Moderna de Pueblo, cómic costumbrista para la cruel realidad

Silvia Laboreo//

¿Cómo sería quedar con un personaje de cómic? Aquella tarde de diciembre en el Salón del Cómic de Zaragoza lo descubrí. Raquel Córcoles es pequeña, rubia, con unos ojos azules muy claros y sin rastro alguno de las grandes gafas negras que lleva su alter ego, Moderna de Pueblo. Hablamos de cómics, de postureo, de autoras y autores, del pasado, del futuro… y también del humor y sus caminos, de las ciudades, de feminismo y de muchas otras cosas.

Raquel llegó a Madrid con su flequillo rubio, sus gafas, los pitillos y la chupa de cuero, y súbitamente, a su alrededor surgió el escenario con el que siempre había soñado. La gran ciudad, la capital, cuna de hipsterismo y del postureo más cool. Un decorado fantástico que escondía una realidad mucho más mundana. Raquel vivía en un piso a las afueras de Madrid con dos compañeros más y cada día tenía una hora de metro hasta llegar a la Universidad.

De pequeña su sueño siempre había sido vivir en la gran ciudad, por lo que cuando tuvo la oportunidad, se mudó a Madrid gracias a una beca Séneca. “Desde que era una niña había querido hacer publicidad, pero cuando pedí la Séneca ya no quedaban plazas. Como quería irme de Reus a toda costa, elegí mi segunda opción, Periodismo. Mi motivación principal era irme a vivir una vida que había idealizado”, explica Raquel. Y ahí empezó todo.

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Raquel Córcoles en el Salón del Cómic de Zaragoza

Tras el asalto a la capital, Raquel comenzó a planear con sus compañeros de piso la creación de un cómic: “Yo intentaba dibujarles, pero nadie me seguía el rollo”. Cuando ya se había pasado de moda Fotolog, ella decidió abrirse uno titulado Vida en Madrid. “Colgué dos viñetas muy cutres: una que iba de comprar Fairy en el supermercado y la otra sobre perderte en la ciudad”. Este primer germen de lo que luego sería Moderna de Pueblo quedó en una anécdota más de los años universitarios de Raquel, hasta que, un tiempo más tarde, esta afición por los cómics y la ilustración volvió a surgir con más fuerza. “Muchos años después, cuando ya tenia trabajo —muy mal pagado y muy frustrante porque no me dejaban hacer nada—, encontré una beca de cómic y sentí como si me presentara a unas oposiciones. Previamente había estado buscando becas para irme al extranjero y, de repente, me encontré con esta oportunidad. Pensé que podía retomar mi afición y bueno, el concurso era en tres meses”, explica Raquel. Tres meses para aprender a dibujar cómics. Un reto ambicioso pero no imposible. “Me compré un libro de Liniers, mis cuatro cómics favoritos y empecé a estudiar cómo se hacían gags, viñetas…En tres meses saqué tres viñetas y tres personajes: Moderna y dos amigos más”, recuerda la ilustradora.

Se presentó al concurso y quedó semifinalista. Decidió contactar con el ganador de la beca del años anterior, Aleix Salo, autor del cómic Españistán. “Le escribí en plan ‘Ey, tú ganaste el año pasado. ¿Qué me recomiendas?’. Aleix me dijo que lo que quería la editorial era que el libro se vendiera bien, que no se quedara cogiendo polvo en la estantería”. Por ello, la ilustradora decidió abrirse una página de Facebook que le permitiera contar con una legión de seguidores antes del fallo del jurado. La historia salió bien y Raquel ganó la beca. Y el resto, como se dice…ya es historia. El primer libro protagonizado por Moderna de Pueblo, Soy de Pueblo, salió a la luz en 2011 y fue todo un éxito. La fama de Raquel iba creciendo paralelamente al éxito de su personaje, y actualmente, cuenta con 372.000 seguidores en Facebook y 115 K followers en Twitter, varios libros publicados y diversas colaboraciones con medios como GQ o Cuore.

 -¿Cuánto hay de Raquel en Moderna y de Moderna en Raquel?

