Investigar la violencia sexual: método, dudas y revictimización
La periodista de El País Ana Marcos inauguró el Seminario Permanente Transficción del año 2026 en la Facultad de Filosofía y Letras de Unizar con una reflexión sobre el proceso detrás de A mí no me ha pasado nada.
Victoria Cazcarro (@vcazcarro_)//
La periodista de El País Ana Marcos habló del método de investigación que fueron configurando durante la investigación sobre los abusos de poder y las violencias sexuales que tienen lugar en el medio audiovisual en España. Un trabajo que realiza el equipo especializado del que forma parte, junto con Elena Reina y Gregorio Belinchón. El encuentro, enmarcado en el Seminario Permanente Transficción, fue una jornada en la que la periodista reflexionó sobre el proceso recogido en su ensayo A mí no me ha pasado nada (Debate, 2025) en el que relata los entresijos del trabajo que hay detrás de las publicaciones que han realizado hasta la fecha. Entre ellas, destacan los reportajes que sacaron a la luz “el caso Carlos Vermut”.
Este tipo de agresiones sexuales le puede pasar a una mujer que trabaja en hostelería, en la universidad o en una consultoría, afirmó Marcos, pero en el caso del audiovisual median una serie de circunstancias que caracterizan estas violencias, como la admiración a la figura del cineasta y los abusos de poder. “En el caso de la primera mujer [a la que entrevistaron] su trabajo dependía de los amigos de Carlos Vermut. No solamente era su palabra contra la de un cineasta prometedor, sino que podía quedarse sin trabajo”.
Sentimientos de vergüenza, culpa y miedo se filtraban en estas entrevistas, recordó Marcos. Relatar estas experiencias íntimas implica que sientas que te etiquetan en un lugar en el que no quieres estar: ninguna quiere ser una víctima y es necesario un proceso personal para llegar hasta ahí. La periodista añadió que —en la mayoría de los casos— también supone reconocer que todo esto te ha pasado con una persona que conoces y con la que tenías confianza.

La periodista explicó cómo gestionaba la confidencialidad entre las fuentes antes de la publicación. Además, recordó que, tras obtener más testimonios sobre Carlos Vermut, acudió a la primera mujer que había contactado con ella: “Le dije: ‘No te puedo contar qué es lo que les había pasado a las otras mujeres, pero sí te puedo decir que no eres la única’. Muchas de estas mujeres te dicen: ‘Pensaba que estaba loca’ o ‘No sabía si me lo estaba inventando’. Cuando ven que les pasa a otras mujeres, sienten una cierta reparación y consuelo”.
Confianza, ladrillo a ladrillo
En un primer momento, y como primera piedra de la metodología que irían estableciendo, decidió hablar con ellas a través de audios de WhatsApp porque pensó que un mensaje no era suficiente. “Pensé que, si yo le mandaba un audio y me escuchaba la voz, le ayudaría a entender mejor que no era una periodista que le quisiera sacar toda la información y al día siguiente lo iba a publicar todo —explicó Marcos—. No funciona así, no funciona así en general el periodismo, pero en este caso menos”.
Marcos explicó que cuando empezaron a hacer llamadas a sus contactos y comenzaron a llegar estos testimonios, entendió que tenía que tratar esta información de una manera distinta. “La primera mujer que me escribió durante meses me dijo que no me lo iba a contar. Yo la respeté, sin dejar de mantener el contacto con ella”. La periodista contó que en un inicio eran conversaciones informales como tomas de contacto, pero llegó un momento en el que sí había mucha intimidad.
En todos los casos, afirma, la obtención de los testimonios fue un proceso largo en el que iban construyendo un espacio de confianza y seguridad, distinto a otras entrevistas. Marcos relató: “En las últimas conversaciones, que ya había pasado un año desde que empezamos, ellas se abrieron de otra manera. No quiero decir que tuviéramos una relación de amistad ni de una confianza total, pero si había confianza suficiente como para llamar y preguntar sobre alguna cuestión”.

Socialmente se sigue sojuzgando a las mujeres, incluso en círculos cercanos e íntimos. Marcos repara en A mí no me ha pasado nada en cómo nos cuesta reconocer la violencia sexual. En el ensayo, le dedica unas primeras páginas muy relevantes a un encuentro con sus amigas en el que sacaron el asunto de la violencia sexual y emergieron aspectos clave como el del consentimiento: “No, no siempre he tenido ganas de follar con mis parejas o ligues, pero no dije nada por medio a la reprobación. A los silencios. A una reacción que presagie y que tal vez nunca se hubieran llegado a producir”.
