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ἑτερο

Esther Florences Villena//

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“Hetero”
Del gr. ἑτερο– hetero-.
  1. elem. compos. Significa ‘otro’, ‘desigual’, ‘diferente’. Heterogéneo, heterosexual.
(DLE, s.f.)
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Es 22 de junio de 2022. Hoy, como cada año, me reuno con mi familia para celebrar que ha terminado el curso. En la mesa se sientan las tres Anas: mi madre, mi hermana y mi abuela; también está mi tía Mili y mi tía Lorena. Me río, porque todas ellas se sientan cara a cara en la mesa rectangular del salón de la casa de mi abuela para poder entablar conversaciones, todas ellas a la vez, sobre temas de todo tipo. 

Hoy, mi abuela ha roto el hielo con una pregunta, cuanto menos perspicaz dada la fecha, hacia mi hermana: Oye Ana, ¿Qué tal han ido las notas? Levanto la mirada del móvil rápidamente para buscar la de mi madre. Ella también me mira. Nos reímos. Mi hermana explica que no han ido muy bien. Ahora, todas conversan sobre las notas, lo injusto que es el sistema educativo y lo difícil que es el cálculo diferencial y las integrales. Yo desconecto. No me interesa esa conversación. Miro a mi derecha, donde está mi primo Dani de 6 años. Le pregunto que qué tal le han ido a él. Me dice que muy bien. 

Es un alumno brillante. Habrá que celebrarlo, le digo. Sonríe. Empezamos a hablar de cosas que le gustaría hacer para celebrar esas notas tan buenas. Me dice que le encanta ir al cine. Miro la cartelera. Hay una película de animación que le podría gustar. 

Intento esquivar su mirada de la pantalla de mi móvil para que no se de cuenta de que estoy comprando unas entradas. Él no lo sabe, pero nos volveremos a ver mañana para ver Lightyear

Póster Lightyear
Póster Lightyear

Estoy en el cine. El olor a palomitas inunda la entrada. Es el día del estreno. Llega mi primo de la mano de mi tía Lorena. Nos despedimos de ella y entramos a la sala. En un primer vistazo veo que está bastante llena y calculo que la media de edad del público está entre los 5 y los 12 años. Todos acompañados de sus padres. Buscamos en silencio nuestras dos butacas mientras aparecen los anuncios. Nos sentamos y comienza la película

Para ser una película infantil, Lightyear me ha gustado mucho. No ha sido el típico spin-off  de Toy Story. Ha sido muy divertida. Lo más importante es que a mi primo Dani le ha encantado. Al salir me dice que quiere ir hasta el infinito y más allá con Buzz y su tropa. Le digo que todavía es muy pequeño, pero que con esas notas podrá llegar al espacio. Nos despedimos y me voy a casa. 

Durante el fin de semana, las noticias se llenan de críticos de cine. Caras nuevas que no conocía critican la película que acababa de ver con mi primo. Dicen algo de un beso entre dos personajes. Yo trato de recordar esa escena. Es cierto que una de las tripulantes de la nave de Buzz, Izzy Hawthorne, cuenta que está prometida con una mujer que conoció hace tres años. En la película aparece una escena en la que ella le cuenta a Buzz cómo la conoció y cómo se enamoró de ella. En ese momento, las dos mujeres se dan un beso. 

Izzy y Buzz, Lightyear
Izzy y Buzz, Lightyear 

La recuerdo como una escena muy tierna. Me extraña que ese cachito de 20 segundos haya dado tanto de sí. Es cierto que, mientras vimos la película, hubo una pareja -hombre, mujer, y dos niñas- que se fueron del cine rechistando, pero en ese momento no entendí por qué. Ahora lo entiendo, fue por el beso. 

Todavía no concibo cómo a alguien en pleno siglo XXI le puede ofender un beso entre dos mujeres. No tiene nada de reivindicación. No busca agradar ni sorprender a nadie. Es solo una pareja, que en un momento dado se da un beso.  Es una película infantil, sobre una historia del espacio. ¿Cómo puede un beso, que no tiene relevancia, dar tanto de qué hablar? 

Sigo sorprendida. Más tarde, veo en las noticias que la película ha causado un revuelo internacional, y se ha prohibido en numerosos países: los Emiratos Árabes, el Líbano, Jordania, Malasia, Indonesia, Baréin, Egipto, Kuwait, Omán, Catar, Arabia Saudi, el Estado de Palestina, Siria e Irak. Menos mal que en España no pasa, pienso. Después leo que el ayuntamiento de Cantabria gobernado por PP y Vox ha censurado la película en el cine de Santa Cruz de Bezana. Esto es el colmo.  

La diversidad es una cualidad que debería enorgullecernos, no avergonzarnos. Debemos preguntarnos por qué nos saca los colores ver a una pareja de lesbianas darse un beso en una película infantil cuando no nos extrañaba el mismo beso entre dos heterosexuales en La Bella Durmiente; o, poniendo el ejemplo de la propia saga, tampoco parecen abrumarnos los múltiples acercamientos -más allá del beso- que se insinúan entre Woody y Betty en Toy Story.

Dos años después, todavía me sorprende que permitieran esa censura. Vivimos en un país que precisamente presume de libertades. Si nos comparamos con otros países en temas de igualdad y libertad sexual tenemos mucho de lo que alegrarnos. Pero, ¿dónde queda esa libertad de la que tanto presumimos, si a la hora de la verdad nos ofende un simple beso en la gran pantalla? 


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