De Piglia a Renzi, la magia de lo epistolar: ¿Quién podría leer el porvenir?

Texto: Andrés Lasso Ruales// Fotos: Fernando Demetrio Parra//

La carta a lo largo del tiempo no sólo ha servido como medio de comunicación sino también se ha transformado en otras variantes como la novela epistolar en la literatura. En la Edad Media, por ejemplo, el poeta italiano Francesco Petrarca  creó su colección: Cartas Latinas, obra que llevó a este género a otras dimensiones. Sus misivas se convirtieron en ensayos cargados de reflexiones no sólo de su vida sino de la política de su época. Ya en el Renacimiento surge otra variante de esta categoría: las cartas toman forma de diálogos ficticios con figuras mitológicas o personajes ya fallecidos.

Sin embargo, el género epistolar se consolida en el siglo XVIII, las cartas no sólo deambulan por los medios de información sino también por el terreno de la ficción y la poesía. Kurt Spang en su ensayo La novela epistolar un intento de definición genérica explica como este género narrativo nace de un afán  por el autoanálisis, el confidencialismo, el confesionalismo, conatural al preromanticismo europeo.

Otra posibilidad para este tipo de relatos es la escritura de un diario. Uno de los diarios que mayor repercusión ha tenido en la historia occidental es el Diario íntimo de Stendhal, considerado el primer diario de escritor, que comenzó a escribir con tan solo 18 años. Según el ensayista argentino, Luis Gusmán, en La ficción calculada (Ediciones Godot, 2015), muchas veces en el diario el escritor se construye paralelamente como personaje. Gusmán indica que una de las características de Stendhal  fue su capacidad de  observación. “Piglia señala esta cualidad sirviéndose de metáfora pugilística  que define el estilo del boxeo como lo que depende de la vista y la velocidad y lo llama: “la visión instantánea”: “El Diario de Stendhal, otro ejercicio de la visión instantánea” (p. 110).

Si se revisa el caso del narrador francés una de las particularidades del texto epistolar es el registro minucioso. En este ensayo nos queremos centrar en ese detalle literario del apunte camuflado en la escritura de cartas o diarios en la novela Respiración Artificial y en los Diarios íntimos del escritor argentino, Ricardo Piglia (1941-2017).

Cartas en el cajón

El testimonio en una misiva  puede ser el retazo de un desahogo, o la reflexión de un momento, o una pieza de un relato. La novela epistolar nace también por el intercambio, porque la mayoría de las veces el que redacta una carta siempre espera otra, aunque sea una suerte de diálogo con uno mismo, esa particular narración en primera persona. Esas características epistolares han sido utilizadas por  varios autores para construir su literariedad por ejemplo: Goethe en: Las cuitas del joven Werther (1774) y Henry James en: Los papeles de Aspern (1888).

En el siglo XX, uno de los mayores precursores de este género fue el escritor nacido en Adrogué, provincia de Buenos Aires, Ricardo Piglia. El narrador argentino, también profesor y crítico de Literatura utilizó esta categoría en la mayoría de sus obras: Respiración Artificial, Prisión Perpetua, Blanco Nocturno y Los diarios de Emilio Renzi.

En este ensayo queremos reparar en el trabajo llevado a cabo por Piglia con las misivas de Respiración artificial.

Respiración artificial deambula entre lo epistolar y lo policial, y reflexiona sobre la historia argentina, la literatura y sus disfraces. El relato está dividido en dos partes: la primera es una narración conjetural de tres personajes y la segunda es una novela-ensayo en la que intenta construir varias tesis sobre diferentes tópicos: Filosofía, Historia (Hitler-Kafka) y el proceso en la Literatura argentina.

