Mirar Malasaña

Crónicas callejeras de una mexicana en Madrid

Son las 13:15 horas de un domingo madrileño  ̶  ya cálido y luminoso  ̶   en el que las plazas, todas, se han convertido en un hormiguero humano: jubiloso, placentero, sugestivo. Hoy, además, es Día del Trabajo y, a esta hora, esta tarde dominguera, en esta fecha que enaltece lo que pocos tienen  ̶  trabajo ̶  la Plaza Dos de Mayo en el barrio de Malasaña sigue de fiesta, aunque no todos se enteran. Pulsar machacones el teléfono móvil, hacerse la selfi, beber cañas como desaforados, pasear al perro, charlar con los amigos o ver jugar a los hijos, hacen que pocos presten atención a sus palabras, las de un grupo de vecinos que se encuentra aquí para hablar de lo que incumbe a todos: lo que sucede en el barrio.

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Escribió Jaroslaf Seifert: “Oigo lo que no oyen los demás, pies descalzos pisando terciopelo / Suspiros bajo el sello de una carta / el estremecimiento de las cuerdas, cuando no vibran / A veces, huyendo de la gente, veo lo que no ven los demás / El amor, vestido con la risa
que se oculta en las pestañas, cubriendo los ojos”
.

Veo una estatua, otra distinta de la dibujada  ̶ digamos sesgadamente  ̶  por el diario ABC en la nota Vandalismo contra Daoíz y Velarde, los héroes del 2 de mayo. Veo una mujer tomando el micrófono para decir: “Somos un barrio abierto, que todos digan lo que quieran, pero que lo digan”. Veo un botijo de barro que lleva escrita la frase “Agua pública”. Veo dos locos bajitos, dos pequeños  ̶ quizás futuros futbolistas  ̶  ataviados con el uniforme del Atlético de Madrid y una niña de mirada intuitiva que se acerca a preguntar si puede tocar la boya azul, el inflable que sutil empuja el viento, con el que incluso los mayores quisieran, quisiéramos retozar un rato. Y veo un ágora rebosante de gente a quien no le apetece hablar ni poner en colectivo sus pensamientos.

Mirar malasaña-3Oigo a Manuel Noya, del Grupo de Economía 15M, explicando que esto se trata de bucear un poco en las falacias sobre el trabajo; preguntando a la distraída multitud qué entiende por trabajo y respondiendo él mismo que es la aportación de cada hombre a las necesidades de una comunidad, que no consiste únicamente en ser asalariado y vender el tiempo, lo que se denomina productividad. “Lo sustancial no es el capital, sino el recurso humano”, insiste. Le oigo decir que nuestras actividades están poniendo en riesgo la vida y haciendo inhabitable este planeta. Y que debemos pensar en términos globales.

También comenta que el trabajo asalariado es un “tiempo esclavo”, que se debe reducir la jornada laboral y modificar el reparto de las tareas cotidianas, esas que  ̶  todavía  ̶  se encomiendan por lo general a la mujer. ¿Para qué? “para crear, para amar, para incidir en los asuntos públicos, para… ¡Tener vida!”, dice, y cual persistente lluvia de primavera continúa salpicando a los presentes con ideas como que los momentos de ocio deben emplearse para el encuentro con otros, que no todo es mercancía, que actualmente los profesionistas autónomos son en realidad falsos asalariados y que lo público se confronta con un concepto mayor: lo común.

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“Tampoco se puede privatizar la gestión de los recursos públicos. Beber agua, contar con energía eléctrica, son derechos ciudadanos. Los Panamá Papers muestran que nos han robado lo público, que se lo han llevado a alguna parte que no es aquí”, exclama una chica miembro de Marea Azul. “No es solo controlar los recursos, además es pensar cómo queremos las cosas”, afirma otra mujer. “Se habla mucho de democracia, pero el trabajo es lo más antidemocrático que tenemos”, agrega una más. “Hay que luchar por una economía de los cuidados e instituir nuevas formas de contratación”, puntualiza otra. “La propuesta es de fondo, pero a través de pequeñas conquistas de a diario”, concluye Manuel.

Esto también lo escribió el poeta: “Cuando aún tiene copos de nieve en los bucles / veo florecer la rosa en el rosal / Oí al amor partir / cuando unos labios por primera vez rozaron los míos / Quién, sin embargo, detendrá mi esperanza: / ni siquiera el miedo al desengaño / para que a tus rodillas no se ponga / La más hermosa suele estar loca”.

Ellos, los que con voluntad armaron el cotarro en Malasaña, son los adelantados que en un invierno de precariedad social atisban la rosa floreciendo en el rosal. Los que  ̶ tal parece ̶  nada detendrá su esperanza, ni siquiera el miedo al desengaño. Son los que no se arrodillan, los más hermosos. Los que   ̶  asegura cierto periodista­ ̶   son vándalos. Los que suelen estar locos.

Autora:

Gloria Serrano foto Gloria Serranolinea decorativa

Periodista mexicana en Madrid, siempre buscando la grieta en el muro. Máster en Gestión de Políticas y Proyectos Culturales (Universidad de Zaragoza). “Saber mirar y saber decir” son los principales retos del periodismo que aspira a no quedarse en el olvido, que intenta contar algo más que una simple historia. Para mí, cultura se escribe en plural, es la fiesta de lo colectivo.

Twitter Blanca Uson


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