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Un faro de esperanza en Ensenada: Escuela Primaria “Niño Migrante Los Olivos”

Texto: Marco Antonio Rivera García, Genesis Areni Rojas Pérez, Laura Abigail López Sánchez, Agustín Garayzar Ceseña, Anahí Jacobo Aguilar//

En el corazón de Maneadero, delegación ubicada en el sur de la ciudad de Ensenada, se encuentra una institución educativa que se ha convertido en un pilar fundamental para los hijos de jornaleros agrícolas migrantes asentados en esta región, se trata de la escuela primaria “Niño Migrante Los Olivos”; esta institución comenzó sus labores hace doce años, convirtiéndose en un refugio para niños que, de otra manera, quedarían rezagados en su formación académica.

La escuela Primaria “Niño Migrante Los Olivos”, es liderada por la maestra Janette Soto, quien ha estado al frente de la institución durante la última década, en sus palabras la escuela comenzó en condiciones precarias. “Estábamos a unas cuadras atrás, rentando salones de madera, con seis grupos divididos en dos salones”, recordó. La infraestructura era limitada, pero el compromiso con la educación de estos niños era firme. Con el tiempo y esfuerzo, conseguimos un terreno donado y pasó a formar parte del sistema estatal de educación, lo que permitió mejoras significativas en sus instalaciones.

La educación de niños migrantes en Ensenada es un desafío significativo, ya que las condiciones laborales precarias y los desplazamientos constantes dificultan obtener una educación de calidad. El acceso a la educación se ve obstruido por la falta de infraestructura escolar en áreas rurales donde viven estas familias. Las escuelas a menudo carecen de recursos básicos, como personal docente insuficiente, material educativo y transporte escolar, lo que dificulta aún más la asistencia de los niños a clases. 

escuela los olivos

Además, la barrera del idioma también representa un desafío para muchos niños migrantes y sus familias, a menudo las y los niños que asisten a esta escuela provienen de comunidades donde hablan lenguas indígenas, como el mixteco alto y mixteco bajo lo que genera dificultad para tener comunicación. La falta de programas de apoyo lingüístico en las escuelas agrava esta situación, dejando a los niños migrantes en una desventaja educativa desde el principio.

Para abordar este problema, se requirió de una acción entre el gobierno, las instituciones educativas y las organizaciones de la sociedad civil, ya que la educación es un derecho fundamental y los niños migrantes no podían quedarse sin ir a la escuela. Por eso que en el año 2012 se fundó el primer programa escuelas para niños migrantes “Programa para la inclusión y la equidad educativa de la niñez migrante en Baja California”.

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Recursos y Apoyos

El crecimiento y desarrollo de la escuela no habría sido posible sin el apoyo de varias organizaciones y programas, entre ellas “Las Voluntarias Vicentinas”, quienes han sido un soporte clave, proporcionando recursos esenciales como despensas, materiales didácticos, y ayudando en la construcción y mantenimiento de la infraestructura escolar. Además, programas gubernamentales como «Escuelas del Bienestar» han contribuido al mejoramiento de las condiciones educativas.

patio los olivos

El ingeniero Roberto López González, especializado en apoyo técnico en el área de educación migrante por parte del Instituto de Servicios Educativos y Pedagógicos de Baja California (ISEP), subrayó que la elección de ubicaciones para estas escuelas no es arbitraria. “Se basa en las necesidades específicas de los campos agrícolas. Las empresas informan sobre la llegada de familias con niños, lo que activa la oferta del servicio educativo”. Este enfoque ha permitido asegurar que los hijos de los trabajadores migrantes tengan acceso a la educación durante su estancia en los campos en tierras bajacalifornianas. 

Desafíos y Adaptación

La educación de niños migrantes presenta múltiples desafíos, especialmente en términos de adaptación y aprendizaje. Muchos de los niños provienen de estados del sur de México como Chiapas, Guerrero y Oaxaca, quienes suelen no hablar el español. Este factor añade una capa de complejidad, ya que a los maestros se les dificulta comunicarse con los niños; sin embargo, la escuela ha encontrado soluciones creativas. “Nos apoyamos de los niños que hablan tanto su lengua indígena como el español para ayudar a sus compañeros”, explicó la directora Janette Soto.

El rezago educativo es otro desafío significativo. Los niños a menudo llegan con niveles de aprendizaje desfasados debido a la naturaleza migratoria de sus familias. La profesora hablaba de que les toca adecuar las actividades a las necesidades de los alumnos, quienes pueden estar dos o tres meses y luego se van. Para abordar esto, utilizan fichas y proyectos que incluyen a todos los niños, independientemente de su nivel de aprendizaje.

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Es difícil que los padres se involucren debido a que algunos trabajan desde las cuatro de la mañana a las cuatro de la tarde, por las largas jornadas del campo. Lamentablemente los padres de familia no pueden asistir a eventos escolares, muchos de los niños asisten solos a la escuela y al momento de salir de igual manera lo hacen solos, algunos son acompañados por los abuelos o hermanos mayores. El apoyo de los padres no puede ser atendido por completo y los maestros buscan la manera de poder acompañarlos en su trayectoria.

Uno de los principales desafíos que enfrentan es el seguimiento de educación en los alumnos. Al salir de primaria muchos de ellos tienen la idea de iniciar su vida en el campo, y aunque en palabras de los profesores se esfuerzan en hacer su parte, entregando documentación e inscribiéndoles en subsecuentes niveles educativos, algunos niños simplemente se van y no siguen con sus estudios. 

Impacto y Futuro

A pesar de los desafíos y retos que afronta la escuela, ha logrado resultados notables. Actualmente, cuenta con 87 alumnos, un aumento significativo desde las y los 35 primeros estudiantes que tuvieron. Además, algunos de sus exalumnos han continuado su educación en instituciones de nivel superior, como la Universidad Autónoma de Baja California y otras instituciones de educación superior. Este éxito refleja el impacto positivo de la educación migrante en la vida de estos niños.

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Las autoridades educativas en el estado también destacan la importancia de programas como «Educación Educativa» y «Escuelas del Bienestar», que buscan mejorar la calidad educativa en las zonas rurales. Sin embargo, persisten diferencias en los resultados académicos entre las escuelas rurales y urbanas, especialmente en términos de acceso a la tecnología, por lo que subrayan la necesidad de continuar fortaleciendo estos programas.

La educación de niños migrantes en Ensenada es un ejemplo de que la dedicación y el apoyo comunitario pueden transformar vidas. A través de esfuerzos conjuntos y una comprensión profunda de las necesidades de estos niños, se está construyendo un futuro más prometedor para las nuevas generaciones de jornaleros agrícolas. Siendo un faro de esperanza, para quienes migran en búsqueda de cumplir sus sueños. 

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