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Maestros

Cristina García Gómez (@crisgarciagmez)//

Empieza el día con café caliente y una galleta Digestive, una combinación imprescindible para dar rienda suelta a su imaginación. Desde su escritorio se pone a escuchar un pódcast, a indagar en YouTube y a tratar de reproducir alguna canción en Spotify. Quiere empaparse de lo que mueve a los adolescentes. Al final, pasa el día rodeada de ellos. Con su pluma apunta todas las ideas que le vienen a la mente. No se le ocurre entrar en Instagram y ya no le queda galleta, pero tiene mucha información en la cabeza. O eso cree. El reloj marca las 06:00: ha llegado el momento de volver a los clásicos. Recupera Don Quijote de la Mancha, uno de sus viejos aliados, y se entrega a las palabras. Una hora más tarde, ha compuesto una canción. Es la versión quijotana de Cómo te atreves a volver. Una obra maestra. 

Letra canción Quijote (1) Así es la rutina de mi madre, una mujer que desde los veinte años se dedica de forma apasionada a la educación secundaria. Tengo recuerdo de verla salir en manifestaciones en contra de los recortes en la pública, recibir en casa a antiguas alumnas y luchar contra algunos de sus compañeros que se empeñan en reducir a los estudiantes a sus calificaciones. Estos días se pone el foco en lo suyo, en la escolarización, y aunque no le he preguntado, estoy segura de que no está a favor de la creación de la zona única. Lo afirmo con rotundidad porque me parece obvio: es un ataque a su gran defendida, la escuela pública. Que cada familia pueda escoger el centro que quiera para sus hijos lleva a una segregación y aumenta el riesgo de que muchos se trasladen de los colegios públicos a los concertados. Va en contra de la igualdad de oportunidades para los alumnos. 

“La educación es, más que ningún otro oficio, el territorio donde soñamos y creamos el futuro. Una profesión que merece el más alto prestigio y la mayor gratitud”, reflexiona Irene Vallejo. Pero ni rastro de prestigio o gratitud. A los maestros de la pública les toca luchar de nuevo, esta vez por sus alumnos. ¡Qué poco reconocimiento reciben los buenos profesores! Resulta que, después de muchas clases frustradas, funcionó la versión de Cómo te atreves a volver. La mayoría aprobó el examen, y ahora hasta los jóvenes de María de Huerva y Valdefierro tienen una idea del Quijote. Qué bueno es hacer las cosas con pasión. Y tratar a todos por igual. Cualquier estudiante debería poder soñar y crear su futuro sin tener que desplazarse a la otra punta de la ciudad porque unos cuántos consideran que es buena idea crear guetos escolares. Eso no es la educación. Educar es ofrecer a todos las mismas oportunidades. Yo me sumo a esta lucha. Ojalá todos los adolescentes tengan la posibilidad de aprender de los profesores apasionados, de los maestros como mi madre. 


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