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Pajaritos fritos

@cualquiera48//

No os asustéis y seguid leyendo.

Etapas:

  1. Alicante con 40º, a la puerta de un restaurante “finolis” de 1 estrella Michelin.
  2. Dentro… una temperatura maravillosa, bastante gente pero no demasiada, fotos de famosos en las paredes.
  3. Recomendación de un amigo: pedid lo que queráis, todo está bueno, pero no os pueden faltar los pajaritos fritos. ¡¿Cómo?! Sí, es la delicatessen de la casa.
  4. Camarero amable, rumano, que haría yo sin un rumano, rumana, rumane. Pon un rumano en tu vida, te alegrarás.
  5. Pedimos arroz, tomate trinchado, vino y pajaritos fritos.
  6. Yo esperaba que un ángel exterminador desplegara su espada flamígera sobre nosotros, o que al salir una “horda” animalista nos asara vivos.
  7. Vuelve mi rumano con altramuces aliñados, el tomate trinchado y una bandeja de pajaritos
    fritos.
  8. Muerdo uno pensando que aplastaría un cráneo humeante y ¡oh! ¡Sorpresa! Son palitos de puerro en tempura con forma de pajarito. Una delicia que no hay que perderse.
  9. Devoramos todo, bebimos con fruición. Ahora bien, la cuenta… mejor que la pague “el CEO de la empresa” o “el padre del novio” porque yo, jubilada, no alcanzo ni con la extraordinaria.
  10. Salimos al exterior y ¡uff! los pajaritos vivos estaban en su sitio. ¡Qué alegría!

Si quieres leer más de @cualquiera48, te dejamos su crónica «La tapa del wáter».

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