El fascismo ni se crea ni se destruye, se reinventa

Texto: Paula Per y Adrián Luis//

Del mismo modo que la materia ni se crea ni se destruye, el fascismo tampoco. Este se reinventa y vuelve a nuestro siglo con otras formas totalmente renovadas. El fascismo no terminó con el suicidio de Hitler ni es un germen únicamente anclado a los grupos de extrema derecha. El neofascismo o fascismo de baja intensidad es ahora más económico y mediático que político o nacionalsocialista. Vive entre todos nosotros y para encontrarlo hay que empezar a buscar en un mismo.

 “El nuevo fascismo ambiental no puede estar regido sobre todo por la política, que también, sino ante todo por la economía”

Advertencia: no lea esto si no está dispuesto a pensar

Una fórmula similar fue la que empleó Antonio Méndez Rubio, ensayista y profesor en la Universidad de Valencia, en la cuarta sesión de Imágenes, imaginario y crítica político-cultural celebrada en la Universidad de Zaragoza. En ella, Méndez reflexionó sobre la existencia de un nuevo fascismo, un fascismo de baja intensidad, más inconsciente, imperceptible e invisible que el clásico: “¿podría el fascismo pervivir como un nuevo totalitarismo no político o de Estado sino de mercado?”.

Para Méndez la respuesta es sí. Según el profesor, el fascismo clásico o el nazismo murieron por su afán expansivo. “Cuando molesta a otros países es cuando el resto de países entran en alerta”. Por eso el nuevo fascismo nace del rechazo a la ideología clásica, está somatizado y encuentra sus bases en el sistema capitalista donde, en este caso, no hace rehén a una raza: “la primera víctima de un fascismo económico o de baja intensidad tendría que ser la clase social”.

Cabría preguntarse cuáles son sus nuevas armas, pero para esa pregunta Méndez también tuvo una respuesta.  Ahí es donde todos nosotros empezamos a ser también parte de este engranaje. Lo importante es que los ciudadanos no piensen, que estén ocupados. Y para esto es fundamental el papel que juegan los medios de comunicación —sobre todo la televisión– que bombardea constantemente al espectador con mensajes vacíos.

Realidad y ficción están cada vez más cerca, y durante la charla de Méndez dio la sensación de estar viviendo dentro de la novela Fahrenheit 451, del escritor Ray Bradbury. Pero todavía hay más: en este nuevo sistema de control encubierto no basta con tener al ciudadano entretenido, hay que hacer que además produzca.  De este modo nos descubrimos como una sociedad orientada únicamente a producir y consumir, algo que no nos deja tiempo para la reflexión. Con estos ingredientes, la ficción de Aldous Huxley en Un mundo feliz parece de nuevo una realidad que el autor fue capaz de predecir cuando aventuró,  ochenta y dos años atrás, que una sociedad ocupada sería más manejable que aquella sociedad que recapacita, y que, en este caso, el consumo sería una nueva forma de control.

Fotografías: Leyre Ferrando
Fotografías: Leyre Ferrando
Cuatro planetas 

“El fascismo y el capitalismo se fueron juntos a la cama” 

Todo fascismo orbita alrededor de cuatro planetas sin los cuales no podría existir, explicó el ponente. Quienes los investigan han identificado como primer planeta a uno que se podría denominar “Masa”.  Masa, como su propio nombre indica, equivale a la sociedad de masas en la que vivimos y que es resultado de la revolución industrial. Muy cerca de este primer planeta, se encuentra otro de factor político. Es en este donde encontramos un líder que se encarga de organizar a la masa incapaz de hacerlo por sí misma. Este líder ejerce, según Méndez, un control total que incluye el ámbito privado. Algo que comparó con el momento en el que vivimos, donde todos nuestros datos y movimientos quedan registrados. El siguiente planeta está integrado por una economía industrializada. “El fascismo y el capitalismo se fueron juntos a la cama”, aseguró el profesor, “se necesitan mutuamente”. Y, por último, el cuarto planeta es la línea de fuerza del nuevo fascismo, el ambiente psicológico. En un contexto de crisis personal —motivado por una crisis económica—, explicó Méndez, es mucho más fácil ser manipulado, a lo que añadió que “es el efecto más inmediato y difícil de ver, pero creo que esto nos resulta familiar”.

Con todos estos ingredientes preparados, un nuevo fascismo estaría listo para ser servido.

Los refugiados, un “eufemismo insoportable”

“¿Se puede comparar, por ejemplo, lo que pasa con los refugiados con el exterminio nazi?”

Libro_FBI_ZGRADOSUn ejemplo que evidencia a este  “autoritarismo de mercado” es la crisis de los refugiados. Un “eufemismo insoportable” para Méndez. Según este, en realidad Europa no permite el derecho de asilo, por lo que no es justo que se les llame “refugiados” cuando no se les está ofreciendo nada. Las autoridades europeas se mantienen impasibles ante las numerosas muertes de aquellos que buscan cobijo dentro de nuestras fronteras. Unas muertes tan injustas como las que sucedían en los campos de concentración. “Que la gente muera en una frontera o en la playa o muera por goteo, ¿eso es una muerte o es un crimen?, ¿es un crimen legal?”, criticó el ponente, a lo que añadió: “habría que preguntarse si hay que esperar a que sean seis millones para entonces compararlo con el Holocausto”.

El momento para pensar es ahora

Como anunció Méndez en el inicio de su ponencia, es el momento de comenzar a pensar, pues es la única manera de, primero, detectar el problema y, segundo, ser capaces de combatirlo. El ponente durante toda su charla explicó cómo, sin buscarlas, fue encontrando pruebas y pequeñas huellas que le hicieron creer que un nuevo fascismo podía estar sucediendo en este momento. Y son esos resquicios latentes los que nos animó a descubrir por nosotros mismos.

Decía Huxley que el fin de todo el condicionamiento es hacer que cada uno ame el destino social del que no podrá librarse. Pero esto todavía podemos cambiarlo.

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