De la gran manzana al viejo continente

Laura Latorre Molins//

El viaje de Woody Allen por Europa
El famoso director neoyorquino hizo las maletas en 2005 y se fue a rodar a Europa. Las tramas pasaron a un segundo plano y sus películas se convirtieron en bonitas postales que enviaba desde el Viejo Continente. Comenzaba una etapa en el cine de Woody Allen dominada por la guitarra española, la tarantela italiana, y la noche parisina, dejando atrás Nueva York.

Woody Allen es humor. Ironía y cinismo. Amor y neurosis. Pero también es Manhattan, Nueva York; Estados Unidos. Durante décadas hemos acompañado a los personajes de Allen por Norteamérica, hemos sido testigos de decenas de historias en la Gran Manzana, entre grandes rascacielos. En esencia, resulta casi intuitivo relacionar a Woody Allen con Manhattan. El retrato que el director se ha ido creando desde sus inicios es el del tímido judío de grandes gafas de pasta, ingenioso e hipocondríaco. Esta imagen se completa con Nueva York como escenario recurrente, jazz de fondo, chistes hilarantes y diálogos chispeantes.

La obra de Woody Allen es una de las más conocidas -y reconocidas- del panorama cinematográfico de los últimos cincuenta años. Allen es un director prolífico, que ha sido capaz de crear un estilo propio a lo largo de su extensa carrera. Con cada película que estrena se enfrenta a una horda de críticos que analizan su trabajo milímetro a milímetro. La decepción que han provocado muchos de sus últimos filmes se debe a las altas expectativas que se generan cada vez que se anuncia su nueva película. La fructífera carrera de Woody Allen, que comenzó a finales de los años 60, ha hecho que su estilo y su esencia se hayan vuelto inconfundibles. Con casi una película por año, es difícil esperar que todas sean obras maestras y satisfagan a la variedad de generaciones de fans del neoyorquino. Como él mismo dijo en 2004, al recoger el Premio Donostia en San Sebastián, “espero que les haya gustado la película, pero si no les ha gustado acabo de terminar otra la semana pasada”.

En la primera década del siglo XXI, Allen decide alejarse temporalmente de un trasfondo neoyorquino, un escenario que conectaba perfectamente con su estilo, para explorar el viejo continente y plasmar sus impresiones en una serie de películas que no pocos han calificado de postales enviadas desde Europa.
La razón fundamental por la que Allen rodó varias películas en este continente, como él mismo dijo, es que aquí le resulta más fácil conseguir financiación sin demasiadas cortapisas. En Estados Unidos no solo le cuesta más encontrar dinero sino que los productores controlan los guiones y los actores.

Destino Europa

El universo creativo de Allen cambia de escenario. Sus nuevos pero, como siempre, neuróticos, soñadores y atormentados personajes, en vez de pasear por la Quinta Avenida lo hacen en el Parc Güell de Barcelona o en los Campos Elíseos parisinos. El Woody Allen turista se expone ahora más vulnerable ante la crítica que lo ataca por una nueva vertiente: ya no solo por sus tramas sino por la forma en la que se adapta a sus nuevos escenarios.

El primer salto de Allen al continente europeo se produce en 2005 con Matchpoint, la primera de las cuatro películas que sitúa en Londres. Con Matchpoint y Cassandra’s Dream, Allen demuestra que no es solo un genio de la comedia, sino que puede dar un giro de 180º a la forma en que plantea sus películas. Los dilemas morales y las diferentes perspectivas ante un mismo problema son los dos ejes en torno a los que giran estos dos estupendos largometrajes. Las otras dos películas que Allen ubica en Londres son Scoop y Conocerás al hombre de tus sueños. Si bien Scoop es una divertida y refrescante comedia al más puro estilo Allen -y en la que él tiene un papel protagonista-, Conocerás al hombre de tus sueños se queda en la intención. No consigue que el espectador sienta especial simpatía por ningún personaje ni arranca las mismas carcajadas que Scoop.

Así como Londres no es un personaje fundamental en las películas que Allen sitúa allí, Barcelona, París y Roma sí lo son en tres trabajos posteriores. En 2008 se estrenó Vicky Cristina Barcelona, con Javier Bardem, Penélope Cruz y Scarlett Johanson como protagonistas. Woody Allen vuelve a ahondar en el tema del amor y las diversas formas posibles de vivirlo. Con toques de comedia, Vicky Cristina Barcelona es, probablemente, una de las películas de Allen que más han defraudado a quienes conocen y admiran su trayectoria. Lo más sobresaliente de toda la cinta es el papel de la desequilibrada María Elena, interpretada por Penélope Cruz, y que le valió un merecido Oscar. La película triunfó más entre el público estadounidense que entre el español, muy probablemente porque los espectadores autóctonos no se sienten identificados con la España que refleja Allen. También por el modelo de turismo practicado en Barcelona y que Marina Garcés, filósofa y profesora de la Universidad de Zaragoza, califica de “extractivista” y de lógica “colonialista” porque “expropia la ciudad a los ciudadanos” en pro del turismo. De este modo, se genera dependencia económica y se crea una imagen idílica de lo que los turistas van a encontrar al llegar a Barcelona. Esta es la estampa que muestra Woody Allen: vino, comida, amantes españoles, etc. Sin embargo, según Garcés, Barcelona es ya el cuarto destino turístico mundial que más defrauda a los visitantes. Al sorprendernos los europeos por la imagen que da de nuestro continente se nos plantea la duda de si a los americanos les sucede lo mismo cuando ven su país retratado por la mirada de Allen. Quizá si la imagen que muestra de España es tópica e irreal, también lo sea la de Nueva York.

Siempre nos quedará París

Estrenada en 2011, Midnight in Paris ha sido, si no la mejor, al menos sí una de las más brillantes películas de Woody Allen de la última década. El argumento – un escritor americano que durante su estancia en París consigue viajar a los parisinos años 20 y conocer a sus grandes ídolos culturales- es de lo más original, y la forma en la que se desarrolla esta idea es esencia puramente Allen. Owen Wilson encarna a un personaje neurótico y algo tartamudo, un papel que en otros tiempos habría podido interpretar el propio director. Con diálogos imposibles, comentarios sarcásticos y una romántica y hermosa perspectiva de París, esta película deja un sabor menos agridulce que Vicky Cristina Barcelona. Un año después, en 2012, estrena A Roma con amor, en la que tienen lugar cuatro historias independientes. Es una comedia de enredos, en la que encontramos situaciones curiosas, frases realmente originales y algunas ocurrencias propias de su ingenio -un personaje tiene talento para cantar pero solo es capaz de hacerlo cuando está en la ducha, lo que lleva al personaje de Allen a adaptar una ópera entera con una ducha en medio del escenario-.

 Postales desde Europa

Si alguien busca encontrar en sus películas a unos turistas americanos que se han esforzado por ahorrar durante tiempo para poder viajar a Europa, está equivocado.  Los personajes de Allen suelen tener el privilegio de contar con familiares o amigos en ciudades europeas que les invitan a pasar el verano; o son de clase –muy- alta y pueden alojarse en un lujoso hotel parisino durante el tiempo que les apetezca. Muchos de los personajes viajan para encontrarse a sí mismos, como Cristina de Vicky Cristina Barcelona o Gil Pender, el escritor bohemio y melancólico de Midnight in Paris. En general, por diversas circunstancias, los protagonistas de estas cintas tienen bastantes facilidades para poder explorar la ciudad y entregarse por completo a las aventuras que les deparan.

La imagen del Viejo Continente que muestra Allen en sus películas recientes es, como se ha señalado en numerosas ocasiones, una bonita postal. Pero lejos de ofender, esta comparación puede interpretarse como algo positivo, como la capacidad de cristalizar en una bella imagen -o una película- todo el encanto que Allen encuentra en las diferentes ciudades que visita. Desentrañar los misterios y la historia de una ciudad -o de un país-, así como de su cultura y plasmarlos de forma exitosa en un largometraje de dos horas no es tarea fácil. Ni tan siquiera para Woody Allen. Allen se ha centrado en destacar en cada película -tomando como ejemplo especialmente Midnight in Paris, Vicky Cristina Barcelona y A Roma con amor– lo que más le ha fascinado de cada ciudad. Ha tratado de dar una imagen general, bonita, dinámica, fresca y romántica aunque tópica en algunos casos. 

