Miel La Galinda: El dulce legado de Mequinenza
Periodista: Ana Obiol // @anaobi4
Geógrafos: Alejandro Martínez Gracia y Amanda Yanes García-Rosales
La empresa familiar de miel La Galinda, nacida en Mequinenza, Zaragoza, elabora un producto único en la comunidad aragonesa y muy exclusivo en el mercado español: miel monofloral de cerezo.
Ismael Galindo emprendió, en 1966, un negocio que sigue presente en Mequinenza, un pueblo de la comarca del Bajo Cinca, Zaragoza, en el que la actividad agropecuaria desempeña un papel crucial. Galindo conquistó, desde el primer momento, el paladar de la población mezclando pasión y calidad, que da como resultado un producto único en Aragón: la miel de cerezo. “Mi padre me enseñó que, para hacer una buena miel, primero había que cuidar a las abejas”, explica Ana.
— No hay cosa que me ponga más feliz que llevar el apellido que llevo. Me enorgullece seguir con lo que mi padre inició.
Ana Galindo es la hija de Ismael. Desde pequeña vio cómo en su casa se vendía la miel de cosecha propia. Entre sonrisas recuerda la imagen de su padre haciendo mucha fuerza para sacar la miel cristalizada de un barril gigante. Ella y su marido, Carlos Sanjuán, decidieron tomar las riendas de esta tradición en 2009. Tenían un gran reto al que enfrentarse: 150 colmenas que había dejado el legado de Ismael. Carlos, que hasta ese momento había trabajado en otra empresa completamente distinta, decidió apostar por la apicultura sin apenas tener conocimientos. Sin embargo, entre páginas, letras y mucha práctica, aprendió sobre la recolección y elaboración de miel. Tras mucho esfuerzo, en 2014, nació la empresa de miel La Galinda.
“Es una miel de las de toda la vida”
Ana y Carlos lo hacen todo: extraen la miel de manera manual, controlan el proceso productivo, vigilan la nectarización, se encargan del cuidado y conservación de las colmenas, también del envasado y de la venta final del tarro de miel. Es un negocio que empezó en esta pequeña localidad de Aragón y que se extiende por más zonas: buscan las mejores floraciones donde instalar las colmenas para encontrar la mejor calidad y sabores, recorren desde la costa mediterránea hasta los Pirineos. El asentamiento más importante está en el lugar donde empezó todo: Mequinenza. En este pueblo predomina un clima seco-árido repleto de romero, tomillo y otras plantaciones, como el cerezo.
La especialidad de La Galinda es la miel de cerezo, su exclusividad y su sabor la llevan a lo más alto del podio. Contiene peróxido de hidrógeno, un componente que la hace antiséptica y cicatrizante, fundamental para curar una garganta irritada o fulminar un catarro. Es un edulcorante natural, mucha gente la prefiere antes que el azúcar blanco. Para los niños es un festín. Los procesos que siguen son naturales: prescinden de colorantes y aditivos. El propio sabor de sus mieles es suficiente para cautivar el gusto. Es un néctar de un color ámbar claro, desprende un olor floral y afrutado que se suma a un gusto dulce, intenso e incluso con unos picos de acidez. En esta empresa la diversificación y las ganas de trabajar mandan: no solo elaboran miel de cerezo, también de romero, tomillo y milflores.
El negocio está justo en frente de la nacional 211 que cruza de punta a punta Mequinenza. El local llama mucho la atención por su fachada minimalista que resalta entre la monótona línea de casas con un diseño simple y blanco. La puerta es transparente, sirve de escaparate y está intacta, Ana se encarga de que no tenga ni una marca de suciedad. A través del cristal consigues sumergirte en un universo dorado lleno de tarros de miel que relucen por sí solos. El local está repleto de estanterías que no solo presentan miel, sino que hay un sinfín de productos: bisutería, licores, vinos, bolsos… No hay nada que no esté a la vista, Ana es detallista hasta para exhibir los productos que vende. Es algo parecido a visitar un museo: una luz cálida que te permite ver con la delicadeza que están cuidados todos los productos. Aunque sea un recoveco de pocos metros cuadrados, puedes estar un buen rato deslizando la mirada por las baldas: la variedad te atrapa. Si entras, pillarás a Ana en la trastienda, siempre está pensando cuál puede ser su siguiente creación. Nunca para.

