Poesía para vivir

Gloria Serrano//

Crónicas callejeras de una mexicana en Madrid

Aquí están. En la Feria del Libro de Madrid 2016, para hablar de eso que Octavio Paz definió como “conocimiento, salvación, poder, abandono” y Jean Cocteau como “uno de los medios más insolentes de decir la verdad”.  Pero, principalmente, han venido para contar qué les significa eso y que puede significar eso para otros. Cinco personajes disímiles –en edades, ocupaciones, temperamentos– que hoy convergen en torno a cierto tema, uno de sus preferidos. Son un joven cineasta de Vigo, desde su infancia magnetizado por los paisajes y relatos de su tierra; un escritor de Cáceres, en su momento vanguardista, constante renovador, experto en crítica literaria; un trovador moderno, rapero inteligente que –dice– “esculpir es quitar lo que sobra”, y que para quien ser imperfecto, es defecto a la vez que bendición; una poeta asturiana de mirada humilde pero penetrante, de  palabras suaves pero determinantes; y, para rematar, un curioso de la vida, un arrebatado librero del barrio de Malasaña.

Alfonso Armada, el periodista que se afana en disimular su mirada de niño, el de apresurados pasos –continuamente– y frases inquietas –también–, modera la mesa Poesía para vivir, organizada por ABC Cultural.  Después de presentar a los participantes,  es el cineasta Lois Patiño quien comienza refiriéndose a los vínculos que encuentra entre palabra e imagen. Ver para tener algo que decir, descubrir la poesía en la vida cotidiana para luego transmitirla, es lo que ocupa su mente de realizador; tal como le sucedió a Antoine de Saint-Exaupéry para quien no había que aprender a escribir, sino a ver. “Escribir es una consecuencia”, decía.

Diego Doncel, nuestro literato, va más atrás para hablar del centro y de la periferia en cuestiones poéticas y para ello se vale del novelista Alessandro Baricco, quien en su ensayo por entregas Los Bárbaros (2006), describe a los que llegan de todas partes y provocan una mutación en la gente, en las sociedades y, por qué no, en la poesía. Son los que inventan nuevos lenguajes, nuevas escrituras y, en consecuencia, otras lecturas de la vida. El Chojin, poeta urbano compositor de Hip hop, complementa esta idea diciendo que “todo se mueve aunque haya gente a quien no le apetece que las cosas se muevan”. Y sin embargo, el mundo sigue girando:

Nunca es la misma persona aquella que sale que aquella que entra.
Cada experiencia te esculpe y esculpir es quitar lo que sobra, la fuerza.
No busques finales de cuentos, los cambios ocurren y no hay moralejas.
Si hay una cosa que sea cierta es que ninguna amargura es eterna. 

La autora de Y todos estábamos vivos (2006), Olvido García Valdés, lleva rato dando signos de querer expresarse; sus ojos mantienen ese brillo del que está urgido por comunicar el asombro, de quien ya hizo el viaje y dialogó con la ausencia. Quizás por eso escribió que “la felicidad requiere un esfuerzo”. Quizás por eso afirma que la poesía nos afecta, que es algo que ocurre en una lengua, que es el lugar al que todos podemos acudir, y que su raíz es la desdicha. Extrañar la vida. Por ejemplo:

Si respiras en la madrugada, si ves

cómo vuelven imágenes, contémplalas

venir, apaciéntalas, deja que estalle

la inquietud como corderos.

De Y todos estábamos vivos, Olvido García Valdés

Hoy alguien en un sueño dijo:
ten, en esta garrafa
hay agua limpia, por si toma moho
la del corazón.

 

De Ella, los pájaros, Olvido García Valdés.

Pepe Olona se distancia del filosofar de Olvido para introducirnos a un espacio en verdad fascinante, el de la librería Los Arrebatos –que debe su nombre a la película Arrebato (1979) de Iván Zulueta– y que paulatinamente, desde su apertura en 2004, se ha convertido en un lugar casi de culto a la poesía no convencional; a los versos salidos de las redes sociales y a la lírica alejada del mainstream. Para Pepe: “en la poesía cabe todo siempre que se trabaje la palabra”. Vocablos amados les decía Neruda a las palabras, “las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen”, como en el poema de Owen Sheers que lee Alfonso Armada antes de dar paso a una segunda ronda de participaciones.

poesia

Entonces Lois agrega que “la poesía produce algo interior que rompe con el tiempo exterior, con la cotidianidad”. Y siendo fiel a ese mundo que construye con imágenes, concluye diciendo que la poesía “son destellos”. Chispazos, atisbos, quizás una petite mort que muchos llaman micropoesía y otros comparten en poetuits; de cualquier modo, siempre una revelación.: “La poesía es una experiencia que te hace saber algo que antes no sabías. Que te provoca”, explica Olvido en su última intervención. Por ejemplo:

Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados, este escupirse
a los propios ojos, sólo por decir,
sólo por ver si se puede decir:
“¿es que yo soy? ¿verdad que sí?

¿no es verdad que yo existo

y no soy la pesadilla de una bestia?”

