La fama está al alcance de cualquiera
El 29 de enero de 2023 el periódico El Confidencial publicó un artículo: Todo sobre Maeb, la estrella de TikTok que se hizo famosa por insultar a sus seguidores. María, conocida popularmente como Maeb, empezó a ser famosa durante el año del COVID. Según El Confidencial, Maeb es quien es por su “naturalidad y agilidad mental”, no tiene pelos en la lengua cuando está en directo, quizá esa es su excelencia. Insulta a los que le preguntan cosas que no quiere responder o cuando lee cosas que le desagradan. Entre los espectadores y ella se crea una retroalimentación de insultos y vejaciones que parece causar mucha gracia.
Ana Obiol // @anaobi4
En verano de 2023 salió a la luz la siguiente noticia en las redes sociales: Detenida una influencer por abusar sexualmente de una amiga cuando dormía y publicarlo en su perfil de una red social. La detenida era Maeb. Ya lo dice Carles Cortés, “las noticias se convierten en efímeras, en breves frases que dejan de tener interés en el momento que hemos avanzado en nuestra lectura digital”. Muchos pensarán que aquí se acabó la fama de Maeb, pero no fue así. Sigue en redes haciendo lo mismo y diariamente vídeos suyos se viralizan. Su popularidad ha hecho que tenga la posibilidad de realizar eventos y colaborar con otros influencers. Entre todos los vídeos que podemos encontrar, se viralizó uno en el que decía; “Los gays con perdón, pero es así, tienen la fuerza de un hombre y la maldad de una mujer”. TikTok actúa así: la constante presencia de Maeb demuestra que, en las redes sociales, la provocación y el escándalo son factores clave para entretenernos, con independencia de la eticidad y moralidad del creador de contenido.

La huella digital marca el rumbo de nuestras vidas
Hablamos de la “huella digital” todo el día. En especial desde que descubrimos los tuits del pasado de Karla Sofía Gascón que encendieron la polémica. El diez de marzo de 2025 Sofía Gascón publicó un comunicado; «sin excusa y sin intención de justificar ninguna de mis acciones pasadas, pido disculpas a todos los que he ofendido en algún momento de mi vida y a lo largo de mi trayectoria». Nada ni nadie puede justificar lo que hizo, aunque el filósofo Joan-Carles Mèlich afirmó que “el perdón no es un deber, sino un don”, pero eso no nos importa. Es normal entrar a X y seguir viendo memes sobre el caso de la actriz cada día. Maeb, por el contrario, nunca ha tenido la intención de disculparse por los numerosos comentarios ofensivos que ha hecho.

Parece que tenemos toda la potestad del mundo para cancelar a una actriz que, como muchas otras personas, publicó barbaridades en las redes sociales cuando no era una persona conocida. Karla Sofía Gascón es actriz, forma parte de ese elenco que nutre la cultura, por ello, esperamos eticidad, coherencia y respeto en su proceder. Hemos decidido no aceptar sus disculpas ni sus equivocaciones, porque hablamos de noticias efímeras, pero siempre aparecerá alguien que recuerde lo que hizo en su pasado.
El término “prosumidor” aparecía por primera vez en el libro “La Tercera Ola”, escrito por Alvin Toffler en los años 80; “un prosumidor es un individuo que no solo consume productos o servicios, sino que también participa de manera activa en su creación, promoción y mejora”. Esta definición se podría ampliar: “también juzga”. Condenamos a cualquiera según nuestro juicio personal cuando ni siquiera conocemos a esa persona, ni la vida que ha tenido. Pasamos por alto una verdad fundamental: todos fallamos alguna vez.
La naturaleza de Maeb es insultar, la gente que ya la conoce no espera nada especial de ella. Normalizamos que su comportamiento sea nefasto, le reímos las gracias y decidimos pensar que es un personaje cuando, realmente, sabemos que su personalidad es así. Es irónico porque cancelamos a una persona que aporta a nuestra sociedad y en cambio justificamos el comportamiento vulgar de Maeb, una tiktoker irrespetuosa que es conocida solo porque su razón de ser es generar escándalo y provocación. Si en vez de pasar de largo de estos vídeos nos quedamos viéndolos, alimentamos el algoritmo de la aplicación y permitimos que este contenido siga apareciendo en nuestras pantallas. “Emilia”, la película que aborda temas de gran relevancia como la violencia en México, el feminicidio y el narcotráfico fue nominada a los Óscar en 13 categorías distintas, entre ellas a mejor actriz por la excelente interpretación de Sofía Gascón, pero ha quedado en el olvido tras la polémica.
Con la emisión de “La isla de las tentaciones”, el programa en el que varias relaciones amorosas se enfrentan a los “tentadores” para ver si sobreviven o se quiebran, Telecinco está marcando récords de audiencia. Según El País, el programa congregó a 2.103.000 espectadores en la última edición de 2025. Ahora el personaje que ha inundado nuestras redes sociales es Montoya porque reaccionó bajo el efecto de la cólera ante la infidelidad de Anita, su exnovia. Ha conseguido colaborar con distintos influencers y marcas reconocidas: Ibai, Marta Díaz, Ceci Army, Burger King, incluso con Ecoembes, la empresa de sostenibilidad por excelencia.

