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La Ruta del Maíz

Fernando Domínguez Pozos, Rosanne Quintana Chang y Melina Illian Ramírez Bello//

En México, el primer y segundo día del mes de noviembre se celebra la festividad más característica como país: el día de muertos. Se trata de una festividad que tiene su origen desde épocas prehispánicas y, que a pesar del proceso de conquista y colonización que vivimos como nación en el siglo XX, ha perdurado y se mantiene como una de las actividades más propias que se celebran de extremo a extremo a lo largo de la República Mexicana. En los hogares de familias mexicanas, los primeros días del mes de noviembre representan un momento de unión, donde los aromas se concentran en torno al incienso, a la flor de cempasúchil y a los alimentos tradicionales que se cocinan en honor a los difuntos, para quienes se prepara la comida tal y como la disfrutaban en vida; por lo tanto, los tamales, los guisos tradicionales de cocinas mexicanas, el mole, entre otras delicias de la gastronomía mexicana emergen de cada una de las millones de casas donde en un altar se colocan alimentos, bebidas y otros productos para que nos visiten por una ocasión en el año, quienes nos esperan en el Mictlán. 

Acá, en el Otro México, donde la cercanía con la vida estadounidense y a su vez la lejanía de los ancestrales y tradicionales sitios como Oaxaca, Xantolo en la Huasteca, Michoacán o la propia Ciudad de México, genera un nuevo tipo de hibridación cultural, en el que nuestras tradiciones se entremezclan con una festividad americana como es el Halloween. Por acá, desde finales del mes de octubre, las casas también se transforman; sin embargo, esa transformación es más estética que ancestral, no hay aromas a gastronomía mexicana, sino que resalta la decoración de enormes figuras de brujas, calabazas, fantasmas y otros símbolos propios de la fiesta del día de Halloween, en la que, por la noche del 31 de octubre, no regresan los muertos a sus hogares, sino que salen los vivos para pedir “trick or treat” como una tradición que es apropiada principalmente en esta zona fronteriza.

La Ruta del Maíz: un espacio de hibridación cultural

Las fronteras, siempre han sido un espacio geográfico, donde el multiculturalismo es parte medular de sus características. La dinámica de las zonas fronterizas produce interacciones, expresiones y territorios que sólo pueden emerger en ellas por su diversidad. En Tijuana, como parte de esas expresiones y apropiaciones territoriales, se encuentra un espacio que tal como ocurre en la zona más árida de la ciudad, se presenta de manera abrupta como si un espejismo fuera, ante la mirada de quienes transitan por el Boulevard 2000, obra de la ingeniería que irónicamente separa más que lo que une a las zonas urbanas de esta ciudad. 

Campo de cempasúchil

La Ruta del Maíz es un extenso espacio agrícola que, durante el período otoñal, es visitado por miles de turistas, quienes ante la llega del clima de los meses de octubre y noviembre, con imponentes rayos de sol a mediodía y los frescos atardeceres, se convierte en el escenario natural-ideal para amantes de la fotografía. La llegada a la Ruta del Maíz, es similar al ingreso a muchos de los tesoros que se encuentran en Baja California, aparentemente lejos, pero deslumbrante ante los ojos de quienes logran acceder. Con la sensación propia que produce el otoño, las energías que el Día de Muertos construye en todos quienes somos mexicanos, así como la apropiación del ambiente de Halloween que se da en esta franja fronteriza, la Ruta del Maíz se convierte en ese espacio donde todos estos elementos convergen de manera –aparentemente– natural, convirtiendo a este inmenso espacio agrícola en el lugar natural para que flor de cempasúchil se encuentre en el jardín de un hogar que está acompañado de personajes como Jack o un hombre de Calabaza; así como en otro de sus extensos jardines encontramos a una catrina y una tetera flotante, ambas elaboradas como una auténtica pieza de talavera que fueron elaboradas en el sur del país y aparecieron mágicamente en este oasis del noroeste de México. 

Catrina
Catrina

Entre flores de cempasúchil tradicionales en tonalidad naranja, así como algunas otras de tonalidad amarilla, también es posible encontrar una flor del sureste de México que ha decidido brotar en este espacio del norte, conocida como “moco de pavo”, por su color morado y estructura larga y arrugada que asemeja la parte del pavo o guajolote. Al tiempo de estos extensos campos de flores, también se encuentran grandes extensiones de calabazas, como ese fruto característico de la temporada y fiestas de Halloween, cuyo color y textura son visualmente atractivos y recurrentes para ser parte de sets naturales y elaborados para imágenes instagrameables del otoño en la Ruta del Maíz. 

Decoraciones en el campo de cempasúchil
Decoraciones en el campo de cempasúchil

Se unen la vida y la muerte en las tradiciones prehispánicas de la cultura mexicana, con la presencia de los colibríes, esas pequeñas aves de colores brillantes, de vuelo rápido y ligero, que rondan por el día entre el campo de flores. Los Mexicas o Aztecas tenían una devoción especial por estos pájaros, pues pensaban que estas aves podían llevar buenos pensamientos hacia familiares que ya habían partido, y traer de regreso los suyos.  Por eso, este campo más allá de su belleza visual, también guarda una belleza simbólica emocional, porque mientras algunos encuentran felicidad en las fotografías, quizá otros la encuentran en estas pequeñas aves “mensajeras”. En estas fechas cuando en las creencias de la cultura mexicana, las fronteras entre los mundos físico y espiritual se difuminan, la presencia de estas aves puede simbolizar la visita de un ser querido, y basta con que se dejen ver o fotografiar para que el corazón que extraña sienta consuelo en ellos. Se dice que si te encuentras con un colibrí, debes considerarte afortunado, porque tal vez es un mensaje amoroso de alguien que regresa, aunque sea por un momento, a recordarte que sigue contigo.

Colibrí en una flor
Colibrí en una flor

La inmensidad de este lugar y la fuerte caída del sol, es la única complejidad para disfrutar en mayor medida de un sitio que por sí sólo es reflejo de la vida fronteriza. Camiones, camionetas y autos particulares arriban uno tras otro, en fines de semana, con miles de visitantes que han visto en la cuenta de Instagram de algún conocido esa imagen que desea tener también, para no sentir fomo (miedo a perderse algo, por su expresión en inglés) y poder disfrutar de lo que con el cierre de noviembre y la llegada de fiestas decembrinas cerrará hasta el próximo año. Mientras acá en el Otro México, la música de Jack, de la tradicional película de Tim Burton resuena en el imaginario, en el sur y sureste del país continúa presente el sonido de bullicio de hogares que se reúnen para la visita de quienes han cruzado el puente entre la vida y la muerte, sin duda ambos espacios son reflejo de la época, de la añoranza y de la creencia (que debe perdurar) de que podemos reencontrarnos más allá de lo terrenal.

Un comentario en «La Ruta del Maíz»

  • ¡Qué curioso ver cómo en el Otro México la Ruta del Maíz se convierte en un santuario híbrido donde el mole se mezcla con la música de Jack Skellington y los colibríes son los nuevos mensajeros de los muertos, pero solo por las fotos! Aquí, la gastronomía mexicana da paso a la decoración de calabazas gigantes y el trick or treat es más popular que el mole en la Ciudad de México. Sin embargo, me gusta cómo este espacio fronterizo demuestra que incluso la vida y la muerte pueden coexistir con un toque de humor y un poco de fomo. ¡Es como si Halloween y el Día de Muertos se unieran en una gran fiesta de otoño donde todos son bienvenidos, aunque solo sea para sacar una foto!

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