conjunta y a la técnica empleada en la elaboración de la novela.

Lejos de adueñarse de las palabras, Edurne resaltó la labor de ambos —autor y autora— con nombres propios. Sin embargo, en esta ocasión lo importante era el texto que estaban creando y no quién escribió qué. El esfuerzo consistía, desde el principio, en encontrar la forma de crear un texto que recogiera lo mejor de cada uno.

A su lado, José manifestó que desde hace tiempo aborrece la idea de tener un estilo personal. A su juicio, el estilo es una cárcel, y rememoró cuando era más joven y algún crítico apuntaba que ya había encontrado el suyo.

Frente al micrófono, y consciente de la fuerza que este le confería, expresó: “Yo no quiero encontrar mi estilo, no quiero sentirme atado, quiero cambiar con cada novela. Pero sí, aspiro a poder utilizar todos los recursos que estén en mis manos y no limitarme a una forma de abordar la literatura”.

revolución
De izquierda a derecha, María Ángeles Naval, Edurne Portela y José Ovejero.

Por otra parte, dejaron clara la unión que los mantiene como escritores y que les ha permitido trabajar de manera intuitiva, sin trazar un guion previo.

En este sentido, Edurne no habló de ordenación; admitió que al principio la sensación dominante era de desesperación, al no haber establecido unos parámetros mínimos o un consenso sobre el que articular tanta cantidad de información como la que manejaban. Esto no les impidió crear y alcanzar un tono, una atmósfera.

La exposición pública: autores y personajes

En el encuentro también hubo cabida para las preguntas. Una de las primeras en intervenir fue Irene, estudiante del último curso de Filología Hispánica, quien, tras leer la novela, sacó su agenda. Con las sonrisas de sus compañeras como telón de fondo, encendió el micrófono y quiso saber cómo se sintieron al aparecer de manera explícita en la obra, como dos personajes más, si se sintieron vulnerables.

Edurne tomó la palabra y, tras intercambiar una mirada con José, esperó unos segundos antes de comenzar: “Las partes más personales las fuimos escribiendo porque necesitábamos escribirlas”.

La autora explicó que nunca antes había presentado nada sobre sí misma y que se sentía expuesta. Sin embargo, matizó que en el caso de José esto es más habitual, ya que parte de sus ideas las publica en el diario La Marea.

Ambos admitieron que, aunque intentaron separar al autor de la obra, al enfrentarse a un texto que surge de ellos y de las circunstancias que les rodean, es inevitable que esa relación revele el mundo afectivo que la atraviesa.

José completó las palabras de su compañera añadiendo que han escrito una novela y ellos están escondidos tras ella, pero que, por una vez, querían mostrar esas inseguridades, debilidades y momentos que estaban atravesando, factores que explican que la novela sea así y no de otra manera.

Suma y sigue

A modo de cierre, los autores respondieron a otra de las preguntas del público, interesado en averiguar qué habían aprendido el uno del otro.

Edurne admitió que ambos habían aprendido mucho, aunque no supo concretar exactamente qué. Ante los bloqueos que surgían, el apoyo mutuo, sumado al cruce de ideas, se propiciaron momentos de creatividad que, además de ser muy bonitos —como señaló la autora—, resultaron enriquecedores en este proceso de escritura compartida.

José concluyó corroborando las palabras de su compañera y añadió su visión personal, aprovechando para destacar la conexión y la fortaleza de Edurne, capaz de afrontar momentos muy duros y seguir adelante con una disciplina y profundidad notables.

Tras compartir tanto cuestiones literarias como personales en torno a su libro, los autores firmaron varios ejemplares, dando por finalizada la primera sesión de estas jornadas con un público entregado y más que satisfecho con el encuentro.

La siguiente jornada contará con la escritora Corina Oproae, quien hablará sobre su libro La casa limón el próximo 26 de marzo a las 19:00 también en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras.

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