La visibilidad LGTB de Disney que no molesta a la heteronorma

La inclusión de un personaje homosexual en la nueva cinta de Disney Pixar reaviva el debate sobre la escasa visibilidad que tiene el colectivo en la compañía más grande del cine.

Martín Cantalapiedra //

“No resulta fácil ser una nueva madre. La hija de mi novia me arrancó el pelo”, dice Specter, uno de los personajes secundarios de Onward, la nueva película de Pixar que se estrenó el pasado 6 de marzo. El personaje, una especie de cíclope morado con un solo ojo ha generado tanto aplausos como controversia. Esto se debe a que Specter es una mujer lesbiana, siendo este personaje el primero en formular abierta y verbalmente su homosexualidad en una película animada de Disney. La compañía de cine más grande hoy en día parece abrir las puertas a una mayor representación del colectivo LGTB tanto en películas dirigidas a un público adulto como a aquellas destinadas a un público infantil. Sin embargo, esta representación de personajes homosexuales que Disney está realizando en los últimos años ha sido criticada por su poca relevancia en las tramas. Esto se debe a que aquellos que no responden a la heteronorma acaban siendo una breve anécdota para contentar a algunos espectadores y mostrarse como una marca LGTB-friendly.

El director de la nueva película de Pixar explicaba para Yahoo Entertainment que la breve escena donde aparece esta cíclope lesbiana fue concebida de manera totalmente natural ya que el filme presenta un universo “de fantasía y queríamos representar el mundo moderno”. Es innegable el esfuerzo en incluir identidades fuera de la heteronorma por parte del equipo de Onward (mención especial a la actriz y activista Lena Waithe, que da voz al personaje en cuestión). Pero también es interesante resaltar que en este mundo “de fantasía” que propone la nueva cinta de Pixar los personajes principales tienen un aspecto más antropomorfo, aunque no dejen de ser duendes y otros seres fantasiosos. Lo problemático de este personaje no es solo su breve aparición y su mínima importancia en la narrativa del filme, sino también una apariencia de lo más extraña que, además, parece incluir clichés de las lesbianas que se siguen fomentando hoy en día. Así pues, Spencer es una mujer fuerte, con el pelo corto y, en definitiva, poco “femenina” en el sentido más arcaico de la palabra. Durante la promoción de Onward, Disney no dudó en usar a este personaje como reclamo y como ejemplo de lo abierto y progresista que era la cinta y por ende la compañía en general. Sin embargo, Twitter comenzó a criticar la apariencia cuasi-cómica del personaje, y algunos usuarios ya vaticinaban la poca importancia que iba a tener en la película. El actor Gideon Glick decía en su cuenta: “Seamos honestos, así es como la gente heterosexual nos ve de todas formas”.

No es la primera vez que las películas animadas de Disney cuentan con un “guiño” al colectivo LGTB. Hace cuatro años Pixar estrenó Buscando a Dory, en la que en una escena se podía ver, durante un par de segundos, a dos  mujeres con un carrito de bebé. Las redes sociales no tardaron en especular que se trataba de una pareja de lesbianas, a lo que el co-director Andrew Stanon contestó en USA Today que “podían ser lo que tú quieras que sean, no hay una respuesta correcta ni incorrecta”. Esta ambigüedad sobre la orientación sexual de algunos de los personajes animados de Disney ha estado presente desde siempre, como aquellos villanos con toques afeminados del Disney clásico, véanse Jafar de Aladdín o Scar de El rey león; o incluso el caso de Úrsula, villana de La sirenita cuya apariencia fue inspirada por la drag queen y musa de John Waters, Divine. Sin embargo, el público más progresista parece haberse cansado de connotaciones, mensajes ocultos y personajes secundarios, y piden cada vez más un protagonista que se salga de la heteronorma. Aunque la comunidad LGTB incluye otras identidades aparte de la homosexualidad, el principal objetivo a día de hoy es el de la inclusión y visibilidad de estas dos primeras letras en las películas de Disney y del cine actual en general.