 Mucho más allá, Alejandra Pizarnik

A veces siento
la sucia tentación de enjaular sus maravillas.
Pero aunque pudiera,
no lo haría:
ella es libre, feliz,
y un poco mía.

Ella es, por eso estoy, Carlos Salem

Esa mujer es de almas tomar.

Pepe asocia lo dicho con la proliferación de pequeñas editoriales dispuestas a apostar por jóvenes escritores, amateurs, frutos del sentimiento y las circunstancias que se salvan y nos salvan escribiendo. Diego, por su parte, comenta que no es negativo este boom de la nueva poesía. “No sé si es bueno, pero negativo no es”. Y termina diciendo: “son fenómenos para verse con pausa y en el contexto en que suceden. Yo no desecho la poesía que está al margen de la predominante”. Durante una breve sesión de preguntas y para responder a una chica interesada en escribir poesía, Alfonso cierra la mesa diciendo que “este es un compromiso vital con uno mismo. Más que vivir de la escritura, esto se trata de vivir para ella”.

Lois, Diego, El Chojin, Olvido, Pepe y Alfonso, estuvieron aquí para hablar de eso, de poesía. Poesía urgente, “poesía para el pobre, poesía necesaria / como el pan de cada día / como el aire que exigimos tres veces por minuto”, como lo expresó Gabriel Celaya, o como la que escribe Juan Vicente Piqueras en Confesiones del fugitivo:

Escribo porque busco, porque espero.
Pero ya no sé qué, se me ha olvidado.
Espero que escribiendo
llegue a acordarme. Insisto en la intemperie.

O Idea Vilariño en Carta II:

Pero en algún momento
me volveré a este cuarto
me tiraré en la cama
y entonces tu recuerdo
qué digo
mi deseo de verte
que me mires
tu presencia de hombre que me falta en la vida
se pondrán
como ahora te pones en la tarde
que ya es la noche
a ser
la sola única cosa
que me importa en el mundo.

O Clara Janés en Carta III:

Nunca sabré de ti,
y eso lo supe
desde el primer encuentro.

Esta certeza tiene tanta fuerza
que es
como si tuviera noticias tuyas
a cada momento.

poesía

O como María Blanco (Mabü), Victoria Ash, Irene G. Punto, Diana Zahé y Loreto Sesma, el quinteto de juglares contemporáneas que también se presentó en la Feria del Libro de Madrid, ellas en domingo, para cantar y recitar los poemas que han escrito, pero no solo eso. El día estaba tremendamente soleado, más que caluroso; a pesar de ello, la gente seguía ahí, unos sentados en el piso, otros de pie, escuchando sus filosos versos que como agujas de acupunturista se clavaban en los oídos de la gente: niños, jóvenes, adultos, personas mayores. Una niña, de escasos nueve años, las observaba con la atención que desearía captar su profesora de matemáticas. Su mirada tenía la admiración de una hermana pequeña hacia la mayor, de quien sueña estar ahí, en ese improvisado escenario, levantándose de la silla con esos tacones altos, para tomar el micrófono y decir eso que ellas estaban diciendo: poesía.

“Esos jodidos domingos en el alma…”

Ella es sonrisa. Como una ventana abierta al mundo”.

Victoria Ash

“Dilema. Sospecho que te he convertido en poema…”

“El que busca nunca va a encontrar fuera lo que se ha perdido dentro”.

Irene G. Punto

 

“Me diste un amor morfina. (…) Qué bien lo hicimos, qué bien nos hicimos”.

“Tu aliento olía a pólvora y corrernos era desangrarnos…”

Loreto Sesma

Bastaron unas cuantas estrofas –nada rebuscadas, más bien directas–, algunas canciones, sus rostros alegres y voces delicadas, para estimular al público que las acogió con espontáneos aplausos y se mantuvo fijo en el lugar, atendiendo al homenaje a Ernestina de Champoursin (1905-1999), una de las Sin Sombrero que nutrió con su poesía a aquella Generación del 27, no obstante –como señaló Irene G. Punto– “la historia las apartó por ser mujeres”.

Esto que les cuento sucedió justo aquí, en esta metrópoli “donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, donde el deseo viaja en ascensores y los pájaros visitan al psiquiatra”. La misma a la que estas chicas le regalaron sus versos entremezclados con Pongamos que hablo de Madrid, la canción de Joaquín Sabina, la que conocemos y hemos cantado casi todos. Fueron dos días de feria –seguro hubo más– en los que se transpiró eso: poesía. ¿Para qué? por ejemplo, para vivir. Para seguir viviendo.

Autora:
Gloria Serrano foto Gloria Serrano

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Periodista mexicana en Madrid, siempre buscando la grieta en el muro. Máster en Gestión de Políticas y Proyectos Culturales (Universidad de Zaragoza). “Saber mirar y saber decir” son los principales retos del periodismo que aspira a no quedarse en el olvido, que intenta contar algo más que una simple historia. Para mí, cultura se escribe en plural, es la fiesta de lo colectivo.

Twitter Blanca Uson


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