Marcos comentaba que, si nos atrevemos a hablarlo largamente con nuestras amigas, nos daremos cuenta de que a todas nos han pasado situaciones similares y, con la suficiente empatía, podemos entender que a nosotras también nos pudo haber pasado algo de gravedad. Es un proceso de reconocimiento que es muy personal, por eso siempre intentaron en la investigación realizar las entrevistas con el mayor respeto y cuidado.
En busca de patrones
Marcos subrayó que, más allá de los hechos concretos relatados por cada mujer, el equipo identificó patrones de manipulación psicológica que se repetían con notable similitud en los distintos testimonios. Conceptos como love bombing, ghosting o refuerzo intermitente les sirvieron para nombrar dinámicas que inicialmente aparecían como experiencias aisladas. En los primeros casos analizados, el cineasta desplegaba una fase inicial de halago y seducción (“eres extraordinaria”, “me encanta estar contigo”, incluso elogios a su trabajo) para, posteriormente, cortar abruptamente la comunicación. Esa retirada repentina operaba como mecanismo de castigo y generaba en ellas una expectativa constante de aprobación. Fue en la reiteración de este esquema donde los periodistas reconocieron un patrón estructural de manipulación, más allá de la singularidad de cada relato.
Ellas tampoco estaban familiarizadas con estos términos, pero sí con sus efectos psicológicos que llegan a desconfigurarte el cerebro y a hacerte perder la voluntad, como describían algunas. “Ya no sabes ni quién eres, todo lo que eres, depende de lo que la otra persona te diga. Es una violencia tan sutil, pero al mismo tiempo que deja unas escuelas tan bestias en las en las mujeres que yo creo que es difícil identificarlas”, afirma la periodista.
Había otro patrón de comportamiento del cineasta: un fenotipo en estas mujeres. “Era realmente impactante cuando llegabas a las entrevistas porque muchas veces no tenían foto de WhatsApp y ver que eran todas exactamente iguales y en ese momento no se lo puedes decir”. La información de las otras mujeres permanecía desconocida entre ellas, de manera que solo conocieron la información relativa a las demás al publicarse en el periódico.
Bajo escrutinio inmediato
“Cuando te pones a trabajar, te das cuenta de que ellas no ganan nada inventándoselo. La historia nos demuestra que ninguna se hace famosa y que la cancelación habitualmente se les aplica a ellas, no a ellos”. Aclara que una cancelación no tiene por qué ser un linchamiento de una figura publica sino, por ejemplo, una depresión que te inhabilite en tu trabajo.
La periodista de El País compara su trabajo con el de sus compañeros, que llevan más de cinco años investigando la pederastia en la iglesia. “Jamás les cuestionaron que esos niños y esas niñas se inventaran nada. ¿Por qué en ese caso, no; pero en el caso de las mujeres, sí?” El cuestionamiento está ahí, afirma Marcos, porque pervive la idea de que están buscando un rédito a costa de ellos.
Un cuestionamiento que a menudo es exacerbado por el hecho de que ninguna de ellas ha presentado una denuncia policial más allá de la acusación periodística. En el ensayo se hace referencia que tan solo un 8% de mujeres se animan a denuncian en España. “Los efectos de estos procesos judiciales se eternizan porque aún son necesarias demasiadas pruebas para determinar una agresión sexual, lo que produce un efecto disuasorio, entre otras razones”.

El equipo de periodistas —Belinchón, Marcos y Reina— también recibió críticas, argumentando que eran unos manipuladores: que habían sido ellos quienes había fabricado los relatos. La periodista niega estas acusaciones: “En estas conversaciones ninguno de nosotros las convencimos de nada ni les dijimos que habían sufrido violencia. No. Más bien ese proceso de reconocimiento venía a través de ellas”.
Muchas mujeres que sufren cualquier tipo de violencia tienen problemas para recordar. Sus relatos no son coherentes. Muchas veces, cuando van a juicio, se les exige una coherencia cuando a lo mejor, y está estudiado científicamente, vivió un momento de shock o de parálisis. “En nuestro caso, entregamos la parte de sus testimonios y siempre se sintieron identificadas; no sintieron que nos estábamos inventando nada”.