Una novia para Elsa

Algunos usuarios aprovecharon la polémica causada por el personaje de Onward para reavivar un debate que ha rodeado a Disney durante algunos años ya, y que fue aún más discutido hace unos meses, debido al estreno de la secuela de Frozen. Hablamos de Elsa, protagonista de una de las películas de animación más taquilleras de la historia, reina del hielo, además de icono queer. Desde el estreno de la primera entrega en 2013, la sexualidad de Elsa ha sido cuestionada en redes sociales, ya que muchas y muchos leyeron el mensaje de aceptarse a uno mismo y no ocultar quién eres como un guiño hacia la salida del armario del personaje. Lo que puede parecer una lectura enrevesada y cogida con pinzas, no lo es tanto si echamos la vista atrás a la homosexualidad en el cine a lo largo de las décadas. Ya no son solo personajes animados como los previamente mencionados, sino que a lo largo de la historia del cine encontramos personajes LGTB cuyas identidades, debido a la censura y a una sociedad hetero-patriarcal, fueron ocultas y visibles solo para aquellos capaces de aplicar una lectura queer al cine.

Elsa en “Frozen”. Imagen: Disney

Let it go”, la famosísima canción que cantaba Elsa en la primera entrega, fue reivindicada por el colectivo como un himno LGTB sobre la libertad. Unos años después, en 2016, las expectativas de una Elsa abiertamente homosexual en la secuela de Frozen se incrementaron tras la viralidad que alcanzó el hashtag #GiveElsaAGirlfriend (“Dadle una novia a Elsa”), en el que millones de usuarios de Twitter compartían su emoción y sus altas expectativas de poder ver a la primera princesa Disney lesbiana. La petición llegó a oídos de los creadores de la ficción, que parecieron no cerrarse a la idea pero no confirmaron nada. Idina Menzel, actriz y cantante que da voz a Elsa en su versión original, aseguró en mayo del mismo año que le parecía una idea genial y que estaría dispuesta a dar voz a una Elsa fuera del armario.

El pasado noviembre se estrenaba Frozen 2 y, para decepción de muchos, la película no hace ninguna referencia a la orientación sexual de la protagonista. “Tenía muy claro que Elsa no estaba preparada para una relación. Es muy tímida. Lo importante de esta película es que es una mujer que lleva sobre sus hombros el peso de un reino y que tiene que lidiar con un poder extraordinario”, dijo la co-directora del filme, Jennifer Lee. Aunque la independencia y la libertad de Elsa puedan funcionar mejor sin ningún tipo de relación romántica, la decisión de no “darle” una novia a Elsa fue vista por muchos como una oportunidad perdida de Disney de dar por fin un paso adelante en la reivindicación y visibilidad del colectivo. La esperanza de muchos era ver a un personaje LGTB protagonista y no como un simpático guiño de pocos segundos en forma de secundario con un solo ojo o como un simple decorado para contentar a unos pero sin ofender a otros.

La homosexualidad anecdótica

Esta inclusión tan debatible de personajes LGTB en las películas de Disney también está presente en cintas de acción real, no solo en las de animación, pensadas para un público más joven. Un ejemplo es el de la versión de carne y hueso de La bella y la bestia, que se estrenó en 2017. Con esta nueva tendencia de hacer remakes en acción real de clásicos animados, Disney no solo busca ganar una cantidad ingente de dinero a través de la nostalgia más manipuladora y barata (ese es un tema aparte), sino que también ha aprovechado para modernizar las historias que conforman el imaginario Disney. Esta renovación se ha visto sobre todo en el papel de la mujer, el cual Disney ha querido reivindicar y adoptar una perspectiva más feminista en estas nuevas adaptaciones. Con la ya mencionada La bella y la bestia, Disney no solo anunció una Bella más independiente y feminista, sino la inclusión del “primer personaje gay de Disney”. El anuncio de que la película iba a contener una escena en la que LeFou, mano derecha de Gastón,  hiciese transparente su orientación sexual causó un gran revuelo y parecía ser un gran paso adelante en cuanto a la visibilidad del colectivo. Sin embargo, la escena resultó ser un momento de menos de cinco segundos en el que vemos un sutil flirteo del personaje con otro hombre.