Libro de artista

Un joven escritor, Emilio Renzi (sobrino) conoce a Marcelo Maggi (tío), un historiador que vive en provincias e investiga los papeles del secretario privado de un personaje que pudo ser un héroe, Enrique Ossorio, (político y escritor argentino sombrío del siglo XIX que se fue a California en busca de oro) pero del que se sospecha que en realidad fue un traidor. Este último decide redactar unas esquelas para el futuro, él lo llama el porvenir. Ossorio desea que esa correspondencia se abra  después de ciento treinta años, pero él las escribe en la década del cuarenta del siglo XIX. Esta es la materia prima de la biografía que quiere escribir Maggi, que se cartea con Renzi y que a su vez tiene la intención de escribir una novela. Ambos reflexionan y cavilan sobre la historia familiar, la realidad argentina y hacen metaliteratura con sus textos epistolares:

“La correspondencia, en el fondo, es un género anacrónico, una especie de herencia tardía del siglo XVII: los hombres que vivían en esa época todavía confiaban en la pura verdad de las palabras escritas”.  Marcelo Maggi. (Respiración Artificial, 1980, Grupo Editorial Planeta, Biblioteca Argentina: La Nación, pág: 28)

“Entonces el género epistolar  ha envejecido  y sin embargo te confieso  que una de las ilusiones de mi vida es escribir una novela  hecha de cartas”. Emilio Renzi  (Respiración Artificial, 1980,  Grupo Editorial Planeta, Biblioteca Argentina: La Nación, página: 76)

Para uno de los escritores contemporáneos más destacados de América Latina, Patricio Pron, en la correspondencia entra en juego el aspecto temporal de la literatura. “En este caso la interactividad de una correspondencia que apunta a un diálogo pero asume que ese diálogo se prolongará en el tiempo, estará lleno de silencios y de pausas. Son decenas o cientos los libros en los que la correspondencia juega el papel de la “llave u oráculo” que resuelve el misterio; y, si no recuerdo mal, La piedra lunar de Wilkie Collins, que es considerada una de las primeras novelas policiales de la historia, es uno de ellos”.

En Respiración Artficial las misivas presentan un diálogo que es fundamental para revelar la intimidad de la historia personal, familiar de cada personaje  e incluso de la Argentina.

“Para mí era como avanzar hacía el pasado y al final de ese viaje comprendí hasta qué punto Maggi lo había previsto todo. Pero eso pasó después, cuando todo terminó; antes recibí la carta y la fotografía y empezamos a escribirnos”. Emilio Renzi. (Respiración Artificial, Grupo Editorial Planeta, Biblioteca Argentina: La Nación, 1980, pág:15)

“Fue el viejo, por otro lado,  el que empezó hablarme de Enrique Ossorio, que era su abuelo y me dejó ver el cofre con el archivo de la familia”. Marcelo Maggi. (Respiración Artificial, Grupo Editorial Planeta, Biblioteca Argentina: La Nación, 1980, pág: 19)

En La historia de los ausentes: las cartas en Piglia y Onetti. Un diálogo epistolar, de Marcos  G. Seifert se explica que en el carteo de Respiración Artificial hay una referencia permanente de textos desaparecidos o de los que sólo se da a conocer una fracción del relato. Para este autor, el juego epistolar de cartas discontinuas presentan ausencias que constituye una especie de paralelismo histórico, investigación y desciframiento:

“No  sólo por la labor de reconstrucción que Maggi realiza sobre la vida de Ossorio a partir de sus cartas y documentos, sino también por las lecturas de las misivas que efectúa Arocena en el tercer capítulo”. (La historia de los ausentes: las cartas en Piglia y Onetti. Un diálogo epistolar, I Jornadas Internacionales de Investigación y Debate Político , VII Jornadas de Investigación Histórico Social 2008, pág: 5)

En la propia novela, el personaje de Arocena desea interpretar un mensaje oculto, o mirar de soslayo al pasado de su nación, para entender el presente, o para imaginar al futuro:

“Una de las cartas estaba cifrada. O todas. Arocena reordenó las que tenía desplegadas en el escritorio. Revisó los sobres y estableció rápidamente un primer sistema de clasificación. Caracas. Nueva York. Bogotá; una carta a Ohio, otra a Londres; Buenos Aires; Concordia; Buenos Aires. Numeró las cartas: eran ocho”.(Respiración Artificial, Grupo Editorial Planeta, Biblioteca Argentina: La Nación, 1980, pág:68 )

Entonces, la carta se convierte en un documento de registro vital para la novela que va tomando textura a través del intercambio epistolar.

“Releo mis papeles del pasado para escribir mi romance del porvenir. Nada entre el pasado y el futuro: este presente (este vacío, esta tierra incógnita) es también la utopía”. Enrique Ossorio. (Respiración Artificial, Grupo Editorial Planeta, Biblioteca Argentina: La Nación, 1980, pág:71)

Según Roberto Echavarren las cartas y los documentos de Renzi, Maggi y Ossorio marcan una distancia no sólo espacial sino temporal:

“Los lectores de sus papeles (su nieto el ex-Senador, el yerno de este, Maggi, y el sobrino de Maggi, Renzi) están escalonados en sucesivas generaciones de argentinos. Forman una cadena ligada no solo por el parentesco de sangre o político, sino por el legado de una vocación de pensamiento”. (La Literariedad: Respiración Artificial de Ricardo Piglia, New York University, pág:999 )

Esas son las características de los tres que se ven reveladas en los carteos que sostienen. Ahí ensayan  su  esencia, sus deseos y sus reflexiones. Su conversación no es directa y sus escritos establecen un sistema de relevo, explica Echevarren, el sucesor hereda y se hace cargo de la historia de su antepasado.

“Respeten mis escritos, debidamente ordenados, a los que yo aquí nombro como sigue: mis Anales. ¿Quién va a escribir esta historia? Sea cual sea la vergüenza que me alcance no quiero yo renunciar ni a mi desesperación, ni a mi decencia. Me gusta y siempre me ha gustado su antefirma y permítame que la imite: —Patria y Libertad—. Y he de tutearte, Juan Bautista, con tu permiso, por esta vez. Tuyo. Tu compadre, Enrique Ossorio, el que va a morir”. (Respiración Artificial, 1980, Grupo Editorial Planeta, Biblioteca Argentina: La Nación, página: 27)

La carta en Respiración Artificial es el vestigio que sirve a Piglia para estructurar la tensión entre los textos y los subtextos, entre lo mencionado y lo no mencionado.

Para Pron, uno de los temas centrales de la obra de Piglia es cómo entender; es decir, cómo articular en un relato ordenado hechos dispersos que de forma individual no producen sentido alguno. “A su vez, sin embargo, hay en Piglia una fascinación por el fragmento, y en casi todos sus libros se pone de manifiesto esa tensión: hay que concebir una serie para los acontecimientos, hay que entender, pero el fragmento es autónomo y a menudo significativo, a su manera, de forma aislada”.

“Arocena reordenó el texto, separó la carta en párrafos.  La clave no coincidía. No había nada ahí. ¿No había nada ahí? Trabajó todavía un rato más pero al fin se decidió a abandonar esas hojas mal escritas. Buscó la carta que seguía. Emilio Renzi, Sarmiento 1516, a Marcelo Maggi, Casilla de Correo 12. Concordia. Entre Ríos. Acomodó la luz de la lámpara y empezó, otra vez, a leer”. (Respiración Artificial, 1980, Grupo Editorial Planeta, Biblioteca Argentina: La Nación, página: 80)

Renzi, el último interventor

Hay  autores que escriben libros y hay otros que dejan obra. Ricardo Piglia es un narrador que se encasilla en la segunda afirmación.  El género epistolar le sirvió a este prosista para sostener su huella literaria.  A  lo largo de su obra en ese cruce entre carta y diario el escritor argentino inventó su alter ego: Emilio Renzi y su diario íntimo le sirvió de bote para que su personaje consiga flotar sobre sus memorias.

