Apadrina un olivo: 10 años contra la despoblación

Pablo Arbués, Jorge Callau y Laura Cabrero e Iván García //

Después de hora y media de trayecto por carretera nacional desde Zaragoza, llegamos a Oliete, un pueblo de menos de 400 habitantes situado en la comarca de Andorra-Sierra de Arcos en la provincia de Teruel. Durante el viaje, la sensación de sequía en el paisaje y la gran cantidad de olivos en las laderas llama nuestra atención. Al bajar del autobús nos reciben Jaime Grimaldo y Nicolás López, dos de los representantes del proyecto Apadrina un olivo.
¿En qué consiste? 

Apadrina un olivo es un claro ejemplo de buena práctica de desarrollo territorial. Se trata de “una acción que busca mejorar las condiciones sociales, económicas y ambientales de un territorio específico, Oliete, de forma que se beneficia toda la población que lo habita”. Para comprender mejor la verdadera labor de este proyecto rural hay que remontarse a sus inicios. 

Hace una década, en mayo de 2014, nació esta iniciativa con el propósito de recuperar el olivar abandonado, generar un proyecto que combatiera la despoblación en Oliete y dignificar los campos milenarios de olivos abandonados que había heredado el pueblo”, explica Alberto Alfonso, uno de los fundadores de la organización.

Uno de sus de sus primeros hitos fue la recuperación de la almazara social, en 2015. Por aquel entonces, los agricultores de la zona no trabajaban en los campos de olivos porque no tenían lugar ni recursos donde hacer el aceite. Tras una inversión de 400.000 euros, la reapertura de esta almazara en Oliete cerrada en 2004, supuso un impulso para el sector que volvió a trabajar en sus olivos. El proyecto comenzaba a tener un impacto demostrable.

La generación de empleo es otra de sus principales metas e impactos. En 2016 Apadrina un olivo evitó el cierre del colegio del pueblo al dar trabajo y hogar a un padre con sus tres hijos: “Yo acababa de llegar a Oliete y ser capaces de salvar un servicio tan básico como es la escuela supuso una alegría inmensa que nos marcó a todos”, recuerda Jaime Grimaldo, otro de los responsables de esta iniciativa. Lo mismo sucedió en el pueblo vecino, Alacón, donde la llegada de nuevos trabajadores e instalaciones de Apadrina un olivo también contribuyó al mantenimiento del colegio.

Un año más tarde, el Ministerio de Interior les otorgó el reconocimiento de trabajo de utilidad pública, que fue “un impulso grande para el territorio” según Grimaldo. Esto, sumado a otros acontecimientos como el lanzamiento de la marca “Mi olivo” y la apertura de la conservera de Alacón, elevaron al proyecto a otro escalón. “Entre 2017 y 2021 conseguimos dar pasos hacia adelante que nunca habíamos imaginado y nos permitió crecer todavía más”, afirma Alberto Alfonso. 

Ya en 2022, surgió “Despertadores Rurales Inteligentes”, una idea impulsada por Apadrina un olivo, que buscaba fomentar el emprendimiento rural. En pocos meses, con la ayuda del Gobierno de Aragón, se transformó una antigua vaquería en un espacio de trabajo para todos los vecinos y turistas del territorio. “Pese a no pertenecer íntegramente a Apadrina, nuestros objetivos son los mismos: ayudar al pueblo y hacerlo crecer cada día más”, aclara Pablo Rocu, responsable del lugar.

Imagen Apadrina un olivo 2

Sin embargo, 2023 supuso la expansión definitiva más allá de las fronteras de Oliete, Teruel y nuestro país. Apadrinha uma oliveira aterrizó en Portugal. Una idea que emergió en un pueblo de apenas 350 habitantes había alcanzado la escala internacional. Su finalidad, tal y como explican en su web, es “recuperar 10.000 olivos abandonados de las más de 200.000  hectáreas de olivar abandonado que hay en Abrantes”. 

Presente y futuro

Su camino no termina aquí. De hecho, acaba de empezar. Alberto Alfonso asegura que el proyecto se encuentra todavía “en fase de crecimiento”. Más de 40 trabajadores completan a día de hoy su plantilla, lo que ha provocado que la cifra de niños en el colegio de Oliete haya ascendido hasta casi 25. Sobre ello, Grimaldo lo tiene claro: “No queremos recuperar la población, sino fijarla en el territorio”

A lo largo de este tiempo, se han recuperado 20.000 de los 100.000 olivos marcados como objetivo inicial, además de potenciar la recuperación y venta de las huertas de alrededor, el e-commerce, el teletrabajo y la llegada de nómadas digitales. Pequeños logros que han hecho que esta iniciativa cada vez sea más grande. 

 Con vistas al futuro, uno de sus mayores retos es la construcción de un invernadero que mejore la calidad de los productos cultivados en el proyecto asociado de “Mi Huerto”. Así como extender el modelo para que otros puedan replicarlo. “Ya a más largo plazo, queremos montar un alojamiento con encanto en el embalse de Cueva Foradada para mejorar la experiencia turística de los padrinos y madrinas”, expone Alberto Alfonso. 

Tampoco podemos olvidar los numerosos premios obtenidos por Apadrina un olivo a lo largo de estos diez años de su vida: Premio a la Innovación Rural Olivarera, premio Bayer, galardón Jaulín y Premio al mejor aceite del Bajo Aragón, entre otros. Toda una década de lucha contra la despoblación. 


Este reportaje forma parte del Proyecto de Innovación Docente de la Universidad de Zaragoza (PIIDUZ_1 Emergentes), Comunicar buenas prácticas de desarrollo territorial en la Unión Europea en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Tercera edición) con “Ellas son campo”.

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