El laurel maltés

Marina Tarragual. Fotografía principal: Net News//

Viajar abre la mente. Separar nuestros dos hemisferios compactos y permitir el intercambio de ideas no es fácil. No siempre ocurre de manera sutil y placentera. A veces, solo un fuerte golpe de realidad consigue que una reflexión ahonde en nuestra dura corteza cerebral. En este caso, Daphne, una periodista asesinada en Malta.

Daphne fue mi golpe en Malta. Una tarde, en el bus de regreso de La Valeta, una serie de grafitis en muros de carretera me despertó de mi idilio turístico. El primero decía: “No seremos silenciados. Daphne, descansa en paz”. La memoria en ese momento me falló. Pero lo que nunca puede faltar a una estudiante de Periodismo es la curiosidad y de inmediato recurrí a Google.

Fuente Daily Mail
Fotografía de Daily Mail

Al buscar ‘Daphne’, lo primero que aparece es la historia de una ninfa de la mitología griega. Eros disparó dos flechas: una dorada a Apolo para que se enamorara de Daphne y otra con la punta de plomo a Daphne . Todo para que esta sintiera desprecio por Apolo, al que Eros quería castigar. El dios griego no cesaba de perseguir a Daphne para conseguir su amor. Y esta, desesperada, pidió ayuda a su padre, quien la transformó en un eterno árbol de laurel.

Y al buscar ‘Daphne Malta’, lo que se encuentra son decenas de titulares que se sintetizan en: “Periodista maltesa asesinada”. Daphne Caruana Galizi escribía para varios medios de comunicación. Era conocida por su incisiva labor en cuestiones sociales y políticas como la corrupción y por ser una pieza clave en los Papeles de Panamá. El 16 de octubre de 2017 fue asesinada al estallar una bomba en su coche. Sus últimas palabras en el blog que escribía fueron: “Hay ladrones en cualquier sitio a donde mires. La situación es desesperante”.

Fuente Independent
Fotografía de The Independent

Malta se está convirtiendo en un nuevo paraíso fiscal, con una corrupción y una industria del juego online punteras. No es de extrañar que para ciertos poderes los perversos adversarios sean los periodistas. Con el trascurso de los meses se ha sabido que la periodista vivía en una espiral de amenazas y que alertó a la policía –igual que la ninfa a su padre– de la agotadora persecución, pero le hicieron caso omiso. Daphne fue silenciada, pero no pudieron acabar con su investigación. Esta sigue activa gracias a Proyecto Daphne, una colaboración de medios como The Guardian o la agencia Reuters.

Daphne fue un golpe bastante duro a mi estúpido eurocentrismo. Porque no solo atañe al archipiélago mediterráneo, también a la Unión Europea, que de momento ha sido incapaz de resolver el crimen. Pensaba que esto no pasaba aquí, que la lista de países que matan a periodistas no llegaba a alcanzar a la supuesta cuna de los derechos humanos. Pero la historia se volvió a repetir en febrero y en otro país miembro, en Eslovaquia, con el asesinato del joven Ján Kuciak, quien también se encargaba de destapar casos de corrupción.

Los hechos con el tiempo pueden quedar en el olvido, pero los símbolos no. El laurel de Daphne perdura en nuestro imaginario como signo de victoria. Y de la misma forma lo hará la periodista maltesa. Con la propuesta de la eurocámara de crear un premio en su nombre para defender la libertad de información. Porque viajar abre la mente, pero el buen periodismo también lo hace. Aunque a veces el golpe de verdad duela.

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