En clave de cine: una declaración de amor al séptimo arte

La clave fue un programa de televisión español de debate, moderado por José Luis Balbín e inspirado en el programa «Les dossiers de l’écran», emitido por la televisión francesa Antenne 2. Tuvo dos etapas: la correspondiente a su emisión en la entonces Segunda Cadena, conocida como UHF (La 2 actual) de Televisión Española y su emisión en Antena 3 Televisión, desde 1990 hasta 1993. 

El programa consistía en un debate moderado por José Luis Balbín en el que se abordaban temas de actualidad que afectaban a la sociedad española. Un poco más adelante en el tiempo surgió ¡Qué grande es el cine!, un programa cinematográfico dirigido por José Luis Garci y emitido por Televisión Española en La 2 que comenzaba con una presentación de la película que se emitía esa noche y, tras su visionado, acababa con una tertulia entre Garci y los invitados del día.

Estos dos programas, hitos televisivos para los amantes del séptimo arte, se terminaron transformando en En clave de cine, un título en forma de homenaje de la televisión local de Zaragoza, ZTV, que duró hasta prácticamente el cierre de ésta hace ahora cuatro años. 

Durante su emisión pasaron por plató invitados como el periodista Pedro Zapater o los críticos de cine Roberto Sánchez y Carmen Puyó, entre muchos otros, pero ¿Cuál era el objetivo realmente?

Permitidme ponerme un poco nostálgico y un poco, sin filigranas, moñas. ZTV era una cadena en la que se trabajaba muchísimo. Echábamos muchas horas, apenas sin descanso, aprovechando cada recurso que teníamos a nuestro alcance para ofrecer entretenimiento e información a los espectadores. Pero, cuando un grupo reducido de personas -durante los años pasamos de 30 a 8 trabajadores- pone en común ideas que únicamente tienen que pasar por un filtro, sólo uno, la libertad y la creatividad brillan mil veces más que en un medio de comunicación más grande. 

Cuando en una gran productora, grupo audiovisual o cadena alguien idea un proyecto, es bueno que unas pocas cabezas estén en él. Pero en el momento en el que ese proyecto, que tiene posibilidades de ser algo bueno y original, empieza a pasar por infinidad de opiniones y visiones, se transforma en algo que pierde absolutamente toda la personalidad en pos de la pura comercialidad. Pasa de ser no algo que quiere o podría gustar al público sino algo que muchos han decidido que sea. Y esto, por desgracia, puede llegar a quemar una buena idea. 

En ZTV esto no solía pasar. En ZTV alguien tenía una idea y la llevaba a cabo. Si salía bien todos tirábamos con ella, sin filtros y sin opiniones variadas. ¿Gustaba? Seguíamos. ¿No gustaba? Intentamos darle una vuelta, pero siempre los mismos, sin perder la personalidad con la que empezamos. Y esto fue lo que pasó con programas como En clave de cine, homenaje a las tertulias citadas en el encabezamiento del artículo. 

Desayuno con diamantes, Doce hombres sin piedad, Encadenados… Un sin fin de clásicos del séptimo arte desfilaron por nuestra cadena para, después, ser desgranados por los contertulios invitados a cuatro sillas y cuatro vasos en un plató no más grande que el de cualquier escuela de televisión. ¿Las mejores que emitimos? Se me hace muy difícil elegir. Tanto, que debería escribiros un artículo por cada una de ellas.

He oído algunas faltas de respeto a lo largo de los últimos años hacia el formato local y, a día de hoy, sigo sin entenderlo. Sigo sin entender que muchos de los trabajadores y colaboradores del audiovisual no sean capaces de vislumbrar el trabajo, la proeza que suponía levantar algo entre tan pocos y que, muchas veces, saliese bien o incluso muy bien. Os garantizo con mi experiencia en realización audiovisual que, por más que se empeñen unos pocos en desacreditar ZTV, siempre salía algo correcto. Y esto pasa en absolutamente todas partes; en cualquier empresa, no sólo en nuestra rama laboral. ¿Cómo lo llamamos? Yo a ZTV los llamo mi primera familia y siempre voy a estar orgulloso de haber ayudado a levantarla y de haber visto cómo el barco no se hundía, como el barco se quedaba flotando para formar parte del océano que siempre podremos recuperar para echar a navegar. Compañeros, seamos más auténticos, joder. Y antes de despedirme, os dejo con las palabras de Victoria Martínez, directora de ZTV e impulsora de los programas Local de Ensayo y este, En Clave de cine, entre muchos otros de la cadena:

Amo el cine desde que recuerdo. A la misma velocidad a la que otros descubrían sus primeros videojuegos, yo pasaba todo el tiempo que me permitían pegada al televisor, ansiosa por empaparme de la magia del séptimo arte. Mientras muchos compañeros disfrutaban de series o comedias españolas, yo buscaba en la programación -entonces tan escueta, comparada con la actual- aquellas disputas amorosas, del Hollywood más clásico, entre mi adorada Katharine Hepburn y su siempre gruñón y divertido Spencer Tracy; a sucumbir hipnotizada al embrujo de los ojos de Bette Davis; o a conocer el encanto personificado que encarnaba Audrey Hepburn. Sólo por citar a algunos de mis referentes.

Muchos años después, cuando tuve la inmensa fortuna de dirigir ZTV, la televisión del Grupo Heraldo en la que se nos permitía soñar, además de trabajar, decidí cumplir mi sueño: programar y presentar un programa de cine, ya que pocas cadenas podían hacernos sombra en cuanto a poder ofrecer las grandes cintas del cine clásico. Además, muchos cineastas fueron pasando por nuestro plató para desentrañar los misterios de más de cuarenta películas: Doce hombres sin piedad, La diligencia, La costilla de Adán, Danzad, danzad malditos, La reina de África, ¿Qué fue de Baby Jane?, Testigo de cargo, Centauros del desierto, Psicosis, Desayuno con diamantes, Ciudadanos Kane, Matar a un ruiseñor, El puente sobre el río Kwai, El acorazado Potemkin… Sólo por citar algunas. Tantas y tan magníficas obras de arte que, entre los intereses de quienes nos encargábamos de planificar la programación de la cadena y las sugerencias de nuestros contertulios habituales, nos faltaban días para debatir tantas y tan grandes películas. Cuando tuvimos que interrumpir la programación de En clave de cine, aún teníamos programadas unas cuantas cintas inolvidables que no pudimos poner en antena. Una auténtica lástima.

El canal de ZTV en Youtube aún existe, y aún pueden verse allí casi todos nuestros debates -lamentablemente, faltan algunos- para descubrir y proclamar, como hicimos nosotros, el amor por el cine clásico. Maravilloso grupo formábamos la reducida plantilla de aquella pequeña televisión local, en la  que encontré a otro entusiasta del séptimo arte como es Paco Cester, amante también del cine clásico.

En un claro homenaje a “La clave” de Balbín y al “¡Qué grande es el cine!” de Garci , hace casi 5 años, el 1 de agosto de 2014, vio la luz por primera vez nuestro “En clave de cine”. Durante casi un año, visionamos, emitimos y debatimos sobre algunas de las más grandes historias jamás contadas en cualquier pantalla. Inauguramos el programa a lo grande, sin miedo, analizando con Las uvas de la ira de John Ford, lo más crudo a lo que puede enfrentarse el ser humano: la miseria, la vergüenza, el miedo… Pero también el amor de la familia. 

Contamos con unos contertulios de lujo en aquel programa inaugural, que después se convertirían en habituales: Luis Alegre –referencia inexcusable del cine en Aragón-, Juanma Aragüés –nuestro querido filósofo de cabecera- y Daniel Calavera, para abordar tanto la parte cinematográfica como el contexto cultural de la película y la obra de Steinbeck en la que se basaba. Un debate que ya lleva más de 2.600 reproducciones en Youtube, donde casi cinco años después aún se sigue viendo.

Desde jueces a catedráticos, de actores a escritores, docenas de amigos -del cine y de ZTV-

Victoria Martínez

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