La Rumorosa (Primera Parte)

Fernando Domínguez Pozos//

A una altitud de 1,278 metros sobre el nivel del mar con una población promedio de 1,836 habitantes y con temperaturas mínimas de hasta -6 grados en los meses de enero a febrero, la región de la Rumorosa es una de las más famosas y reconocidas por habitantes del noroeste de México y el suroeste de los Estados Unidos. Así como por locales y foráneos que han escuchado las leyendas, mitos e historias de una de las carreteras, que en su momento, fue considerada de las más peligrosas para transitar por sus pronunciadas curvas y pendientes, así como por los fuertes vientos que suelen azotar sus 20 kilómetros de longitud. 

La Rumorosa se localiza geográficamente en el paralelo 32º32’06». Para llegar a este punto singular del estado de Baja California se debe tomar la carretera federal número dos que conecta a Tijuana con Mexicali pero, si la aventura comienza desde el Puerto de Ensenada, la primera etapa es atravesar la región del Valle de Guadalupe, donde viñedos, campos de olivos, montañas y enormes edificaciones que repentinamente aparecen en una singular soledad. Enmarcando una carretera que conecta a la Cenicienta del Pacífico con esta ciudad fronteriza, donde pocos pero singulares habitantes disfrutan de las amenidades y precariedades de pernoctar, crecer, vivir y soñar rodeados por valles, tal como lo retrata la película Familia, estrenada recientemente en una plataforma de streaming. 

Carretera de la Rumorosa

Una vez que queda atrás la región vinícola del Valle de Guadalupe se encuentra Tecate, considerado pueblo mágico, cuyo centro tiene elementos tradicionales de ciudades del sur, como el típico kiosco de parque resguardado por grandes árboles y bancas de acero que son ocupadas por sus habitantes. Con estrechas calles que albergan comercios de abarrotes, papelerías y por supuesto panaderías, e incluso la presencia de locales equipados con casetas telefónicas para quienes necesitan comunicarse con familiares tanto del lado mexicano como del cercano e inmediato lado norteamericano.

Tecate representa la vida cotidiana de un pueblo fronterizo, con calles semivacías, con habitantes enchamarrados y abrigados por el clima frío de esta región y por una numerosa presencia de casas de cambio, donde paisanos acuden para convertir sus dólares en pesos mexicanos, ya que su día a día se realiza entre tierras mexicanas y americanas por la cercanía, ligereza y peculiaridad del que puede ser considerado el cruce menos caótico entre estos países. 

Al salir de Tecate, La Rumorosa se encuentra a tan sólo un promedio de 40 minutos, para lo cual se toma la autopista que conecta a esta localidad con la ciudad de Mexicali. Esta autopista es confortable, con dos carriles de ida, por dos carriles de vuelta, separados por un acotamiento que permite transitar de manera relajada a la par de camiones, automóviles y un destacado número de tráileres que recorren esta ruta para ingresar desde el brazo poderoso que representa a la península bajacaliforniana al estado de Sonora, y por consiguiente, con el resto de México.

Durante un promedio de 60 kilómetros el camino es monótono, con pocos señalamientos, hasta que de golpe se visualiza un letrero que indica la salida a La Rumorosa, pero que es tan sólo la antesala del verdadero letrero que representa a esta región y que unos metros más adelante aparece con la frase “Bienvenidos a la capital mundial OVNI: La Rumorosa”, escrita en una tipografía gruesa y acompañada por la imagen de dos alienígenas, que parecen saludar a quienes tomamos este acotamiento e ingresamos a un camino más angosto, más solitario y más enigmático.  

Letrero carretera de la Rumorosa

Por unos cuantos kilómetros más, el camino es silencioso, la presencia de casas, automóviles, animales e incluso de personas es tímida. Incluso por momentos se asemeja a una escena de película donde la gente ha abandonado sus hogares —de manera súbita— ante la presencia de una amenaza imperceptible; sin embargo, tal y como a lo largo de los caminos y rutas bajacalifornianas suele ocurrir, se encuentran estructuras arquitectónicas que resaltan por su modernidad, dimensión y sobre todo porque representan el lugar donde convergen locales y visitantes: se trata de los restaurantes “Dulce Altura” y “La Cabaña del Abuelo.”

Ambos espacios están abarrotados por comensales que después de dos o más horas de viaje deciden orillarse, estacionar sus vehículos junto a camionetas, autos particulares, camiones de viaje e incluso grupo de motocicletas de quienes también han aparcado para degustar la comida típica de la región; disfrutar un pan de altura y continuar la experiencia de la capital mundial OVNI y la recurrente presencia (simbólica) de alienígenas. 

Dulce Altura, fue el lugar en donde este cronista decidió ingresar, dejando para una segunda vuelta La Cabaña del Abuelo. A la entrada de este singular y estéticamente cuidado recinto, tres singulares extraterrestres acompañados de su nave especial dan la bienvenida a un espacio moderno con acabados industriales y largas mesas para familias. Hay un segundo nivel desde el que se desprende un exquisito aroma a pan recién horneado, así como de un entorno cálido encapsulado y a la vez fuera de este mundo, al menos del mundo inmediato, donde la soledad, el frío y la montaña resguardan espacios espectaculares.

Extraterrestres de Dulce Altura

La fachada de Dulce Altura se asemeja a las casas de los hobbits que Peter Jackson nos presentó en la saga del “Señor de los anillos”, el sol de montaña acompaña a cada visitante y fotografía que es tomada, al igual que los detalles en bancas, estantes, mesas, baños y demás espacios pequeños nos hacen recordar que estamos en un lugar de altura y a la vez, con una fuerte presencia paranormal.

La comida, el ambiente, el café, el bullicio y el clima que se respira es como un preámbulo al verdadero motivo de este viaje. Una sesión más de fotos con acompañantes, los últimos detalles en abrigarse para estar ad hoc a las temperaturas que son particulares de la región y, retomar la carretera por unos cinco a diez minutos más son la antesala de los 20 kilómetros de aventura en la enigmática Rumorosa, donde la Casa de Piedra, el monumento al cóndor, miradores y el caballo blanco de José Alfredo Jiménez, esperan a todos quienes se ven apabullados por la magnitud de las piedras.

El sonido del viento y de los motores de tráileres que descienden a la que hoy ha dejado de ser considerada como una de las carreteras más peligrosas y resignificada como, tal vez, la segunda más bella de todo México, en una discusión que mantiene con su cercana y antónima amiga; carretera transpeninsular. 

Dulce Altura


No te pierdas otras piezas de nuestro colaborador Fernando Domínguez Pozos en la sección «El Otro México»

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