¡Demos un empentón a los pueblos de Aragón!
En aragonés, “empentar” significa “dar un empujón” o “impulsar”. A veces, en la vida necesitamos dar un empentón para poder superar los obstáculos que se nos interponen sin importar quiénes seamos o de dónde venimos. Así lo reflejó Eduardo Galeano cuando dijo: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Así, nace en Aragón el proyecto Empenta tu pueblo, una iniciativa que procura revitalizar el mundo rural y luchar contra la despoblación a partir de la participación vecinal.
Pedro Modrego// @pedromdrgo
Geógrafo colaborador: Pedro Gracia Puzo
El entramado del proyecto actúa en siete municipios: Used, Peralta de Alcofea, Linares de Mora, La Fueva, Fuentes de Rubielos, Azuara y Artieda. Fue en este último donde la idea tomó forma. Ubicado al sur del silencioso embalse de Yesa, Artieda se alza con la esperanza de no ser olvidada. Sin embargo, existía un grupo de jóvenes que entendió ese deseo del pueblo y decidió actuar para que los muros de Artieda siguieran protegiendo a su gente. Nace así la cooperativa Ixambre, que se materializó en junio de 2021.
Desde Aviva Iniciativas, una de las entidades de economía social que promueve el programa “Empenta”, Maite Buil Blasco (1978) me explica cómo se organiza este gran proyecto a partir de la creación de Ixambre. Señala la importancia de una investigación de acción participativa por parte de los ciudadanos que responde a cuestiones vitales propias de los habitantes del pueblo. ¿Qué puntos fuertes tenemos?, ¿Cómo sueño yo mi pueblo? o ¿Hacia dónde queremos ir? Fueron las preguntas que marcaron las pautas a seguir para poder generar un cambio.
Los resultados que alcanzó la cooperativa de Artieda tuvieron éxito. De esta forma, se intentó replicar el mismo modelo a otras zonas de Aragón. Así, junto a Ixambre se juntaron iniciativas como: Nabata, Recreando Estudio, la propia Aviva Iniciativas y 2 más 2. Cada una se encarga de uno o varios municipios, como Ixambre en Artieda, y todas forman parte de la iniciativa general Empenta tu pueblo. El equipo humano que gestiona toda la propuesta está formado por tan solo 9 personas. Desde enero de 2024, cuentan con las subvenciones del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).
Los dinamizadores y sus iniciativas
Como pequeñas hormigas trabajadoras, los dinamizadores son aquellas personas que intentan ayudar a estos pueblos. Maite, por ejemplo, se encarga del pintoresco pueblo de la comarca del Sobrarbe, La Fueva. En colaboración con una persona local, Maite es el motor que impulsa la conexión entre Empenta tu Pueblo y La Fueva. Intenta que el proyecto arranque y comience a marchar por sí solo, ya sea buscando financiación, activando las iniciativas y acompañando en su desarrollo. Como ella misma explica, sin una figura que impulse y acompañe el proceso en sus inicios, resulta muy difícil que los vecinos consigan tomar el relevo.
En La Fueva, el foco está en el cuidado de personas mayores, muchas de ellas en situación de aislamiento y con dificultad para acceder a servicios básicos. Aragón es un adulto de unos 45 años, o eso es lo que el INE confirma como la edad media de la comunidad. Un indicador del envejecimiento de la comunidad y la baja natalidad que presenta.
Frente a esta situación, el proyecto impulsa encuentros entre municipios en los que los vecinos ponen en común sus necesidades. “Los retos son compartidos”, asegura Maite. Así, los pueblos son capaces de reconocer que no están solos en esto y que la colaboración es clave para dar ese empente. Como señala Maite, contar con modelos ya probados facilita su aplicación en otros lugares, por ejemplo: “un sistema de reparto de comida a domicilio para las personas mayores, pues igual lo podemos aplicar sin tener que pensarlo desde cero”.
Desde La Fueva, el recorrido continúa en Used, en la comarca del campo de Daroca de la provincia de Zaragoza, donde el proyecto se articula a través de la iniciativa Nabata. Allí colabora Jesús Causape (1971), geógrafo de profesión, que, aunque reside en Torres de Berrellén, mantiene un vínculo personal con el municipio, tierra de su familia. Su implicación en la vida del pueblo comenzó casi de forma casual, ayudando a organizar la comisión de fiestas de Used.
A partir de entonces, su participación fue en aumento organizando trails (carreras) de montaña —continuadas por gente más joven del pueblo—; la edición de la revista local incluyendo la creación de artículos con temas de interés para el pueblo; talleres de astronomía con un físico para realizar visitas guiadas al cielo nocturno de Used, incluso la instalación de una estación meteorológica.
Como Maite, Jesús también colaboró en la organización de tres jornadas de despoblación que incluían ponencias, actividades culturales e incluso excursiones a pueblos parecidos. En concreto, a otro Used pero que está en Huesca. Un municipio de la comarca de Sabiñánigo que ya está olvidado. “Pasamos un fin de semana con la gente de allí y nos lo enseñaron”, confiesa. Used, el de Huesca, era un espejo a través del cual podían ver el futuro que les depararía a los de Used de Zaragoza.

