Cinco reflexiones de Una viajera por Asia central

María Angulo Egea//

Ayer Patricia Almarcegui presentó su libro Una viajera por Asia Central. Lo que queda de mundo (Edicions Universitat de Barcelona, 2016) en la librería Antígona en Zaragoza. María Angulo Egea recoge cinco de sus claves para alimentar nuestro espíritu viajero.

Patricia Almarcegui reflexiona y se cuestiona sobre la condición viajera y el viaje en su último libro Una viajera por Asia Central. Lo que queda de mundo (Edicions Universitat de Barcelona, 2016). Un volumen que recoge su viaje por Uzbekistán y Kirguistán en 2007. Hemos querido exponer aquí cinco aspectos, de los muchos que señala la escritora aragonesa, para que nos sirvan de estímulo y empuje viajero.

1.El deseo de viajar que provocan ciertos nombres.

Nombres como Samarkanda. Esa palabra evocadora, lugar de ensueño que nos provoca viajar. El poder que tienen los nombres. “Quien ama el viaje sabe del poder que tienen los nombres. Hay lugares que solo con escucharlos o citarlos la imaginación explota y genera imágenes mágicas y sueños suspendidos. Me pregunto hasta qué punto no  se eligen los destinos según esos sonidos, como un placer estético que surgiera del corazón” (p. 55), nos dice Patricia. Los nombres como promesas de placer. Dos viajeras muy citadas y fuente de inspiración en este viaje de Almarcegui como Annemarie Schwarzenbach y Vita Sackville West reflexionaron también sobre viajar para comprobar lo que encierran los nombres.

2.Reparar la distancia.

Sobre la distancia comentaba Almarcegui en Escuchar Irán  (Newcastle, 2016) que no existía, que era una emoción y en esta ocasión se ocupa de cómo tratarla. ¿Cómo reparar la distancia cuando uno hace un viaje? Almarcegui recomienda el sueño reparador,  porque “durante el sueño, el tiempo se acelera y el alma tiene tiempo suficiente para llegar al lugar al que el cuerpo hace horas que llegó” (p. 27).

uzbekistan-kirguistan

3.Lo que siempre queda por hacer en cualquier viaje y la melancolía que la constatación de esta realidad entraña.

Almarcegui repara en esto en el encuentro que tiene con un ciudadano alemán, de Dresde, que le facilita unos dólares para poder pagar el visado. Camina y charla con él hasta el metro y allí se despide con la naturalidad con la que se despediría de un amigo al que sabe que verá en otra ocasión. Y mientras, él la contempla “de una forma extraña, como si esperara algo”. Pero nuestra viajera no se percata, solo semanas más tarde dice que se dio cuenta de “que podría haber hecho el viaje con él. Todavía hoy, con la melancolía que acompaña al recuerdo de las cosas que quedarán siempre por hacer, pienso en cómo habrían sido esas semanas si las hubiéramos pasado juntos” (pp.33-34).

4.“Que lo imprevisto ocupe el lugar que le corresponde”.

Es esta una reflexión crucial que deberíamos tener presente y darnos la oportunidad de que sucediera de vez en cuando, pero sin lugar a dudas cuando se está de viaje. “Fijarnos en lo que tenemos delante y no seguir con lo previsto. Viajar para dejar que lo imprevisto ocupe el lugar que le corresponde. No vemos, a pesar del movimiento, la distancia y la dificultad, no vemos” (p. 34). La escritora argentina Beatriz Sarlo en su libro Viajes. De la Amazonía a las Malvinas (Seix Barral, 2014) denomina a este dejar que lo imprevisto nos asalte: “Salto fuera de programa”. Y sus crónicas de viajes se sustentan todas en esta idea de que emerja ese “fuera de programa” que hace el viaje especial y único.

5.Los límites del lenguaje. Cómo el viaje coloca el lenguaje frente al límite.

En Kirguistán, ante su naturaleza, Almarcegui comprende el término “sublime”, que vuelve a tener razón de ser. Exclama: “Por fin, sin lenguaje”. Más adelante busca las palabras para describir el paisaje pero no las encuentra. Dice: “Dudé del lenguaje”. Y apela a las imágenes, desearía saber pintar para reproducir en rigor lo que ve. Piensa que debe volver con un colega que grabe, que recoja la “verdad” de lo que ve porque la palabra no le basta. Sin duda estas reflexiones forman parte también del código narrativo al enfrentarnos ante la naturaleza maravillosa, pero ¿en verdad la palabra está incapacitada para abordar en rigor determinadas realidades? ¿Es la imagen más “veraz” en determinados casos?

Ahí lo dejamos. Pensemos sobre estas cuestiones. Y, sobre todo, ¡viajemos!

Autora:
Maria Angulo foto Maria Angulo nombre

linea decorativa

Profesora de Periodismo en la Universidad de Zaragoza, especialista en Periodismo literario, Periodismo cultural e Historia del periodismo. Ha coordinado varios libros, entre ellos Crónica y mirada, para Libros del KO, en 2014. Ha colaborado en FronteraD, Jot Down, Altäir Magazine, El Estado Mental y escribe sobre Periodismo literario en su sección quincenal “Carne de Crónica” en El Periódico de Aragón.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *