Delitos y Cine: La cámara y el pincel

Jorge Marco, Julio Beltrán y Pablo Gracia//

La animación es, normalmente, la primera ventana que nos permite asomarnos a este infinito cosmos que es el cine. De los recuerdos de nuestra más tierna infancia, podemos extraer sin demasiados problemas varias decenas de títulos que vivimos de una forma tan intensa que, hoy en nuestra adultez, es extremadamente difícil de replicar.

Esa forma tan pura de disfrutar de las series y las películas, en la que no existen ni el director ni los actores y los personajes son entes reales con los que compartimos angustias y alegrías, solo existe plenamente en esos primeros años. Una ilusión profunda y penetrante que, las más de las veces, vivimos por primera vez a través de la animación.

Esta estrecha relación entre la niñez y la animación trae consigo también algún inconveniente. Y es que, tal vez en pos de reivindicar algún tipo de madurez mal entendida, son muchos los que rechazan la animación en su adultez y la etiquetan, en un error fatal, como un “género infantil”. Doble desacierto, ya que ni se trata de un género ni está atado a ninguna franja de edad concreta. Privarse voluntariamente de los disfrutes que nos brinda la animación en nuestra madurez, o incluso ser incapaz de divertirse con las obras que ofrece a los más pequeños, es destacadamente estúpido. 

La animación es, como su etimología sugiere, un conjunto de técnicas mediante las cuales se engaña a nuestros ojos para crear movimiento donde realmente no lo hay. Las ilustraciones animadas, el stop motion, la rotoscopia, el 3D… Son muchas las disciplinas que abarca este amplio y rico abanico, y, si tuviéramos que encontrar una característica común a todas ellas, esta sería la libertad. Crear a los actores, los escenarios y las acciones de la trama a través de la punta de un pincel nos abre a una realidad de posibilidades casi infinitas. Escenas que serían escandalosamente complicadas o técnicamente imposibles de rodar en el cine convencional, se convierten en un mero problema de creatividad para los animadores. Presupuestos normalmente más reducidos y libre albedrío estético y narrativo convierten a la animación en un caldo de cultivo perfecto para las obras más sorprendentes, intensas o disparatadas que pudiéramos imaginar. Porque ese es el límite de estas técnicas, la imaginación. 

Para ejemplo de todo lo anteriormente expuesto, os traemos, en esta ocasión, tres películas de animación que reflejan esta fantástica pluralidad temática y formal: 

Vals con Bashir (Ari Folman, 2008)

Ante los terribles sucesos que nos llegan a diario sobre el genocidio que Israel está perpetrando sobre la Franja de Gaza desde hace meses era casi imposible no pensar en Vals con Bashir, la película de Ari Folman, dentro de esta nueva sección dedicada a comentar diversos ejemplos de técnicas de animación.

Esta obra de Folman sorprende por varios motivos. El primero es que es israelí. Ante una sociedad que parece vivir tan alejada de lo que ocurre a tan poca distancia de sus hogares —cuando no directamente apoya y celebra las acciones criminales de su gobierno— encuentro especialmente relevante que un artista de este origen se lance a explorar su propia memoria y por tanto la de una nación al completo en el contexto de la guerra que se desencadenó por la invasión del Líbano en 1982. Segundo: se trata de un documental. A pesar de la potencia lírica de algunas de sus imágenes, Folman se interpreta a sí mismo en una búsqueda por desbloquear su mente sobre lo sucedido veinte años atrás. Las personas con las que habla son también reales e incluso relativamente conocidas, como el reportero de guerra Ron Ben-Yishai, que fue de los primeros en informar sobre la masacre en los campos de refugiados de Sabra y Shatila, hecho fundamental sobre el que acabará pivotando toda la película. Y tercero, la técnica de animación empleada, tan cercana a la rotoscopia —que consiste en dibujar sobre fotogramas de filmación real— , pero que en este caso se dio a partir de un invento creado expresamente para la película y que radica en unir las herramientas del programa Adobe Flash con animación tradicional.

waltz-with-bashir-poster Vals con Bashir cuenta la búsqueda obsesiva del propio Folman por intentar recordar lo que él mismo vivió como soldado cuando Israel invadió el sur del vecino Líbano en el verano de 1982. Lo único que parece no haber abandonado su mente de esa etapa es un pequeño momento en el que él, junto a otros dos compañeros, se bañaba en el Mediterráneo iluminado por las bengalas que permitían adivinar una Beirut en ruinas. Pero, ¿por qué acordarse sólo de ese hecho tan aparentemente insignificante? 

A lo largo de la película Folman irá reuniéndose con distintos amigos y testigos con recuerdos mucho más vívidos de ese acontecimiento, desde una emboscada de la que parecía imposible sobrevivir hasta el momento que da título al film: una vez las tropas israelíes entraron en la capital del país, una unidad de infantería se encuentra rodeada y expuesta en una carretera, acosada por disparos de francotiradores y lanazagranadas. Como medida desesperada, un oficial coge una ametralladora y comienza a disparar en todas direcciones mientras describe círculos y se mueve esquivando las balas. Esta especie de danza cargada de una belleza extraña —y que sirve para retratar las muchas acciones sin sentido que, encajadas con otras, acaban por construir algo tan bárbaro como una guerra— sucede bajo la atenta mirada de enormes carteles que retratan la imponente figura del futuro presidente libanés Bashir Gemayel. 

La técnica de animación desarrollada por el estudio Bridgit Folman Film Gang consigue retratar esa atmósfera de incertidumbre que sufre el protagonista ante un suceso que le resulta imposible de visualizar. Resultan especialmente impactantes las secuencias nocturnas, ya que el tono documental se deja de lado para entrar en un terreno mucho más tendente a un estilo fantasmal, como de bruma. Pesadillas con perros salvajes que persiguen al infortunado que no puede evitar soñar con ellos y escenas de aparente calma en medio de un escenario bélico resaltan por una oscuridad que otorga esa sensación de fragilidad ante el intento por reconstruir algo que cuesta comprender. Un elemento que resulta acertadísimo a la hora de plasmar los recovecos de la mente y que pone en duda tanto lo que se recuerda como lo que se olvida. Los procesos de nuestro cerebro a la hora de fijar cómo rememoramos el pasado son tan poderosos que podemos afirmar con total convicción que vimos algo que jamás ocurrió. E, incluso, seguir defendiendo nuestra impresión cuando se presentan pruebas fehacientes de todo lo contrario. Si trasladamos esa situación a un escenario de guerra, la cantidad de versiones, falsedades y hechos retorcidos por el paso de los años puede incluso provocar mareo. 

Pero, finalmente, Folman consigue descubrir el porqué de su bloqueo mental. Y es aquí donde se encuentra la decisión más valiente de la película, más si se tiene en cuenta su nacionalidad. Tras varias recreaciones de poca veracidad y escenarios cambiados por culpa de su memoria tanto en tiempo como espacio, el protagonista de Vals con Bashir —es decir, el propio Ari Folman— acaba por recordar que formaba parte del cordón del ejército israelí que circundaba las proximidades de los campos de refugiados de Sabra y Shatila, cuyos habitantes fueron masacrados por miembros de la Falange Libanesa, un partido político cristiano aliado y armado por Israel. El resultado fue el asesinato de entre 3.000 y 3.500 refugiados palestinos entre el 15 y 18 de septiembre de 1982.

vals con bashir La película en este momento abandona cualquier elemento de animación, como si fuera inmoral tratar de maquillar con esta técnica el auténtico horror, y cierra con imágenes reales tomadas por los reporteros que consiguieron entrar al campamento tras las matanzas. Lo que grabaron resulta casi imposible de describir. Se mató a hombres, mujeres y niños, durante tres días y con el apoyo silencioso de las Fuerzas de Defensa israelíes.

Ari Folman no emite ningún juicio de valor, no busca justificación. Simplemente decide terminar su película con la cruda realidad de un hecho del que no se ha querido aprender. Vals con Bashir se convierte así en un puente que une el trauma personal con la denuncia, y sitúa a la experiencia personal como un engranaje más dentro del devenir de los sucesos históricos. En esta historia hay víctimas y victimarios, responsables e inocentes. Pero cabe preguntarse cuál es la posición del resto de actores en juego. 