Woody_Allen_Zero_GradosSe discute mucho sobre el tono de comedia ligera que ha adoptado su cine, que sus cintas han perdido calidad respecto a sus primeros trabajos. Pero se ha abordado menos la sensación de admiración que transmite Allen en estas últimas películas. Algunos de sus mayores referentes son los europeos Ingmar Bergman o Federico Fellini. El director muestra una sincera admiración por la cultura del Viejo Continente, por la idiosincrasia de cada país que proyecta en sus cintas. En cada largometraje hay al menos un personaje que hace de portavoz de esta fascinación. En Vicky Cristina Barcelona, Vicky estudia un máster sobre la identidad catalana y está enamorada, tal como ella dice, de Gaudí y la guitarra española. A su vez, uno de los momentos cumbre del largometraje tiene lugar en Oviedo, ciudad en la que Woody Allen recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2002 y donde él mismo dijo que viviría si planeara jubilarse.

En Midnight in Paris, sale a relucir el lado más nostálgico del director neoyorquino que viaja a París como hicieron casi un siglo antes escritores americanos de la talla de Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway. La nostalgia de Woody Allen por el París de los años veinte vuelve a ser telón de fondo de Magia a la luz de la luna, estrenada en 2014. Pero, así como Allen consigue que muchos personajes compartan su entusiasmo por Europa, también hay algunos que parecen ser insensibles o ajenos a la belleza que los otros ven en las ciudades europeas. Tal es el caso de Inez, la prometida del protagonista de Midnight in Paris, o Splendini el mago de Scoop al que da vida el propio Allen y que critica constantemente la manía de los ingleses de conducir por el lado izquierdo de la carretera.

Innovar y experimentar son dos aspectos a los que pocos directores de cine de la talla de Allen se pueden resistir, aunque eso conlleve una peor aceptación de la película. A pesar de todas las críticas, a Woody Allen no le obsesiona gustar o decepcionar: “No conozco la clave del éxito, pero sé que la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo”. Aunque en los últimos años los trabajos de Allen no han sido los mejores de su carrera, siempre despierta curiosidad ver una nueva película del director neoyorquino. En cada uno de sus largometrajes puede apreciarse siempre el toque cómico del genio estadounidense, alguna de sus neuróticas ideas e interpretaciones cuidadas y brillantes. Como es habitual en su cine, Allen consigue que empatices con varios personajes y que te encariñes de algunos, que rías, desconfíes y te entretengas. Siempre sorprende el trabajo de un director fuera de su ambiente natural. Ha sabido recuperarse de algunas películas decepcionantes, como Vicky Cristina Barcelona, con otros trabajos mucho más brillantes, como Midnight in Paris. Logra que desees pasear por París bajo la lluvia, que sientas su mirada de turista. 

Ha sido interesante ser testigos del periplo de Allen por Europa con estas películas-postal, conocer qué haWoody Allen-Zero Grados fascinado al director en cada ciudad. Pero aun así, a pesar de haber disfrutado en mayor o menor medida de su travesía europea, ha llegado el momento de que Allen ahonde más en el fondo de las películas, en las tramas y en sus diálogos ingeniosos, que en el entorno donde estas historias tengan lugar. El momento de dejar de lado la exploración de ciudades europeas y su consiguiente plasmación en películas anuales. El momento de volver a crear argumentos originales, sin importar si se producen en Manhattan o en Londres. De dirigir películas como Misterioso asesinato en Manhattan, Granujas de medio pelo, Matchpoint o Scoop, donde la trama pesa más que el escenario. Blue Jasmine, estrenada en 2013, e Irrational man, que se estrenará en julio de este año, están situadas de nuevo en Estados Unidos. Quizá para Woody Allen ha llegado la hora de dejar de enviar postales desde Europa y volver a Estados Unidos donde se desenvuelve con mayor naturalidad, donde sus tramas encajan mejor con su estilo y resultan más creíbles.

 

Eres una fábrica de pesimismo compulsivo que siempre ve el vaso medio vacío.
– No, te equivocas. Yo veo el vaso medio lleno, pero de veneno.

Scoop, Woody Allen (2006)

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