Queda claro que la fama está al alcance de todos. La celeridad de internet y las redes sociales no comprenden nada sobre la fama. Somos las personas las que decidimos quién sí y quién no. Nosotros decidimos a quién cancelar y a quién idolatrar: dos acciones que marcan el algoritmo de las redes sociales. Valoramos la instantaneidad de la persona y el tiempo que nos mantiene entretenidos.
El poder del scroll infinito
Cada día el periódico El País recibe decenas de artículos de personas que desean publicar sus inquietudes en la sección Cartas a la Directora. En esta sección cualquiera puede mandar sus impresiones, quejas y reflexiones sobre lo que les preocupa en la sociedad actual. El 17 de febrero 2025 García Vijande, una chica de Gijón, mandó un escrito que pocas horas después inundó las redes sociales. Lo tituló El scroll infinito:
Miro mi móvil: ayer cuatro horas y 24 minutos de uso. No recuerdo haber hecho nada realmente importante con ese tiempo. Solo deslicé el dedo, miré vídeos, leí publicaciones, salté de una cosa a otra sin darme cuenta […] El tiempo que se va no vuelve. Y cada día, sin darnos cuenta, dejamos que nos lo roben.
El scroll infinito ya no nos sorprende: Martín, Medina y Alonso, investigadores de la universidad CEU San Pablo, afirman que las redes sociales actúan de manera imperceptible sobre los humanos a través de sus sistemas. Le damos menos importancia de la que en realidad tiene; es un sistema que tiene principio, pero no fin. Los expertos de la Facultad de Ciencias de Informática de la Universidad de Cardiff aseguran que “la herramienta se diseñó para que los usuarios prolonguen su tiempo de uso en las redes sociales debido a que carece de señales de parada”. Y así nos pasamos la vida desde 2006, fecha en la que Aza Raskin, uno de los padres de Mozilla Firefox, creó esta herramienta que él mismo definió en una entrevista de la BBC como “cocaína conductual” por la necesidad de volver una y otra vez al contenido que estás consumiendo.
Que el scroll infinito sea una herramienta omnipresente nos convierte en marionetas de la tecnología. Lo recalca Holgado en su artículo publicado en 20minutos, lo que en principio fue creado con la intención de facilitar la experiencia de los usuarios, ahora es uno de los motivos principales por los que existen las adicciones a las redes sociales. La magia del scroll infinito actúa, sobre todo, en redes como TikTok, esa plataforma en la que el contenido no tiene límites, a excepción del contenido explícito. A esto se le suma la temprana edad a la que se puede acceder a las redes sociales. En TikTok la edad mínima para registrarse son los trece años, aunque debe haber supervisión de los padres. Según datos del INE (2022) y Educación 3.0, la mayoría de niños consumen contenido en internet sin que ningún mayor de edad les vigile. Acostumbramos a culpar a todos esos “padres irresponsables” por no controlar lo que hacen sus hijos con los aparatos tecnológicos, pero… ¿qué hacemos los demás? Es fácil decir que los niños no pueden controlar lo que ven en las redes sociales, pero nosotros tampoco lo hacemos y, en teoría, tenemos capacidad para ello.