LeFou en “La Bella y La Bestia”. Imagen: Disney

No es la primera vez que Disney anuncia a los cuatro vientos la inclusión de un personaje homosexual para luego ser solamente un breve comentario de este, que nunca es relevante para la narrativa de la película. Un caso más reciente es el de la última entrega de los Vengadores, estrenada en 2019 y que se alzó en pocos meses como la más taquillera de la historia del cine. La película de Marvel, compañía comprada por Disney hace ya unos años, contó con una campaña de promoción inmensa, en la que una de las noticias más comentadas fue el de la inclusión del primer personaje gay de Marvel. Así pues, Disney volvía a utilizar al colectivo como una estrategia de marketing, que prometía una apertura total a orientaciones sexuales diversas. Los fans comenzaron a hacer sus teorías sobre quién sería este primer personaje homosexual en el mayor universo cinematográfico de superhéroes. ¿Sería Capitán América el que finalmente saldría del armario y expresara su amor por su mano derecha, Bucky? ¿O quizás Capitana Marvel, cuya orientación sexual no se clarificaba en su anterior película? Todas estas hipótesis se vieron frustradas cuando, al ver la película, descubrimos que este “primer personaje homosexual” del que tanto había hablado Marvel aparecía en una sola escena, acreditado como “Grieving Man” (hombre en duelo). Este papel, interpretado por el mismo director de la cinta, aparece en una sesión de terapia grupal contando cómo, tras el terrible suceso ocurrido en la anterior entrega de Vengadores, ha vuelto a salir con un hombre. La frase, aunque trata con total normalidad la homosexualidad de este personaje, es anecdótica e incluso puedes no darte cuenta del hecho de que este hombre, que no tiene ni nombre, es gay.

Otra compañía que Disney ha comprado en los últimos años es Lucasfilm, la productora de la saga Star Wars. La nueva trilogía, ya producida por Disney, comenzó con el estreno de la primera entrega en 2015. Ya desde entonces, las redes sociales comenzaron a shippear (deseo romántico de unir a dos personajes en una obra de ficción) a los dos personajes masculinos principales: Finn y Poe. La aparente tensión sexual y romántica entre los dos causó todo tipo de teorías y expectativas de que Disney cumpliese aquellos deseos y pusiese en pantalla esta relación amorosa. Sin embargo, la única representación LGTB que tiene esta nueva trilogía aparece en la última entrega, estrenada hace unos meses. Esta “representación” pasó desapercibida para muchos, ya que aparece en un solo plano de unos dos segundos, en donde podemos ver un beso entre dos mujeres. El director de la cinta, J.J. Abrams, que era consciente de las altas expectativas de una posible relación amorosa entre los dos protagonistas, dijo durante la promoción de la película que para él lo importante era que “la gente sienta que está siendo representada”. Parece que para Abrams un beso anecdótico el cual es difícil de percibir viendo la película es suficiente. Parece que no hay maricones en la galaxia.

Finn y Poe en Star Wars. Imagen: LUCASFILM – Disney
Evitando la censura

Todas estas pinceladas de representación LGTB en las películas de Disney pueden llegar a hacernos pensar que la compañía de Mickey Mouse no es lo suficientemente LGTB-friendly como para poner en primera línea a un personaje de este colectivo. Sin embargo, esto es una cuestión no tanto de ideología, sino de marketing. Disney, antes que una productora cinematográfica, es una máquina de hacer dinero. Y este dinero no solo está en Europa y Estados Unidos, lugares donde la homosexualidad es legal y su presencia en las pantallas no debería escandalizarnos. Países como China, Rusia o Arabia Saudí entre otros condenan la homosexualidad ya sea cultural o legalmente. Lo que en este artículo se critica como una visibilidad pobre e insuficiente, en estos países puede ser un auténtico sacrilegio, y esta representación acaba censurada y eliminada. Por ello, no es de extrañar que la homosexualidad sea representada en estas películas a través de momentos puntuales que no afectan a la trama. Así, estas escenas pueden ser recortadas para distribuir la película en países donde un simple comentario de una cíclope lesbiana puede ser razón de desaprobar por completo una película de Disney. Este es el caso de países como Kuwait, Qatar, Omán y Arabia Saudí, que ya han anunciado que la nueva cinta de Pixar no será distribuida. En el caso de Rusia, la polémica escena ha sido modificada. En la versión de este país, el personaje de Spencer habla de su “amiga” y no de su “novia”.

Con esta nueva película, Disney demuestra estar muchos pasos atrás de otros estudios en cuanto a la representación de identidades fuera de la heteronormatividad. Aunque la inclusión de personajes homosexuales en las películas de forma natural y sin necesidad de explicaciones es algo positivo para la normalización de la comunidad LGTB, es necesario que la mayor creadora de contenido audiovisual actual de un paso adelante y complete su lento camino hacia la visibilidad del colectivo en su totalidad. Una línea de diálogo, un personaje secundario, una mirada con doble sentido, no es suficiente. Se necesita una princesa lesbiana, un superhéroe transexual y una historia de amor entre dos hombres en una galaxia muy, muy lejana para que Disney se convierta en una compañía que representa tantas diversas identidades como espectadores llenan las salas de sus películas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *