Lucía Baskaran: la brutalidad de lo sensible

Sofía Villa Bernad//

Sexualidad femenina durante la infancia, descubrimiento del propio cuerpo, construcción de la propia identidad… Estos son solo algunos de los temas que Baskaran toca en su nuevo libro Cuerpos malditos. Se muestra irónica, humorística, sarcástica. Y lo que es mejor: con una emotividad y una ferocidad que desconcierta y sobrecoge a partes iguales.

Lucía Baskaran (Zarautz, 1988) comenzó a escribir de niña, a los 11 años, cuando le regalaron su primer diario. “Tomé la costumbre de escribir casi todos los días”, recuerda. Durante unos años aparcó el papel y el lápiz hasta que posteriormente retomó la escritura en un blog. Escribía artículos de opinión, críticas cinematográficas, crónicas, autoficción… O, como dice ella: “Cualquier cosa que me apeteciera en ese momento, vaya”. Hoy, con 31 años, ha publicado dos novelas y va camino de la tercera.

Partir, su primera novela publicada en 2016, es autoficción. No han sido pocas las veces que la autora ha tenido que explicar que autoficción no es lo mismo que autobiografía. La autoficción aúna características de la novela y la autobiografía. Se escribe en primera persona, pero no tiene por qué partir de un «yo» real que narra su vida. Así, cabe la posibilidad tanto de leer un texto como ficción o como realidad. De esta manera, se consigue mantener en vilo al lector, ya que este no sabe con certeza qué es real y qué ficticio.

El motivo por el que empezó a escribir Partir fue claro: “Fue mi tabla de salvación. Me habían diagnosticado una depresión y no sabía qué hacer con mi vida, lo único que sabía era que quería escribir, así que decidí tomármelo en serio y marcarme una rutina de escritura”. Tardó un año aproximadamente en escribirla y fue finalista del premio Herralde 2015. Su novela ha sido calificada como “generacional”, pero ella no la definiría así: “No me molesta el adjetivo ‘generacional’, pero creo que se usa exclusivamente para referirse a la literatura escrita por gente más joven”. Un atributo que sí le gusta es “interseccional” detrás de la palabra “feminista”: “Me describo así porque entiendo que hay otros ejes de opresión, como la clase o la raza, además del de género”.

La inspiración para escribir su segunda novela, Cuerpos malditos, llegó de otra forma. Un amigo le contó una historia que le había pasado a alguien que conocía y decidió escribirla. “Me impresionó mucho. Si no escribía sobre ello, no me iba a quedar tranquila”, asegura. Pero el libro no se quedó en esa anécdota: “La historia también me ha servido como vehículo para escribir sobre temas que me interesan como la amistad entre mujeres, el reparto de los roles de género y la familia tradicional como nido de violencias o la melancolía femenina como resultado de la ira reprimida”.

La novela sorprende, emociona, confunde. A veces también inquieta, incomoda e incluso irrita. Es tal la crudeza con la que trata temas tan conmovedores que es inevitable experimentar estos sentimientos contradictorios. El libro se lee rápido y de forma ligera. Quieres saber más; necesitas saber más, hasta el punto de llegar incluso a saltarte determinados párrafos para adelantar alguna situación (con un claro arrepentimiento posterior de ese auto-spoiler, obviamente). El final, sin embargo, queda abierto y expuesto a múltiples conjeturas. Ante mi pregunta para esclarecerlo, Baskaran se muestra reservada: “Prefiero no desvelarlo”.

La escritora habla sin tapujos, sin pelos en la lengua, sin medias tintas, yendo al grano. En definitiva, con un tono desenfadado capaz de convertir la narración de una desgracia en algo ameno. Su efecto te hace detener la lectura para retener y asimilar lo leído. Reconoce que sus referentes van variando, pero en este momento se fija, sobre todo, en la escritura de autoras como Danele Sarriugarte, Eider Rodríguez y Uxue Alberdi.
A jóvenes que se encuentran, como un día se encontró ella, ante la duda de cómo empezar a escribir, les aconseja “que lean mucho y variado y que, al principio, no tengan miedo de sonar como aquellas autoras a las que admiran, que ya encontrarán su propia voz”. A su vez, advierte: “A la hora de escribir hay que buscar un espacio donde hacerlo, sin interrupciones ni Internet y marcarse una rutina, aunque sea una hora al día”. A los que ya tienen algo escrito y desean publicarlo, les recomienda “que se dirijan a editoriales independientes y que miren bien sus catálogos para ver dónde podrían encajar”.

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