La segunda violencia
La revictimización sucede cuando se publica una información de este tipo. En un primer momento hubo mucho respaldo en el caso de las dos investigaciones sobre Vermut, pero llegó un momento en que empezó un cuestionamiento. “Esto es mal sexo”, “Pues, mira, haberte ido”, “No te gusto un día que follaste”, son algunas de las acusaciones hacia ellas que aparecieron en algunos medios. “Se produce una revictimización, que es no creerlas otra vez, y cuestionar por qué se fueron, por qué eran unas mojigatas”.
En estos casos, a menudo, se mezclan relaciones personales, además de haber un abuso de poder y en algunas, sí que mediaba la cuestión laboral, pero en otros al final tenían unas relaciones personales y sentimentales con este hombre. Marcos afirma que: “En estos casos, la revictimización es mayor”.
El proceso de verificación consistió en contrastar las llamadas, firmar declaraciones juradas y hablar con el círculo cercano de las implicadas. Fue un proceso exhaustivo porque debían cerciorarse, en la medida de lo posible, de que la información era demostrable.
Una de estas mujeres, cuenta Marcos, cuestiono frontalmente su metodología. “¿En serio, tú no eras la que me habías dicho que me creías?”, parafraseó la periodista en la charla. “Muchas veces me planteo si yo también estoy revictimizándolas, pero sé lo que viene después en la edición; una edición que jamás hicieron cuando escribía de política donde la mayoría de las fuentes eran anónimas también”, reflexiono la escritora.
Voz a los acusados
La incorporación del testimonio de los acusados es algo que Marcos considera muy importante, incluso para que las creyeran a ellas. Admitió que, tras la primera publicación sobre Carlos Vermut, recibieron muchas críticas por la respuesta del cineasta. Ante estas acusaciones, él respondió, como se puede leer en el artículo, que es una persona promiscua y que mantiene mucho sexo duro. “Yo lo que le contesté es que en ningún caso un periodista está para juzgar las prácticas sexuales que mantengan los cineastas, ni los panaderos, ni los profesores”, afirmó la periodista.
En el caso de Eduard Cortés, según los testimonios recabados, el patrón descrito era distinto: se trataba de jóvenes que recibían propuestas laborales que, presuntamente, iban acompañadas de exigencias o insinuaciones de carácter sexual. Muchas de ellas se encontraban en una posición de vulnerabilidad y manifestaban temor ante las posibles consecuencias profesionales. Marcos subrayó que, pese a la gravedad de las acusaciones, el equipo consideró imprescindible incorporar la versión del director. Como cualquier persona señalada en una investigación periodística, tenía derecho a responder y a que sus declaraciones no se hicieran públicas antes de la publicación del reportaje, en igualdad de condiciones que las denunciantes.
Represalias legales
La periodista confiesa que contaban con la posibilidad de denuncias desde el principio, pero que cuando te llega es muy desagradable. Marcos explica que Carlos Vermut tiene una abogada que parece haber convertido la denuncia en una causa política. “No tengo una bola de cristal, pero no me gustaría que se convirtiera en un caso mediático que ni siquiera sea contra nosotros, que sea contra la valía de una denuncia pública en un medio de comunicación —expresó la periodista—. No solo eso, sino contra estas mujeres cuyos nombres todavía se puedan filtrar. Yo no puedo controlar nada de eso ya”.
Explicó que, con bastante frecuencia, al día siguiente de publicarse un caso de violencia sexual en un medio de comunicación, OkDiario se encarga de divulgar el nombre y los mensajes de WhatsApp de la víctima. El propio Julio Iglesias, después de las informaciones de eldiario.es, hizo esto mismo en su cuenta de Instagram. “La vulnerabilidad es total y absoluta. Las mujeres son señaladas y es revictimizador y, sobre todo, disciplinante”, afirmó Marcos.
Largo camino
Para Marcos, sí, hay que seguir y no hay que rendirse. Dijo que hay que medir las fuerzas porque los insultos en redes son “durísimos”, no solamente para los periodistas, lo sufren muchas personas. La periodista concluyó : “Si crees que es importante hablar de esto porque nos pasa a la mayoría, ni hay que normalizarlo ni son violencias menores, no queda otra más que seguir”.
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