“En esos días en medio de la desbandada, en una de las habitaciones desmanteladas de la casa empecé a escribir un diario. Así empecé, todavía hoy sigo escribiendo ese diario, muchas cosas cambiaron desde entonces, pero me mantuve fiel a esa manía”. (Documental de Andrés Di Tella: 327 cuadernos, Piglia dice al minuto 4:06).

Según el escritor argentino Alan Pauls, lector y amigo de Piglia: “El diario -es una de las magias del género- convierte al que lo escribe en escritor de manera fulminante, instantánea. Lo hace escritor performativamente (“Me declaro escritor…”), igual que un fallo judicial hace culpable o inocente a un acusado”. http://www.telam.com.ar/notas/201610/168679-libro-semana-alan-pauls-ricardo-piglia.html

Abuelito II

Esa devoción de escribir de forma continua y con disciplina férrea para Piglia, sostiene Pauls, lo llevó  a un modo de existencia marcial sobre su diario: reglas, restricciones y objetivos específicos, y todo eso desencadenaba una autovigilancia  permanente.

“Leo lo que escribí en estos cuadernos, desorden de los sentimientos. Busco una poética personal  que aquí no se ve todavía. Un diario registra los hechos mientras suceden. No los recuerda, sólo los registra en presente. (Jueves 13 de octubre)”. (Los diarios de Emilio Renzi. Los años felices, Anagrama: Narrativas hispánicas )

El diario para Piglia  fue un laboratorio para cruzar la reflexión con la falsificación. O quizás fue el instrumento perfecto para teorizar, cavilar y experimentar un nuevo género literario.

Para el escritor Luis Gusmán, también amigo de Piglia,  el diario de su camarada es  particular porque en él existen situaciones ficticias y reales. “Es cierto, se puede decir la verdad mintiendo. Piglia en su diario va inventando cosas de la realidad, por ejemplo para mí él inventó otro Arlt a través de su lectura, ahí  viene el Piglia interventor lo transforma y su diario es el instrumento perfecto para su operación”.

Mientras tanto, Pron  indica que Piglia logró construir una ‘tesis del diario’, ésta se vincula con la relación siempre problemática entre escritura y verdad. “A falta de una edición crítica y/o facsimilar de los diarios, o de estudios de crítica textual sobre ellos, lo que se desprende de la lectura de los textos ya editados es que, para Piglia, todo lo narrado deviene palimpsesto, no importa que se lo escriba en un diario y con la convicción de que se está contando ‘la verdad’, lo que sucedió ‘realmente’: por el hecho de haber sido escrito ya participa del repertorio de textos que constituyen toda la vida de un escritor que también, y principalmente, es lector, como Piglia”.

“Tengo la extraña sensación de haber vivido dos vidas. La que está escrita en los cuadernos y la que está fija en mis recuerdos. Son figuras, escenas, fragmentos de diálogos, restos muertos que renacen cada vez. Nunca coinciden o coinciden en acontecimientos mínimos que se disuelven en la maraña de los días”. Idea que reitera en el documental de Andrés Di Tella: 327 cuadernos

Entonces, Renzi, tal vez, nace de esa troca: de la verdad y de la ficción, de la carta y del diario. Es ese segundo que quiere, o que quiso, o que fue, o que siempre estuvo ahí dialogando o carteándose con su inventor (Piglia), o por qué no cada uno entrometiéndose en la vida del  otro.

“Por momentos estoy en otro tiempo, no se trata de un recuerdo, sino más bien volver a vivir las emociones de un pasado. Por ejemplo, aquella noche con Elena  frente al colegio,  o con Vicky en la plaza  entre los árboles  y con Amanda a la salida de la radio. Tal vez deliro,  pero me veo a mí mismo en la escena y entonces veo que mantengo la cordura  porque me imagino que estoy narrando lo que he vivido”.  (Domingo 13 de diciembre)”. (Los diarios de Emilio Renzi. Los años felices, Anagrama: Narrativas hispánicas )

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