Cuando dentro de mucho tiempo se mire a lo que sufre actualmente el pueblo palestino se volverá a formular la misma pregunta que nos hacemos nosotros viendo lo que ocurrió hace cuarenta años en esos campamentos de refugiados de Sabra y Shatila: “¿Cómo se pudo permitir que esto sucediera?”.

Mind Game (Masaaki Yuasa, 2004)

Mind Game es el primer largometraje de Masaaki Yuasa y, además de su más perfecta obra, una de las mejores películas producidas en lo que va de siglo. El director de delirantes maravillas como The Tatami Galaxy (2010) o Devilman (2018), presentó este film rompedor en el año 2004, cuando aún se trataba de un desconocido en el mundillo. Aunque en un principio la película no funcionó comercialmente, pronto se convirtió en un film de culto gracias a su éxito en varios festivales, llegando a imponerse en muchos de ellos al maestro Hayao Miyazaki, que ese mismo año competía en los certámenes con su última producción, El castillo ambulante (2004).

Dos miembros de la yakuza persiguen ferozmente a una joven que corre desesperada por salvar la vida. In extremis, logra colarse en el metro y así escapar, temporalmente, de sus perseguidores. Tras saltar Myon al vagón en su desesperada huida, es atendida por Nishi, un antiguo novio de la adolescencia que casualmente se encontraba ahí. Segundos antes del reencuentro entre ambos, podemos ver que Nishi está mandando un mensaje de texto que constituye la piedra angular de todo lo que Masaaki Yuasa nos quiere transmitir con su película. En la pantalla de su móvil podía leerse: “La vida es el resultado de tus propias decisiones”. 

Mind game fotograma

Tras el encontronazo, descubrimos que Nishi sigue perdidamente enamorado de Myon, aunque no logre reunir el valor para decírselo. De hecho, Nishi nunca consigue reunir valor para nada y su vida, tristemente, es una larga sucesión de batallas que nunca libró. Mientras ambos cenan junto al prometido de Myon, los yakuza los encuentran y, tras reducir a Nishi, comienzan a abusar de Myon. Nishi hace, por primera vez, un amago de valentía que termina tan pronto como empieza, ya que uno de los yakuza lo ejecuta sin mediar palabra. Nishi ha muerto. Su alma es transportada a un misterioso limbo en el cual se encuentra, cara a cara, con Dios. Este le revela que no existe nada después de la muerte, y que lo único que le queda por hacer es desaparecer. Atormentado por haber desperdiciado su vida, Nishi decide revelarse y, tras enfrentarse al señor de la creación, logra volver a la vida, al punto exacto en el que murió, dispuesto a cambiarlo todo. Tras un segundo y espectacular enfrentamiento con los yakuza, Nishi logra escapar junto a Myon robando el coche de sus captores. Una persecución frenética tiene lugar por las calles de la ciudad y culmina cuando, tras precipitarse el coche por un puente levadizo, son engullidos por una ballena.  

Quiero recalcar que todo lo anteriormente narrado ocurre en los primeros 15 minutos de la película. Este sueño febril es tan solo la primera pincelada de la aventura en la que nos sumergiremos la próxima hora y media. A través de Nishi, viviremos el despertar filosófico que Masaaki Yuasa querría para todos nosotros. Sin entrar en más detalles ni desvelar el resto de la trama, los retos de Nishi y del resto de personajes a la hora de afrontar su existencia son los mismos que todos nosotros hemos sufrido o sufrimos actualmente. Esta es una película universal, porque trata aquellas cuestiones que nos definen. Trata sobre nosotros mismos. 

