Rotunda: una novela gráfica redonda

Daniel Cargol Martínez//

Candela Sierra es un nuevo nombre en el panorama de la Novela Gráfica hispanohablante al que hay que prestarle atención. Rotunda es su experiencia vital aderezada con unos toques de ficción, humor ácido y trazo pulcro. Una novela gráfica necesaria hoy en día en cualquier estantería.

Estudiante, camarera, profesora, dibujante y ex trabajadora de otros tantos empleos precarios, el camino de Sierra hasta publicar su novela no ha sido de rosas, pero sí el necesario para que nosotros ― los egoístas lectores ― podamos disfrutar de una historia tan directa que te hace reír y te enfada a partes iguales y que, en su conjunto, es tan redonda como las rotondas. 

La trama de la historia nos sitúa con Brisa, una joven escultora que acaba de conseguir su primer “trabajo de lo suyo” en una empresa, Rotunda, que diseña esculturas para las rotondas de toda España. 

Quizás, y solo quizás, la metáfora de la rotonda es algo más grande de lo que parezca a simple vista. No es difícil llegar a una de las conclusiones obvias: las rotondas fueron el símbolo de la corrupción allá por los inicios de la segunda década de los dosmil, por lo que a lo mejor algo de esto encontraremos en la historia. 

Pero las rotondas de la historia, también nos desvelan otras cosas: el humor tan crudo e irreverente en ocasiones; la sensación de no avanzar por mucho que se mueven las cosas; y la creatividad del dibujo.

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Las Novelas gráficas tienen dibujitos

El arte de Rotunda es evocador y sencillo, no simple, sencillo. Nos encontramos ante una novela que no tiene miedo, de vez en cuando, de salirse de la norma. Rompiendo las reglas de su propio mundo en pos de la creatividad. 

La ruptura de viñetas, la perspectiva subjetiva, el uso de formas cinematográficas y del flashback en la novela que nos hablan de su creatividad. Es cierto que no abundan, y que se trata más bien de recursos puntuales para evocar unas sensaciones o sentimientos concretos, pero es precisamente ahí donde destacan. Cualquiera puede jugar con la perspectiva subjetiva en un cómic, pero hacerlo en el momento adecuado y de la forma correcta es algo que va más allá de un simple homenaje.

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Brisa, Delfín y las plantas

La novela tiene tres protagonistas claros: Brisa, Delfín y las plantas. La primera es una joven recién contratada en Rotunda, con ganas de trabajar, mostrar su talento y contenta de haber logrado un trabajo de lo suyo. Es como su nombre indica, una brisa que pasa por la oficina y que tal como llega se va. 

Delfín, por otro lado, es el jefe. Un jefe plano, amigo de coaching y, con referencias claras a Michael Scott ―si a este último le quitamos sus cualidades positivas y dejásemos solo lo negativo―, en definitiva, un hijo del patriarcado. Busca seguir la estela de su padre, el presidente de la DGT que le da todos sus trabajos. Delfín es, como también indica su nombre, alguien que se dedica a saltar por el aro. Perpetuar roles, seguir con lo que le dicen ―aunque no quiera ― porque no sabe qué otra cosa hacer. 

Las plantas son el tercer protagonista de la historia, nos acompañan casi desde el principio y, solo si estás atento, ves como te hablan. Sus cambios de color, la presencia de bichos, la tonalidad, si están mustias o vivas… Todo ello codificando y sintetizando el ambiente de la oficina, la actitud de Delfín, las respuestas de Brisa y, al final, presagiando la hecatombe que sucederá.

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Como toda historia de rotundas, Rotunda acaba cerrando el círculo de una manera increíble: hilarante e incapacitante a partes iguales. Esta historia no tiene un final feliz, tampoco un desarrollo tranquilo y de buen rollo. Es una historia de rotondas, corrupción, status quo, patriarcado y de cómo las personas logramos, o no, sobrevivir a ello más o menos intactos.

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