-Las primeras viñetas de Moderna de Pueblo sí que eran bastante autobiográficas. Creo que cuando alguien empieza algo así suele tener experiencias e historias que tiene muchas ganas de contar y te aferras a ellas. Ahora que produzco tanto contenido y hago desde encargos hasta la colaboración semanal de Cuore, la colaboración mensual de GQ, cosas que van saliendo…tienes que buscar otras fuentes de información. Sobre todo cuando estás todo el día encerrada en casa trabajando. Llega un momento que dices ‘¡No me pasa nada, por favor!’. Y ya es cuando usas el personaje para contar cosas que te interesan, que no necesariamente te han pasado a ti pero que sientes que son situaciones que le pasan a tu generación o que tienen un interés general. Uso el personaje de Moderna para hablar de lo que me interesa sin que sea necesariamente mi propia biografía.

Fuente: Moderna de Pueblo
Fuente: Moderna de Pueblo

En el caso de los libros, nadie tiene una vida novelada. Hay mucho trabajo detrás para conseguir contar una historia porque, seguramente, de la vida de cualquiera se puede sacar una o varias historias. Para llegar a algo tan sencillo como Los capullos o Soy de Pueblo, tienes que plantearte el punto de vista, qué vas a narrar y cómo lo vas a hacer. Eso implica ficcionar, resumir, dar un enfoque, buscar unos personajes que no tienen que ser reales cien por cien pero deben recordarte a alguien... Siempre es una mezcla entre realidad y ficción que logra que el resultado sea lo más sutil posible para contar aquello que quieres.

La intención de Moderna de Pueblo no es: ‘Hola, voy a contar mi vida. Me llamo Raquel…’ sino dar a conocer qué se siente cuando llegas a una ciudad y ves que hay muchas chicas que viven lo mismo que tú has vivido. Con mi flequillo, mis pitillos y mi cazadora era un clon del resto de chicas. Éramos clónicas en cuanto a estética y además nos pasaba exactamente lo mismo. En el libro me desahogo y demuestro que todas esas situaciones existen, que han pasado, están pasando y que… ¡Vas a superarlo!

-¿Como una especie de terapia?

-Exacto. Descubrí que en el cómic costumbrista, como pueden ser los de Daniel Clowes o Juanjo Sáez, los protagonistas siempre eran chicos. Pensaba que podía tener interés una historia tan mundana como puede ser la de una chica como nosotras que se va a estudiar fuera, con unas ilusiones y unas aspiraciones irreales y las decepciones que eso acarrea. Era hacer un retrato de la generación que hemos tenido la oportunidad de irnos a estudiar fuera.

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Tres de los libros de Raquel Córcoles

A través de sus tres libros publicados, Soy de Pueblo y Los Capullos no regalan flores y El Cooltureta, Raquel relata en clave de humor las preocupaciones de la juventud, la complejidad de las relaciones sentimentales o la aproximación de los jóvenes a la cultura. Le pregunto si sus libros son un retrato de los Millennials, de la Generación Y. “He estado buscando la palabra Millennial en Google porque tengo que informarme de todo. Yo a los millennials los identifico con una generación un poco más joven, aquella que tiene ahora unos 25 años. De todos modos, no creo que cambien mucho las experiencias entre una generación y otra…en cuanto a capullos, al menos”, reconoce Raquel. Precisamente, para la autora, la clave del éxito de Moderna reside en la identificación. Raquel observa la realidad y cuando ve un patrón de conducta, una situación que se repite o una historia común a varias personas, decide hacer una viñeta. “Luego saldrá mejor o peor, será más polémica o menos…pero la clave es que esa viñeta parte de una situación que le ha pasado a mucha gente”. Muchas veces no busca que la publicación guste, sino que genere debate. “No me imagino por donde saldrá, pero siempre lo busco. Al final, es lo que hace que crezcas. Al menos en redes sociales el factor viral es muy importante”, opina.

-Ahora que hablamos del factor viral… Me hizo mucha gracia que a los pocos minutos de publicarse tu Guía para viajar a Zaragoza, la viñeta había sido compartida por al menos seis personas en mis redes sociales.