Mind game fotograma 1 Para expresar ideas tan complejas de un modo tan acelerado y frenético, Masaaki Yuasa emplea una enorme cantidad de técnicas de animación, que se van sucediendo una tras otra cuando no se solapan entre sí. La animación clásica comparte la pantalla con stop-motion, infografía poligonal o imágenes reales manipuladas. El aparato técnico es tan rico e imaginativo como el guión, y ambos se complementan hasta el punto de depender mutuamente entre sí para transmitir el mensaje completo. En las largas y lunáticas escenas de acción, Yuasa no respeta las formas, el color, el estilo del arte ni la composición. Deja que la trama avance y que el aparato visual comulgue más con nuestros sentimientos como espectador que con la coherencia interna de la obra. 

Para Yuasa, la vida es lo único verdadero y certero que tenemos o tendremos jamás. No podemos permitirnos retroceder ni dejar de avanzar por miedo al fracaso. No importa si nuestro camino nos lleva a buen puerto, lo único que importa es que seamos nosotros quienes elijamos seguirlo. Mind Game es una obra extremadamente completa que logra en el espectador una sensación inmersiva e intensa que solo podemos animaros a experimentar por vosotros mismos.  

Loving Vincent (DK Welchman, Hugh Welchman, 2017)

loving vincent poster

Todas las artes están vinculadas a una historia de innovación tecnológica que las dota de nuevos medios expresivos acorde a los cambios sociales. De todas ellas quizá sea la animación cinematográfica la que tenga el vínculo más dinámico entre arte y tecnología, dada la libertad entre posibles métodos de animación y el tirón comercial que conllevan para la película. Así, desde los pioneros dibujos en tiza de Émile Cohl o los alfileres retráctiles de Alexander Alexeieff y Claire Parker hasta la producción de softwares actuales, la animación no ha dejado de buscar siempre nuevas formas de expresión. 2017 añadió a esta historia un nuevo hito con Loving Vincent, donde cada uno de sus sesenta y cinco mil fotogramas es una pintura al óleo realizada a mano por ciento quince pintores diferentes.

Tratándose de un biopic de Van Gogh era de esperar que la estética de los óleos imitaran a la del pintor, con el riesgo de convertir la película en una sucesión de imitaciones de sus cuadros. Pero un acierto del film es que en todo momento mantiene como prioridad la sencillez narrativa y evitan la grandilocuencia. La belleza de la imagen en movimiento se centra muchas veces en pequeños pero constantes cambios de luz o detalles en los rostros de los personajes que aportan mucha vivacidad a la pantalla. 

Este mérito visual fue reconocido ese mismo año con el premio a la Mejor Película de Animación en los Premios de Cine Europeo y con la nominación al Óscar también como Mejor Película de Animación

Por otra parte, es cierto que el argumento del biopic no consigue estar a la altura de la estética visual. El conflicto se desencadena cuando un cartero encuentra la última carta de Van Gogh a su hermano, y le pide a su hijo Armand que la entregue. Esto inicia en Armand un viaje hacia sí mismo donde cambiará su punto de vista sobre ese pintor inadaptado que todo el pueblo marginaba, y terminará investigando la verdadera causa de su suicidio. Esa transición del desprecio a la admiración, sin embargo, está construida a base de relatos que no aportan una imagen crítica del pintor, sino que se centran en lo más popular. Es decir, todo el mundo va a ver una película sobre Van Gogh, aunque realmente tras el visionado no se haya aprendido nada nuevo más allá de lo archiconocido, como el sufrimiento por su enfermedad, su autolesión, la mala imagen que tenía en el pueblo, “que era un genio”, y otras virtudes por el estilo.

loving vincent fotograma 2 (1) De hecho, parece que la ola actual de los biopics se está convirtiendo en un refugio para los productores que esperan rentabilizar sus películas con la publicidad de alguien conocido. Con mayor o menor originalidad en los Óscars de este año podíamos encontrar a Oppenheimer, Rustin, Nyad, Maestro, Golda, Napoleón y American Symphony. Y si contamos las inspiradas en hechos reales estaban La sociedad de la nieve, La zona de interés, Secretos de un escándalo, Flamin’Hot y Los asesinos de la luna. 

En cualquier caso, Loving Vincent seguirá vigente con el tiempo por la belleza de su animación, por lo que es recomendable para cualquier espectador.


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