Si sangra, podemos matarlo

Paula García Gil//

Hay una escena en Alien, de Ridley Scott, en la que una de las criaturas alrededor de las cuales gira la película se abre paso a través del estómago de John Hurt —donde había estado gestándose— hacia el exterior, dejando todo cubierto de sangre en el proceso. El personaje se retuerce de dolor y este suceso le lleva a la muerte.

Cada vez que veo Alien no puedo evitar pensar que bajo la ciencia ficción y el terror subyace un mensaje que nada tiene que ver con el espacio; que, en el fondo, es una película sobre la violación. Hace poco descubrí unas declaraciones de uno de los guionistas en las que decía que este paralelismo es más que intencionado. Y no es nada sorprendente que la película que creó a Ellen Ripley, una de las principales heroínas de la ficción de los últimos tiempos, y que nos ofrece personajes femeninos fuertes y humanos y bien perfilados, trate, en el fondo, la violación.

Lo que sí me resulta curioso es que escritores y guionistas prefieran describir una agresión sexual en vez de desarrollar aspectos de vivir y crecer siendo una mujer cis —cuando la identidad de género de una persona concuerda con el sexo que le asignaron al nacer— como, por ejemplo, la menstruación. Y aunque esta escena con John Hurt pretende representar un parto, cuando vuelvo a verla no puedo evitar pensar que así es como se siente la menstruación a veces: como si tuvieras un pequeño bichillo alienígena creciendo en tu interior y luchando por salir fuera.

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Cada vez que sale el tema de que la menstruación está infrarrepresentada en los medios, tenemos que escuchar una ya sabida retahíla de excusas: que es sólo una función corporal, que es demasiado asquerosa como para mostrarse, que es innecesaria, que en la ficción no se muestra cuando los hombres van al baño, etc. A mí ninguna de estas justificaciones me sirve. La menstruación es importante, es parte de nosotras, es una cosa con la que gran parte de las mujeres convivimos durante una etapa importante de nuestras vidas, y no hay absolutamente ningún motivo por el cual deba considerarse algo sucio o pudoroso.

El problema de la invisibilización de la menstruación lo sufren el cine, la literatura y la televisión, entre otros. Y a pesar de que algunos creadores concretos empiecen a tomar conciencia sobre el tema —el último capítulo de la tercera temporada de la serie americana Broad City denuncia explícitamente que se necesita más representación de la regla en los medios— para otros todavía pasa totalmente desapercibido.

La falta de representación de la menstruación me parece especialmente flagrante en el caso de los videojuegos.

A diferencia del cine o la literatura, el videojuego es un medio en el que, por norma general, no estás siendo testigo de una historia: la estás protagonizando. No estás presenciando la historia de Lara Croft, de la Comandante Shepard, de Bayonetta: estás siendo ella.  Pero la industria del videojuego está tan orientada a satisfacer al público masculino que en pocas ocasiones se nos permite encarnar a una mujer cuando jugamos; y son todavía menos los casos en los que los personajes femeninos en cuestión están bien escritos y se muestran como personas complejas, con conflictos y matices, del mismo modo en el que se presenta a los hombres.

Las dificultades, los conflictos que son inherentes y exclusivos a las mujeres se ignoran de forma constante. Y uno de los motivos por los que esto sucede es que nuestra sexualidad, y todo lo relacionado con ella, es tabú. Me resulta increíble que se considere la menstruación “demasiado” como para ser representada en los videojuegos: demasiado asquerosa, demasiada información, precisamente en un medio en el que la sangre está a la orden del día. Podemos disparar a nuestros enemigos y cubrirnos con su sangre. Podemos asesinar violentamente y ver sesos, y tripas, y vísceras. Pero cuando la sangre proviene de una vagina en vez de una arteria cercenada, cuando es natural y no violenta, se convierte repentinamente en algo susceptible de incomodar al público.  

Puedo contar con los dedos de una mano los juegos en los que sé que existe una  representación de la menstruación: se muestra superficialmente en Bioshock Infinite, y hay una teoría sobre Bloodborne relacionada con ella. A estos dos casos se puede añadir The Binding of Isaac, donde puedes obtener una compresa como objeto activo. Cuando la utilizas, la alzas en el aire, y por culpa de tan desagradable visión, todos los enemigos de la sala se alejan de ti rápidamente. Detalles tan simples como un tampón que encuentras en uno de los armarios del baño de la casa de la protagonista, hacen que Gone Home tenga una de las representaciones de la experiencia de crecer siendo mujer más exquisita que he visto nunca en el medio.

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Pero, más allá de estos ejemplos concretos, en los videojuegos otras funciones corporales no son tabú: en prácticamente todas las iteraciones de la saga Metal Gear Solid podemos observar a algún personaje meándose encima de pánico. En Metal Gear Solid 4, en concreto, un personaje que termina siendo relevante para la historia es presentado como un soldado que tiene dificultades para completar la tarea que tiene entre manos por culpa de un caso severo de diarrea.  Sin irnos tan lejos, en la popular serie Los Sims, un videojuego de simulación social, tienes que atender las necesidades básicas de los personajes que utilizas: entre ellas, la de ir al baño. Si tus Sims pasan demasiado rato sin ir al servicio, no aguantan más y terminan orinando en el suelo. El tratamiento del tema en estos videojuegos  no se considera en absoluto escandaloso. Sin embargo, no hay ni una sola referencia a la menstruación.  

Este hecho, que puede parecer un problema menor, adquiere especial relevancia cuando se enmarca en el contexto de los videojuegos, que deberían encontrarse actualmente luchando para cambiar, abrirse y comenzar a representar a las mujeres. Sin embargo, parece ser que pretenden hacerlo mientras siguen ignorando la existencia de la menstruación. Que un medio cuyo atractivo se basa en la inmersión y la interactividad, en la simulación, en ponerte en la piel de otros —tanto que ha comenzado a dar sus primeros pasos en la realidad virtual— sea incapaz de caracterizar  personajes femeninos en sus diferentes facetas y experiencias es un signo más de que sigue rechazándonos.  

Los videojuegos tienen el potencial y las herramientas hacernos empatizar con experiencias que no son nuestras. Videojuegos como Depression Quest y The Average Everyday Adventures of Samantha Browne, sobre enfermedades mentales, nos ponen en la piel de una persona con depresión y ansiedad, respectivamente.

Y se me ocurre que si la ficción trata la violación de forma mucho más frecuente que la menstruación es porque la violación deshumaniza a las mujeres: las pone como objeto al servicio de los hombres. La menstruación hace todo lo contrario: hace a las mujeres ficticias más humanas, más complejas.  

Si no superan este prejuicio nunca podrán eliminar la barrera de exclusión que separa a las mujeres. Si no entienden que para crear personajes femeninos complejos y reales tienen que abrazar todas las facetas, incluso aquellas que les incomodan… Introducid la regla en vuestros videojuegos. Haced que vuestras protagonistas sangren. No es asqueroso. No nos hace más débiles. Es parte de nosotras.

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