Angelines y su tienda, el corazón del pueblo
Daniel Ordás y Santiago Martínez//
A orillas del río Martín, se encuentra Oliete, una localidad y municipio turolense ubicado en la comarca Andorra-Sierra de los Arcos. Cuenta con 360 habitantes censados y en él está la tienda de Angelines, con tres décadas de historia y que sirve para abastecer a las personas del pueblo como a aquellos que vienen de fuera. Se venden todo tipo de productos: desde bollería, bebidas y productos de limpieza, hasta carnes y pescados. Además, dispone de una sección de charcutería en la que realizan embutidos elaborados de forma artesanal. Es un lugar pequeño, en el que todos se conocen y donde hay un aprecio recíproco del cliente al local por facilitar los alimentos, y del local al cliente por ayudar a las ventas. Angelines, tras 30 años de esfuerzo, ha logrado que su negocio sea una pieza imprescindible para el día a día.
El establecimiento se divide en dos secciones, la primera de artículos de primera necesidad y la segunda de charcutería. Angelines nos contó que “todos los productos, tanto vegetales como aquellos de origen animal, son obtenidos de la propia comarca y algunos distribuidores de la zona. Algunos como la longaniza, el chorizo y la morcilla son de elaboración artesanal propia, y los quesos también se obtienen mediante proveedores de la zona. Seguimos manteniendo la misma tradición de cómo lo hacían los abuelos y los padres”.
Las épocas del año juegan otro papel importante en el funcionamiento de Oliete. Nicolás López, de Apadrina un Olivo, resaltó que en invierno viven allí tres veces menos personas que en verano, así que las complicaciones a la hora de vender crecen de manera notable. Sobre esto, Angelines mencionó que “el invierno se hace un poco más duro porque hay menos gente, pero a pesar de todo hay algunos que se quedan, y tenemos el colegio que también ha aumentado su número de alumnos tras un período donde bajó. Ahora hay bastantes niños y el pueblo sigue adelante”. Por el contrario, en verano todo es diferente. La afluencia de personas es vital para una villa que sufre muchas más dificultades el resto del año: “En verano viene mucha gente. Se abren las puertas de los pueblos, de las casas y hay un buen ambiente. Al haber más gente, se consume más y hay más ventas. Es normal, a nivel turístico ocurre en casi todos los sitios”. Este crecimiento de la población se da, en gran medida, por la llegada de personas de otros municipios: “Muchos vienen principalmente para conocer Oliete. Esto es muy bueno, ya que ayuda a su crecimiento. Por ejemplo, hace poco vino una señora por parte de Apadrina un Olivo y estuvo un buen rato en la tienda. Al elaborar productos artesanos, le explicamos lo que hacíamos nosotros”.
Desde el 14 de junio de 2014, la fundación de “Apadrina un olivo” fue una de las principales ayudas para el desarrollo del pueblo. Se trata de un proyecto de emprendimiento que se caracteriza por tener un doble fin. En primer lugar, la recuperación de las tierras y cultivos abandonados, específicamente el aprovechamiento de la oliva. Y en segundo, la creación de empleo y por ende, la fijación de la población en el entorno rural despoblado. El plan impulsó la fuerza laboral, creó empleo y nuevas oportunidades y evitó que los jóvenes, al conseguir trabajo, no abandonaran las zonas rurales. Angelines reconoce la colaboración propia y destacó su ayuda para “mantener aquello que ha ido teniendo éxito como los mencionados productos artesanales y el turismo, cosas van muy bien para el desarrollo del pueblo”. Esto también ha contribuido al aumento de trabajadores en Oliete. En 2018 contaba con 7, y actualmente la cifra es de 40. Además, el proyecto atrae cada año a 315 agricultores para moler y producir su propio aceite de oliva virgen extra. El impacto de este no se limita solo a Oliete, sino que genera beneficios en los municipios colindantes como Alacón, Ariño y Andorra. En palabras de Angelines, Apadrina un Olivo “ha dado puestos de trabajo y la gente lo ha ido manteniendo también, lo cual es muy importante”. Sobre el vínculo actual que tiene la fundación con el local, habló de la ayuda que esto les aportaba “en los productos que fabrican” y espera con optimismo que “continúe en un futuro”.
La pandemia de la COVID-19 marcó la vida de todo el mundo y, como no podía ser de otra manera, también la de Oliete: “fue un momento durísimo, puesto que estas localidades tan pequeñas son muy dependientes de los pocos servicios que poseen”. Pese a todo, añadió que “supimos adaptarnos a la perfección, dentro de las posibilidades, siendo la solidaridad de todos una de las claves”. Por ejemplo, se dio un servicio a domicilio a la población de la tercera edad. Un caso que refleja los esfuerzos realizados para combatir la situación.
El decrecimiento de la población en municipios como este ha sido consecuencia de la disminución de la demanda de bienes y servicios locales, lo ha llevado al cierre de muchos negocios y una reducción en la actividad económica. Angelines mantiene su establecimiento junto con la panadería de Oliete. Ambos son capaces de suministrar bienes a todos. La despoblación conduce a una pérdida de la identidad cultural y comunitaria, ya que las tradiciones locales pueden desaparecer y los lazos sociales se debilitan. Angelines quiso terminar con un mensaje: “El futuro del municipio, así como el futuro del área próxima, pasa por la creación de empleo y oportunidades laborales, ya que sin ello, el fenómeno de la despoblación se verá agravado año tras año”.

