Debajo de un Pirul… en el Jaguey Xaxalpa
Texto: Verónica Ethel Rocha Martínez //
Hace seis años, supe de la existencia de un Jaguey ubicado en Santo Domingo Ajoloapan en el municipio de Tecámac, en el Estado de México. El único referente que tenía al respecto de estas represas de agua era que se usaron como formas de abastecimiento. Sin embargo, ignoraba cómo surgieron y el uso que los habitantes hacían de estos cúmulos de agua; a partir del relato de una habitante de esa comunidad llegué al sitio en donde se ubica este jaguey.
La localidad de Santo Domingo Ajoloapan se ubica en el kilómetro 44.8 de la carretera libre México-Pachuca a la altura de dos restaurantes conocidos en la zona: El Fogón Do Brasil y la vuelta es hacia el lado derecho, y en la esquina contraria se ubica una antigua hacienda que actualmente es un conocido restaurante típico, llamado La Finca Doña Eulalia.
Sobre la calle La Reforma de Santa María Ajoloapan se continúa derecho hasta que cambia de nombre por la Calle Santo Domingo, posteriormente Lázaro Cárdenas. En el entronque con la Calle Morelos se debe dar vuelta a la izquierda y dos cuadras adelante se encuentra el Jaguey Xaxalpa. Las calles de Santo Domingo se caracterizan por bardas delimitadas con cactus de la especie órgano o chilayo, que crea muros naturales de hasta 5 metros de altura.
Al llegar al lugar, quién habita esta comunidad narró que su tamaño abarcaba la cancha contigua de futbol soccer y que los habitantes habían decidido pavimentar esa parte, nos sentamos bajo uno de los pirules y observamos un serie de pinos que se distribuyen alrededor del jaguey; además de la amena conversación con mi acompañante, pude escuchar los sonidos apacibles y la tranquilidad de este espacio; cabe agregar que en las aguas de esta represa habita una especie en peligro de extinción: el ajolote atigrado.
El nombre de estas dos localidades refiere a este anfibio cuyo nombre en náhuatl es axolotl o ajolote (UNAM, 2025), se trata de un tipo de salamandra cuyo hábitat son los caudales en las sierras de la zona central del país (centro de México, Puebla, Hidalgo, Querétaro y Guanajuato); el territorio mexicano cuenta con 18 de las 30 especies conocidas de ajolotes según la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP, 2017).
Otra integrante de esta comunidad, la Sra. Lidia, se ha dedicado a preservar vestigios de las culturas prehispánicas encontrados en la zona y por décadas ha difundido la existencia del ajolote en el jaguey; ha sido un largo camino de experiencias como portavoz de la importancia de esta reserva de agua y su resistencia implicó disuadir a los pobladores para no convertir el embalse en otra zona pavimentada más.
Recientemente, en febrero de 2023, un grupo de investigadores del Instituto Politécnico Nacional, en colaboración con los miembros de un Consejo Cultural encabezados por la investigadora Úrsula Samantha Morales Rodríguez y personal del municipio, realizaron cinco arrastres con red para determinar el tipo de flora y fauna que habita en el ecosistema y de este modo confirmaron la existencia del ajolote atigrado, de carpas y charales, además de la acumulación de algas (Vidal, 2023).
El jaguey, nombre en náhuatl de este tipo de embalse, constituye una estructura realizada por los antiguos habitantes de la comunidad para acumular agua y de este modo satisfacer la necesidad de abastecimiento hídrico de acuerdo con lo expuesto por Guzmán en 2021, cierto es que estos sistemas de captación de agua se utilizaron antes de que existieran en estos poblados drenajes y agua entubada. En ese sentido, la investigadora María Alicia de los Ángeles Guzmán indica en 2021 que su existencia es al mismo tiempo memoria colectiva que narra la forma en que los pobladores obtenían agua limpia y la usaban para el riego de cultivos, como abrevadero para animales de pastoreo, para lavar ropa e incluso para el consumo humano y la limpieza de los hogares. Las entrevistas realizadas por la investigadora en las comunidades de Morelos acerca del cuidado de estas represas indican que eran particularmente importantes en las comunidades para preservar el agua cristalina y limpia.
Mi compañera recuerda como ella y otros habitantes lavaban su ropa en este sitio hace 40 años, entonces utilizaban piedras enormes como lavadero natural para extender la ropa y tallarla, cuando esta comunidad aún no contaba con servicios públicos y sus habitantes consideraban la importancia del jaguey porque les era útil y satisfacía su necesidad de acceso al agua.
Los embalses revelan múltiples beneficios ante el cambio climático: desde la perspectiva de Alberto Valdivielso en 2025, las razones para conservarlos son relevantes para equilibrar el agua que proveen los ríos, humedales, arroyos, lagos y quebradas a fin de restituir las aguas subterráneas, es decir, alimentar los pozos de agua; otra razón relevante es que regulan los ríos y manantiales en tanto ayudan a que estos se recarguen.
En una zona donde los conjuntos habitacionales crecen año con año, como es el caso del municipio de Tecámac, la importancia de este tipo de captadores de agua es primordial; de igual forma, cuando el impacto ambiental de las zonas urbanizadas insta a las autoridades a pensar en soluciones a largo plazo para garantizar el agua en los pozos evitando que sean sobre explotados. De no tomar las medidas pertinentes y atender la creación de zonas verdes, parques forestales, reservas de la biodiversidad aledañas a estos conjunto urbanos, en poco tiempo se podría generar un desabastecimiento del líquido vital.
El derecho al agua ha sido en el Municipio de Tecámac un eje de encuentros y desencuentros en torno a la gestión de los pozos. Esto se debe a la existencia del Sistema de Pozos comunitarios que administra la Junta Rural de Administración, Operación y Mantenimiento y Ampliación del Sistema de Agua Potable de Tecámac (SAPTEMAC) que, como asociación civil, se encuentra a cargo de 6 pozos de agua de tipo comunitario; además, existen 54 que administra el Organismo Público Descentralizado para la prestación de Servicios de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento (ODAPAS) cuyos beneficios son una fuente de recursos para el funcionamiento municipal.
En 2024 los dirigentes de la asociación civil SAPTEMAC recibieron el reconocimiento a su labor como “Pioneros del agua” por parte del Gobierno del Estado de México junto con un acuerdo para fortalecer la Gestión Comunitaria del Agua (EDOMEXInforma, 2024); cabe agregar que estos pozos se ubican principalmente en pueblos originarios asentados en la ribera de la laguna de Xaltocan que actualmente enfrenta un proceso de desertificación junto con la Cuenca del Valle de México (SAPTEMAC, 2019).
El derecho al agua forma parte de los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (DESCA). Se trata de un conjunto de derechos inherentes para dignificar la vida, entre ellos destacan: el derecho a la educación, la salud, el trabajo, la seguridad social, la vida en familia a partir del acceso a la vivienda, la alimentación y el agua; y en el siglo XXI se suma el disfrute de un medio ambiente sano (CNDH, 2019). Esto significa que una vida digna no puede prescindir del ejercicio de cualquiera de estos derechos, ya que están interconectados y se deben garantizar para promover el desarrollo armónico de las naciones.
De acuerdo con los datos expuesto por la Organización de las Naciones Unidas en 2022 y en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sustentable, particularmente en lo referente al Objetivo 6: “Garantizar la disponibilidad del agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos”, las acciones que los gobiernos tomen al respecto serán de gran impacto para lograr que el acceso al agua sea un eje de desarrollo, acceso a la salud y, como aquí se narra, preservación del patrimonio cultural y de la biodiversidad de los ecosistemas que alberga.



