Volver el tiempo para contarlo: Selva, más amazona que nunca

Agustín Vallejo//

La escritora argentina Selva Almada se animó al periodismo narrativo en Chicas Muertas, contando tres historias que le marcaron en la década de los 80.  Andrea, María Luisa y Sarita serán las tres protagonistas, como así también sus expedientes, sus familias, la propia autora y cómo realiza la investigación y una tarotista que establece conclusiones claves. Cuando la realidad supera a la ficción…

Llegó mi turno, el profesor me miró, me dio un libro y entré en la cabina de grabación; es pequeño, con menos de 200 páginas. Su tapa llamó mi atención por varios motivos: el nombre Selva, el título –Chicas Muertas– y, por último, la fotografía de la tapa que plasma una minúscula parte de un paisaje pero que a quienes vivimos en el litoral argentino ya nos resulta conocido. Una orilla, la distinción entre la tierra húmeda y el agua, que pareciera “sucia” como el Río Paraná, que debe su color al barro del fondo que tiñe todo de un color marrón.  

Aclaré mi garganta y comencé: “La mañana del 16 de noviembre de 1986 estaba limpia, sin una nube, en Villa Elisa, el pueblo donde nací y me crié, en el centro y al este de la provincia de Entre Ríos…” Así comienza el primer capítulo y de esta manera la conocí, a Selva, poniéndole mi voz.

“Yo tenía trece años y esa mañana, la noticia de la chica muerta me llegó como una revelación. Mi casa, la casa de cualquier adolescente, no era el lugar más seguro del mundo. Adentro de tu casa podían matarte. El horror podía vivir bajo el mismo techo que vos”

Selva Almada es autora de los libros El desapego es una forma de querernos (2015), Ladrilleros (2013), El viento que arrasa (2012), Una chica de provincia (2007), Niños (2005) y Mal de muñecas (2003). Sus novelas fueron traducidas al francés, al italiano, al portugués y al holandés.

En Chicas Muertas (2014), Almada se permite sacar de sus entrañas una historia que la marcó hace tiempo atrás, cuando tenía 13 años y se encontraba en su pueblo natal, pero que nunca pudo olvidar. Ahora ya asentada en Buenos Aires y con cuarenta años, reconstruye el crimen de Andrea Danne, quien fue apuñalada mientras dormía, a muy pocos kilómetros de Villa Elisa. Nunca se encontró al culpable.

La autora no se queda ahí; decide profundizar aún más y recuerda también los casos de María Luisa Quevedo, una chica de 15 años asesinada el 8 de diciembre de 1983 en la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco. El último de los tres casos que recordará es el de Sarita Mundín, una muchacha de 20 años, que desapareció el 12 de marzo de 1988 y cuyos restos aparecieron nueve meses después, a orillas del río Tcalamochita, en la ciudad de Villa Nueva, Córdoba.

Tres crímenes, tres feminicidios, tres casos sin resolver.

“No sabía que a una mujer podían matarla por el solo hecho de ser mujer, pero había escuchado historias que, con el tiempo, fui hilvanando. Anécdotas que no habían terminado en la muerte de la mujer, pero que sí habían hecho de ella objeto de la misoginia, del abuso, del desprecio.”

Chicas muertas llegó después de sus cinco libros de ficción hasta ese momento publicados, muchos de ellos aclamados por la crítica argentina. En esta oportunidad, Selva Almada utiliza el periodismo narrativo como la mejor herramienta para contar aquello que hace tantos años recuerda.

14341621_10209445385426541_925992698_nLos tres casos se entrecruzan en Chicas Muertas, aparecen cada una a su tiempo y se desarrollan, surgen nuevos nombres, desaparecen otros y, siempre acechando, la angustia de que estas historias no son ficción.

“Ahora tengo cuarenta años y, a diferencia de ella y de las miles de mujeres asesinadas en nuestro país desde entonces, sigo viva. Sólo una cuestión de suerte.”

A pesar de ser una escritora de ficción reconocida decidió utilizar el periodismo narrativo para desexorcizar aquella historia que la sorprendió de niña. En varios momentos del libro cuenta los pormenores de esta investigación: colectivos con el calor sofocante del Chaco, golpear de puertas, llamadas por celular, siestas en alguna plaza de pueblo esperando al entrevistado, sacando todo glamour que ese momento podría tener. Como cualquier persona que, en búsqueda de la verdad y arrastrada por la curiosidad, decide hacer lo que sea necesario para continuar la historia que da vueltas en su cabeza desde hace 30 años.

“Estas escenas convivían con otras más pequeñas: la mamá  de mi amiga que no se maquillaba porque el papá no la dejaba. La compañera de trabajo de mi madre que todos los meses le entregaba su sueldo completo al esposo para que se lo administrara. La que no podía ver a la familia porque al  marido le parecían poca cosa. La que tenía prohibido usar zapatos de taco porque eso era de puta.”

¿Como describir a la autora? Selva Almada es una escena antigua de cine francés. Es una mujer morocha, sencilla pero con mucha clase, con un tono de voz monótono, sin sobresaltos pero mientras te habla se saca su guante de seda y te da una cachetada con él. No te duele, no te lastimará para siempre, pero el gesto sorprende. Así es Selva Almada, te da una cachetada con la delicadeza de la seda pero con la intensión de despabilarte, de mostrarte aquello que sucede y vos no podes ver.

***

El 3 de junio de 2015, se realizó una multitudinaria marcha en distintos puntos de la Argentina bajo la consigna: #NiUnaMenos. Surgió de la necesidad de decir “basta de feminicidios” ya que aquí muere una mujer cada 30 horas, victima de la violencia de género.

La marcha fue organizada por un grupo de periodistas, activistas, artistas, pero creció cuando la sociedad la tomó como propia y la transformó en una campaña colectiva, teniendo su manifestación en cada ciudad y pueblo.

Selva Almada deja al desnudo varias situaciones en este libro, las dice sin decirlas: la violencia machista que existía en los años 80, la vergüenza de la mujer por los golpes de su marido, vecinos que sabían pero preferían el silencio, pequeños gestos de la vida diaria que controlaban o dominaban a la mujer dejándola con un rol muy especifico: tener hijos y ser ama de casa. También aquellos feminicidios que ocurren en otros puntos de la Argentina, no en Buenos Aires, y por esa razón no se publican en los grandes medios de comunicación. Todo expresado con las herramientas y estructuras de la ficción que Almada maneja tan bien.

“Ayer me despedí de la Señora. El mazo de tarot estaba, como siempre, sobre el paño verde, pero no lo desarmamos, no giré las cartas con la mano derecha, no hice preguntas. Me dijo que ya es hora de soltar, que no es bueno andar mucho tiempo vagando de un lugar al otro, de la vida a la muerte. Que las chicas deben volver allí a donde pertenecen ahora.”
“Tal vez esa sea tu misión: juntar los huesos de las chicas, armarlas, darles voz y después dejarlas correr libremente hacia donde sea que tengan que ir”

Ficha técnica

Titulo: Chicas muertas.

Autora: Selva Almada.

Editorial: Literatura Random House

Barcelona, 2015

192 páginas

15,90 euros

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