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Ciudades que existen

Autor: Fernando Domínguez Pozos

En el centro de la República Mexicana, entre los estados de Puebla, Veracruz y el propio Estado de México, se encuentra una entidad cuya existencia es cuestionada por propios y extraños, con interrogantes del tipo ¿Tlaxcala existe?, o ¿apoco conoces alguien de Tlaxcala?, se ha compartido por años una broma con el estilo característico del humor e ironía del mexicano acerca del estado con menor extensión territorial del país, cuya ubicación geográfica lo hace aún más imperceptible al estar rodeado por dos entidades de alto renombre como son Puebla y Veracruz y, más aún está su misticismo e historicidad como un pueblo que ha resistido batallas, que se caracteriza por sus grandes guerreros y ante todo cuya propia territorialidad se oculta del resto, ante la posibilidad de ser invadido o apropiado por extraños. 

En Tlaxcala, la propia sociedad ha tomado esta frase de su invisibilidad como algo que reutilizan en pro de su turismo, por lo que en imanes y el propio turibus de la zona centro se remarca la frase “Tlaxcala, sí existe”; sin embargo, en un rumor o broma siempre se asoma algo de cierto y, es que después de haber pernoctado tres noches en esta localidad podemos afirmar la existencia de la ciudad, pero también la vida tranquila, poco habitada y hasta en momentos monótona de una pequeña ciudad que se encuentra a poco menos de dos horas de la caótica y multihabitada Ciudad de México. Despertar en una ciudad como Tlaxcala, es además un ejercicio de una fuerte presencia de la religión católica, ya que tanto en imagen como en el paisaje sonoro son centrales sus iglesias y el singular resonar de sus campanas que ha sido modificado por música que llama a la primera misa del día, apenas los rayos del sol asoman por el valle de la región. 

Iglesia en Tlaxcala
Iglesia en Tlaxcala

La mayoría de los visitantes a esta zona del país han llegado aquí por alguna casualidad o compromiso laboral o personal. Y, es que la propia carretera te demarca por un libramiento que vuelve imperceptible la ciudad misma, profundizando así la ausencia y/o inexistencia hipotética de la misma. Las calles del centro son aún más enigmáticas, ya que asemejan a una pista de carreras armada por un menor de edad, cuando de repente una vuelta es muy cerrada o una calle que iba en un sentido, cambia abruptamente. Eso sí, todo se encuentra en su lugar, paradas de transportes colectivos (de pequeñas dimensiones), central de autobuses, iglesias, escuelas, la universidad estatal y demás elementos de una ciudad que emula una maqueta perfectamente construida en los años noventa y cuya proporción no ha sido modificada, encapsulando el tiempo y también a sus habitantes. 

En este estado la gente suele ser directa al hablar, tal vez la poca presencia de turistas ha convertido al local un tanto receloso del foráneo; sin embargo, también la historia ha marcado que en esta región se fraguo una alianza entre españoles y tlaxcaltecas para derrocar a los mexicas, por lo que la aparente invisibilidad de la zona, también puede ser un rencor extendido de la zona centro hacia una de las regiones más aguerridas de la antigua Tenochtitlán. La arquitectura de la ciudad denota la presencia española en la época novohispana, con edificaciones de grandes iglesias y una distribución por colonias que posicionaba a cada quien en un lugar que le correspondía por su profesión, en los tiempos de aquella época. Al día de hoy, el propio centro de la ciudad asemeja la distribución colonial por excelencia, con un parque flanqueado por iglesias, así como por un edificio que albergaba al gobierno en turno, donde incluso aún se identifica el camino que daba entrada a carrozas al interior del propio Palacio de Gobierno. En la actualidad, todo están flanqueado por los colores de la bandera de México, ya que el mes patrio aún es perceptible en este y el Otro México, la gente sigue paseando por el extenso parque, ante la observancia del clero y gobierno que continúan habitando el primer cuadro. 

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Val’Quirico, también existe

Por si fuera poco, el misticismo de la existencia de la ciudad y el estado de Tlaxcala. En los límites del estado de Puebla con esta localidad se construyó una comunidad nombrada como Val’Quirico. Esta comunidad fue levantada con la arquitectura propia de pequeñas ciudades italianas, con calles empedradas, colores vivos en las grandes puertas de sus edificios, así como con un aire de la Toscana, que permite a visitantes trasladarse a otro país en una visita que se encuentra a poco menos de treinta minutos del centro de la ciudad de Tlaxcala. 

Val’Quirico
Val’Quirico

Val’Quirico, era una antigua hacienda que se convirtió en un destino turístico idóneo para habitantes de la región centro del país. Además, su crecimiento exponencial después de la pandemia ha convertido a este lugar en un sitio recurrido y recurrente para turistas nacionales y extranjeros que llegan a un espacio ubicado en Tlaxcala, pero que, por igual, en la charla cotidiana, ha sido asignado a Puebla o la propia Ciudad de México, nuevamente en el descobijo que las grandes urbes hacen del hermano pequeño, en este caso el estado de Tlaxcala. Más allá de en qué región se localiza este místico lugar, Val’ Quirico se convierte en una opción idónea para desconectarse del agitado y acelerado mundo digital en el que nos encontramos, aquí los protagonistas son los visitantes, las calles, los edificios y su arquitectura que generan que desde el primer momento en que se ingresa al lugar se tomen dos actitudes, la de modelo o la de fotógrafo, ya que cada esquina, puerta, ventana, fuente, banca o callejón son el espacio idóneo para enmarcar la visita a un lugar escondido, como una auténtica joya. 

Fuente
Fuente

Por supuesto, las amenidades para el visitante han sido pensadas y al interior de esas perfectamente levantadas casas se encuentran tiendas de conveniencia, pero también boutiques de productos artesanales, de piel, joyería, bisutería, enigmas, alimentos, y demás productos que hacen la visita completa. Asimismo, en cada uno de los pequeños zócalos donde desembocan las calles y callejones de Val’ Quirico se encuentran restaurantes con alimentos de singular sabor como una pizza de pistache que deleita el paladar de quien disfruta de un lugar donde nada urge. Tanto la llegada como el regreso de Val’ Quirico a la ciudad de Tlaxcala se da por dos caminos, uno de cuota que te ofrece la opción más rápida, pero también está el camino de antaño, ese que se enmarca por lo frondoso de sus árboles, por el ambiente campirano y que atraviesa pueblos tan diminutos como cálidos, por los que todos deberíamos de transitar, para recordarnos que así como Tlaxcala y Val’ Quirico existen, también el campo, el cielo, la naturaleza y el contacto con nuestra tierra son aún existentes.

Un comentario en «Ciudades que existen»

  • Sergio Armando Covarrubias Mercado

    Excelente nota Fernando. Saludos. de Sergio Covarrubias

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