-Sí, y tuvo la repercusión justo donde queríamos. La historia de los anuncios a través de guías surgió de casualidad. Cuando cuelgas un anuncio en Facebook que no es contenido creativo, la red social tiene un algoritmo que hace que no se entere nadie. Por eso, cuando fuimos una vez a Valencia, aproveché que tenía una amiga allí y decidimos crear estas guías de las ciudades. La idea tuvo mucho éxito y desde ese momento cada vez que vamos a un sitio hacemos estas viñetas. Ha habido guías, como la de Asturias, que han tenido bastante polémica. Pusimos una broma sobre los piques entre Galicia y Asturias y algún gallego se ofendió. ‘Esto no es verdad’, me decían.

Fuente: Moderna de Pueblo
Fuente: Moderna de Pueblo

¿Cómo definirías el humor de Moderna de Pueblo?

-Espontáneo, porque a veces es como de conversación de bar; generacional porque habla sobre modas y temas de ahora; hasta cínico con alguna viñeta de autocrítica. Me siento muy identificada con una frase de Woody Allen que dice algo así como, ‘Siempre me preguntan cómo hago humor, yo simplemente digo la verdad’. Ciertamente, cuando alguna viñeta triunfa es porque das en el clavo retratando la patética y triste realidad.

Raquel pertenece a una generación de mujeres que, como Sara Herranz, Paula Bonet o Ana Belén Rivero, han puesto sobre la mesa a las mujeres en la ilustración en un mundo —como casi todo en la cultura—, dominado por hombres. Le pregunto si ha notado un cambio a mejor en esta situación. Raquel cuenta que, desde hace dos años, cuando visita salones del cómic la mayoría del público es femenino. “Pero es como en cualquier otra profesión. Tradicionalmente, ¿en qué profesión no estaba la mujer marginada? Lo que pasa es que la ilustración es una herramienta tan única que tú la puedes hacer crecer tú sola. Cada una de nosotras nos hemos abierto camino en nuestro propio canal, hemos convencido y hemos gustado. Además, tenemos la suerte de que nuestras seguidoras nos han hecho tener relevancia”. Raquel recuerda que cuando se presentó a la beca, en el jurado la mayoría eran hombres. Esa situación condicionó en cierta medida el resultado de su proyecto.

-Tenía muchas ganas de hacer algo como Los capullos no regalan flores, pero pensé ‘voy a hacer algo más neutro, más unisex…porque no me van a votar estos hombres’. Igual son prejuicios, pero en ese momento creí que iban a considerar mi libro como “cosas de chicas”. El hecho de que siempre tengamos alguna barrera de este tipo, por pequeña que sea, nos condiciona. En Internet, no obstante, esa barrera se diluye. Contamos con un montón de seguidoras que confirman que la novela gráfica hecha por mujeres gusta y eso ha ayudado a que las editoriales confíen en nosotras. En otras profesiones dentro del mundo de la cultura esto es más difícil. Me encantaría que, siguiendo a Lena Dunham, empezara a haber un boom de chicas que dirigen, escriben y hacen series. Pero es mucho más difícil porque tienen que acceder a muchos más recursos, empezando por un productor. Y la mayoría de productores son hombres, ¿sabes? Este tipo de trabas, en nuestro caso, no existen. La industria de la ilustración es más abierta que la industria del cine, por ejemplo.

El éxito de estas mujeres ilustradoras ha traído el uso de etiquetas basadas en tópicos, como las que asocian a estas autoras al “humor femenino” o “humor para mujeres”. Para Raquel, este tipo de etiquetas es, en parte, un desprecio. “Yo he visto Buenafuente toda mi vida y no digo “humor masculino”. Veo Padre de Familia, que claramente tiene personajes principales masculinos hombres y secundarios mujeres, con guionistas seguramente hombres, y no digo “humor masculino”. Y si lo dijera no sonaría tan despectivo como decir ‘humor femenino’”. La ilustradora considera que parece que sea necesario separar el humor para decir que es solo para chicas. “Cuando dicen “humor femenino” ¿qué ganas le van a entrar a un tío de leerte? La mayoría de veces me dicen los chicos que el libro es para su novia, pero que a veces ellos también me leen. El hecho de catalogarlo como femenino nos cierra puertas. Al igual que hay mujeres a las que les gustan los cómics de Marvel, puede haber hombres a los que les guste este tipo de cómic más costumbrista”. Para Raquel la clave consiste en diluir los géneros para que nadie sea catalogado de una u otra manera según el tipo de cómic que lee. “Por ejemplo, el caso de Alfonso Casas. Es un tío, pero su público mayoritario son mujeres. ¿Cómo lo vas a llamar? ¿Humor femenino? Perdona, pero aquí la sensibilidad de cada uno varía mucho y no tiene nada que ver con el género”.