Tiempos difíciles
— Hace tres años que el clima es bastante malo y esto afecta muchísimo a nivel general, no solo a nuestra actividad. Antes podíamos coger hasta tres cosechas en un mismo año, ahora difícilmente conseguimos una.
Ana es consciente de que el cambio climático es un fenómeno crítico para una actividad como la suya. Desde hace un tiempo que tienen que ayudar a las “pobres abejas” porque ellas casi no tienen alimento, pero tampoco quieren forzarlas a polinizar porque priorizan su salud. Los cerezos de antes eran mucho más grandes que los de ahora. El calor sofocante que se ha registrado en estos últimos años quema las hojas de los árboles y la escasez de lluvia tampoco ayuda. El tamaño de los árboles debe reducirse para que puedan salvarse, aunque todo esto por el mismo coste que antes y produciendo mucho menos. Actualmente, la miel de cerezo es escasa. “La cosa está jodida. Si no eres uno de los grandes no puedes vivir de la apicultura”, expresa Ana mientras niega con la cabeza.
“Mequinenza confía mucho en nosotros”
— La cosa está complicada. Sin embargo, nosotros hacemos todo lo que está en nuestras manos para seguir produciendo miel. La gente de Mequinenza conoce nuestro trabajo desde siempre y confía en nosotros.
En un principio, esta miel se distribuía en la localidad y en sus proximidades, pero su calidad hizo que se extendiera por más zonas. Hay gente que viene a Mequinenza únicamente por La Galinda. Sus productos pueden encontrarse en Lleida, Fraga, Zaragoza… Ana y Carlos han llevado su marca a lo más alto para presentarse a numerosas ferias, mercados y eventos con el objetivo de darse a conocer. Fueron los ganadores del tercer premio en el II Concurso de Miel de la Feria de Primavera de Biescas de 2016 por su miel de cerezo. Finalistas en la Feria de Primavera de Biescas de 2015. Han estado presentes en catas realizadas en Puerto Venecia, La Gastroteca de Puerta Cinegia e invitados a la semana especial “#inspirACCIÓN para una vida más sostenible” impulsada por Ikea.
— Cuando abrimos la tienda recuerdo que venía gente con los tarros antiguos que vendía mi madre. Yo no podía llenarlos, claro, las cosas ya no eran como antes, en ese momento ya contaba con un registro sanitario.
Los mequinenzanos valoran mucho su pueblo y prefieren apoyar el comercio local que comprar en grandes empresas. La Galinda no necesita dar muchas explicaciones sobre la poca producción actual, los vecinos saben de sobras lo que hay. Es común entrar en distintas casas del pueblo y ver un tarro de miel en el cajón de los antojos. Siempre habrá alguien interesado por las creaciones de Ana. Cuando el pueblo realiza una festividad, Ana y Carlos siempre se muestran dispuestos a colaborar, ya sea para ofrecer lotes variados u otros productos. No están solo en Mequinenza, pero saben de dónde vienen, dónde han nacido y dónde viven. Ana resalta que ella no quería una tienda con solo cuatro estanterías, quería un recoveco acogedor en el que pudiera entrar gente de cualquier edad. Se ha fijado en que cada vez acude más gente joven al negocio; el comercio local de Mequinenza cuenta con un sólido respaldo de pueblerinos que aprecian lo de casa.

La Galinda es ejemplo de cómo la tradición y la pasión hacen que una empresa familiar sea un claro referente de calidad. Ana Galindo saca adelante el negocio que su padre empezó como un simple hobbie, Carlos supervisa todas esas hectáreas repletas de colmenas con la intención de mantener vivas y contentas a las abejas. Los tarros que elaboran, aparte de llevar miel, son los frutos de la dedicación y del cariño de esta familia. La Galinda es una marca de Mequinenza que endulza paladares.
Este reportaje forma parte del Proyecto de Innovación Docente de la Universidad de Zaragoza (PIIDUZ_2 Consolidados), Comunicar buenas prácticas de desarrollo territorial en la Unión Europea en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Cuarta edición) con “Ellas son campo”.