Por otro lado, Jesús asegura que estas primeras jornadas las organizaron los del propio pueblo. “Éramos un grupo de personas inquietas”, admite. Aún así, al principio contaron con la colaboración de la Cámara de Comercio de Zaragoza, que financió gran parte de las jornadas. El segundo año esta ayuda se redujo y el tercero asegura Jesús que las llevaron a cabo ellos mismos. También el Ayuntamiento ponía de su parte, con la cesión de espacios.
Pedro Liarte (1989) fue otra de las figuras clave en la expansión del proyecto. Vinculado al ámbito del cooperativismo en Aragón, su relación con Ixambre permitió que el proyecto diera un salto más allá de Artieda. “Se nos ocurrió replicar la propuesta y hacerla evolucionar”, señala. Él también mantiene esa figura de referencia externa, que aplica la metodología de Empenta y su cultura participativa en las iniciativas que puedan generarse en Used.
Las casas fantasma
Uno de los factores que, según los impulsores del proyecto, explica la persistencia de la despoblación es el acceso a la vivienda en el medio rural. Pedro señala que, de forma general, existe un consenso claro al analizar este problema: vivienda, trabajo y servicios forman un triángulo interdependiente que condiciona la llegada de nuevos habitantes a los pueblos. La expresión “la pescadilla que se muerde la cola” augura esta realidad. La falta de vivienda impide atraer nuevos habitantes, lo que a su vez dificulta la creación de nuevos empleos, por consiguiente, la creación de nuevos servicios.
“La palanca principal es la vivienda”, explica. En su opinión, si existe oferta habitacional, el resto de elementos puede desarrollarse posteriormente, pero no al contrario. Partiendo de este diagnóstico, el proyecto ha incorporado varias líneas de actuación centradas en este ámbito, entre ellas la creación de una oficina de vivienda, concebida como un servicio de apoyo para facilitar el acceso a viviendas en el entorno rural y activar su uso.
Esta es la realidad de Used. Jesús recuerda el caso de varias viviendas que, pese a estar en condiciones de ser habitadas, permanecen vacías. “Hay casas cerradas que podrían utilizarse, pero muchas veces no hay quien dé el paso de venir a vivir aquí”, explica. Esta situación, común en muchos municipios, dibuja un paisaje de “casas fantasma” que contrasta con la necesidad de atraer nuevos habitantes y revitalizar la vida del pueblo.
Otra de las razones por las que las viviendas están paralizadas es la dificultad que supone situarlas en el mercado. Se produce una tensión clara: existe una dicotomía entre los propietarios que no quieren malvender sus casas, mientras que los posibles compradores no pueden asumir determinados precios. Para muchos jóvenes, que serían los principales candidatos a instalarse en el medio rural, asumir el gasto de 30.000 o 40.000 euros sigue siendo una inversión inasumible.

A ello se suma el estado de los inmuebles. Como señala Pedro, no se trata solo de comprar una casa, sino también de reformarla. Las viviendas, por lo general, disponibles en estos municipios empiezan a mostrar las grietas del paso del tiempo. Algunas requieren inversiones adicionales para adaptarlas a las condiciones actuales de habitabilidad, desde sistemas de calefacción hasta electricidad. Un coste añadido que, en muchos casos, termina por frenar cualquier intento de darles una segunda vida.
El valor de vivir en el pueblo
Para Jesús el pueblo representa la escapada perfecta de los fines de semana y las vacaciones. Sin embargo, asegura que ese empujón de decir “me voy a crear un proyecto de vida aquí, no existe”.
- ¿Por qué crees que es eso?
- El consumismo de las ciudades es lo que atrae más.
El atractivo de la vida urbana —la cercanía de servicios, el consumo y las oportunidades laborales— pesa más en la decisión de muchos jóvenes. Frente a ello, la vida en el pueblo ofrece, según él, una mayor calidad de vida, aunque menos inmediata a la hora de satisfacer ciertas comodidades.
Jesús habla de romper un “círculo vicioso”: la gente llama a la gente. Es decir, cuando hay movimiento y personas, eso puede atraer a otras. Este “efecto llamada” es lo que se trata de desarrollar desde Empenta tu Pueblo, mediante todas las actividades que diseñan junto a las diferentes cooperativas.
A pesar de que los pueblos carecen de servicios básicos, poseen otras ventajas. Para Maite esa es, sin duda, la comunidad que se crea. Frente al frenetismo y la individualización que existe en la ciudad, la cercanía de los vecinos crea un tejido cálido, lo suficientemente agradable como para cobijarse en él durante las épocas más frías del año. El menor coste de vida y la tranquilidad también son virtudes que el mundo rural consigue mantener. Empenta tu pueblo sigue funcionando para construir un mundo en el Aragón rural sólido y lleno de oportunidades. ¡Ánimo con el último empentón!
Este reportaje forma parte del Proyecto de Innovación Docente de la Universidad de Zaragoza (PIIDUZ_2 Consolidados), Comunicar buenas prácticas de desarrollo territorial en la Unión Europea en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (quinta edición) con “Ellas son campo”.
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