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Fuente: Moderna de Pueblo

-En tus viñetas rompes con algunos de los roles de género, criticas actitudes y comportamientos machistas, la idea tradicional del amor romántico. ¿Calificarías tus viñetas de feministas?

-Algunas sí, también con otras me han tachado de “aquí no eres feminista, qué contradicción”. Por ejemplo, yo reconozco que cumplo con algunos de los tópicos que se nos adjudican a las mujeres y, por otra parte, tengo ganas de que el mundo elimine el machismo y me he considerado feminista desde siempre. He vivido situaciones machistas desde jovencita, las he detectado y cuando he tenido la oportunidad, he hecho una viñeta denunciándolo. Lo que pasa es que en el feminismo siempre se te exige mucho y se te mira con lupa y eso provoca que tratar ciertos temas te dé respeto. Incluso queriendo hacer algo bien se te malinterpreta. No obstante, no me ha apoyado nadie tanto en la vida como mis hermanas, mi madre, mis amigas…y ahora las seguidoras. Creo que entre las mujeres tenemos una empatía y un cariño especial.

-Tus ilustraciones se plasman ahora en Cuore, una revista que se dedica a perpetuar los estereotipos de género ¿Es una especie de guerra desde dentro?

-Te critican desde los dos lados: chicas feministas a las que no les parece bien que publiques en Cuore y chicas que no ven machismo por ninguna parte, que parece que lleven una venda, y también te critican porque no están de acuerdo con tus reivindicaciones. Pues, obviamente, hay mucha pluralidad de opiniones. Leía Cuore como entretenimiento y, cuando busqué una revista para publicar, fui yo la que les llamé. Tuve la suerte de que el director me conocía, ya que me había leído en El Jueves, y me dijo ‘Toma, aquí tienes tu espacio, cero censura’. Cuore es el medio que menos me ha censurado. Ellos saben que se pueden meter en líos porque les pueden decir que publicar mis viñetas es contradictorio, pero creo que una revista que te deja publicar absolutamente todo lo que quieres está apoyando esa mentalidad. Si me pones una revista cuyos artículos son “Como ser perfecta para gustar a un hombre”, y al lado una Cuore que es “No eres tan imperfecta como los anuncios y la sociedad te quieren hacer ver”, me quedo con la Cuore.

Ahora, Moderna de Pueblo y Raquel Córcoles abordan otros proyectos. El siguiente, se presentará en febrero y se compondrá de diez vídeos animados de un minuto. “Es mi primer proyecto animado y los estoy viendo en loop. Me encanta como están quedando y ojalá se pudiera hacer un proyecto más ambicioso, pero como experimento y como prueba han estado muy bien”. Raquel ha dejado Cuore y GQ por un tiempo y va a dedicar una temporada a renovarse artísticamente con Carlos, su pareja y la otra parte de Moderna de Pueblo. “Cuando tienes tantas entregas acabas haciendo los trabajos al día y tienes la sensación de que nunca tienes tiempo de pararte y plantearte cómo mejorar. Este tipo de trabajo nos va súper bien pero no nos permite desarrollar esa parte más artística. Nos vamos a tomar unos meses para hacer el nuevo libro y para plantearnos, de cara a cuando volvamos, qué podríamos cambiar para que sorprenda un poco y crecer como autores”. Otros temas, otras estéticas y otros formatos para combatir la cruel realidad…a carcajadas.

Autora:

silvia laboreo foto silvia laboreo

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22 años en el DNI,17 para los porteros de los bares.Me gusta cundir, hablo mucho, soy un imán para catástrofes y anécdota andante. Cualquier día publico un libro y me hago famosa, mientras tanto escribo sobre las vidas de los demás. Colecciono recuerdos a través de postales y cuando tengo dinero viajo para ampliarlos.

Twitter Blanca Uson


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