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Sara Torres: “Las escenas de sexo me parecen una oportunidad revolucionaria de contar el mundo”

Victoria Cazcarro (@vcazcarro_)//

El último libro de Sara Torres, La seducción (2024), publicado por Reservoir Books, tiene como eje la historia que se desarrolla entre dos mujeres, una escritora y una joven fotógrafa que quiere retratarla. En la novela, la fotógrafa se pondrá en contacto por correo electrónico con la autora que la invitará a pasar unos días en su casa, ubicada en la costa catalana. Con esta premisa, Torres aborda temas como el deseo, el tiempo lento y la seducción. 

La librería Cálamo es el espacio de encuentros para reflexionar sobre distintas obras de la mano de sus autores. El martes 28 de mayo marcaba la cita con Sara Torres en la presentación de su obra La seducción. Conversó con Marina Patrón, investigadora de la Universidad de Zaragoza. Diez minutos antes de comenzar, la librería ya no contaba con más asientos libres para recibir a la gente que entraba incesantemente por la pequeña puerta del establecimiento. Las personas que no pudieron sentarse se quedaron en las escaleras o en la planta de abajo, sin ver con claridad a la autora, pero escuchándola atentamente durante toda la hora que duró el evento.

Audiencia de Sara Torres en Cálamo

Al ver a su audiencia, Torres se llevó una sorpresa. Una vez sentada en la silla, la autora comentó el recibimiento que la obra ha tenido: “He encontrado un tejido cultural muy preparado y con muchas ganas de revisar las cosas. Con la llegada de este libro, no he tenido una conversación incómoda con periodistas, por ejemplo”. Destacó este contexto en contraste con el de hace unos años, cuando recibió una beca en Inglaterra para desarrollar su tesis The Lesbian Text: Fetish, Fantasy and Queer Becomings. La investigadora relataba: “Cuando estaba en Oviedo en primer año de carrera parecía bastante improbable que un proyecto así pudiese funcionar. Y ahora, sin embargo, años después, es muy normal tener una tesis doctoral sobre fantasía, fetiche y devenires”.

La escritora pasó a hablar sobre la bibliografía específica sobre el deseo y la literatura. La obra conversa principalmente con Eros dulce y amargo de Anne Carson y con la obra de Anne Dufourmantelle. La poeta explicaba la relación con el trabajo de la psicoanalista: “Dufourmantelle empezó a estudiar que, si rescribíamos el significado de determinadas palabras que pertenecían al ámbito de los afectos y las traíamos al discurso público, había cambios radicales en nuestra forma de entender la socialización, la política y el mundo. Trabajo principalmente el concepto de dulzura, que aparece un montón en la novela”. 

Concluía sobre la psicoanalista: “Al final, es una teórica que hace una teoría de lo humano con la dulzura en el centro”. Desarrolló lo revolucionario que este replanteamiento supuso desde el punto de vista epistemológico. “Con ese punto de partida se puede cambiar el análisis de muchísimas cosas”, planteo la autora. Contó que se propuso revisitar el concepto del deseo y la seducción desde la dulzura, sin embargo, explicó porque no fue capaz de hacerlo: “Me di cuenta de que era incompatible porque los textos sobre la seducción eran anti-dulzura. Podía ocurrir cualquier cosa menos la dulzura en la seducción, parecía como si fuesen agua y aceite, dos cosas que era imposible mezclar”.

La autora explicó su intención de entender la atracción de la seducción, a pesar de ser “algo tan chungo y colonial”. Para ello, Torres explicó su objetivo: “Intenté una estructura de la seducción que hablase de cómo estamos completamente vulnerables en el deseo”. Y añadía sobre sus dos protagonistas: “Son dos cuerpos vulnerables que desean que pudiesen tener un contexto mullidito para poder encontrarse sin arrasarse mutualmente”. Este entorno se articula desde la dulzura, pero también, explicó la autora, a través de una revisión crítica de principios del amor romántico.

Todo se desarrolla en una temporalidad más lenta y con unos placeres nada capitalistas: “A mí me hace gracia, porque lo que les escandaliza a las lecturas más incomodas es que estén un mes de vacaciones. A mí lo que escandaliza es que no estemos tres”. Tras las risas de su audiencia, la escritora continuó “Para mí, el pensamiento político tiene que tener un horizonte utópico siempre porque si no, no trasformamos la base. Mi horizonte debería ser el tiempo lento o el tiempo donde poder ver a la otra. Mi horizonte no puede ser reclamar que yo este estresada laboralmente cada día de mi vida y no poder acercarme a la otra sin alejarme de la lógica productiva”. 

Marina Patrón, la moderadora de la charla, le tomó la palabra para destacar el sosiego que sintió leyendo la obra: “El marco que construyes con esos días de verano en el pueblito que se llama Altafulla me daba mucha paz. Yo estaba encantada siguiéndolas, era todo tan idílico…”. Tras bromear sobre el éxito que la localidad turística iba a tener este verano, pasaron a hablar del deseo. La autora explicó que es un tema del que no se cansa de hablar porque está “muy obsesionada”. Habló sobre su conclusión de la razón detrás de su fijación con el tema: “Creo que el otro día se me ocurrió una respuesta bastante de estar por casa y lógica que era que durante los 18 primeros años de mi vida mi deseo estuvo prohibido”.  Torres dijo que el deseo no tendría por qué ver con la identidad, añadiendo que sería muy deseable que deseo e identidad no estuvieran mezclados. “Pero en el mundo en el que vivimos en el que se educa en la heterosexualidad obligatoria, si el deseo te sitúa fuera de esto, al final, se convierte en un tema que sí roza lo identitario de una manera u otra”, comentaba la escritora. 

Definió el deseo como una energía disponible, un recurso propio de cada cuerpo y para otros cuerpos. “En el sistema económico en el que vivimos es una energía explotada con fines productivos fuera del cuerpodesarrollaba Torres. Esa energía la explota el sistema para fines productivos de modo que muchas veces ni siquiera la sentimos disponible”. Frente a este entorno, la escritora destacó el efecto de emplearla de manera intencionada: “Cuando intentamos reapropiarnos de esa energía, cuando el deseo está atento en un foco consciente da una sensación de encantamiento temporal, de últimos días de verano”. Continúo explicando las razones que drenan esta energía personal: “Muchas sí que tenemos tiempo libre, pero no estamos presentes en ese tiempo. Estamos participando de procesos de explotación desconocidos para nosotras, sintiéndonos culpables, sintiéndonos acomplejadas, mirándonos en el espejo, haciendo un montón de cosas que se llevan la energía deseante disponible”. 

La autora quiso trasladar todos estos aspectos a la novela a través de la fotógrafa, que no puede calmar su ansiedad porque viene acelerada de otro mundo: “Para mí, era necesario mostrar lo que le costaba a la fotógrafa disfrutar los dones que otra le estaba ofreciendo y a los que no podía entregarse”. Unos placeres, explicaba, como una tortilla de patata y un vaso de agua. “¿Qué vida estaremos viviendo para que esto nos parezca un lujo? Cuando pensamos que esto es un lujo extremo, ¿dónde estamos?”, planteó Torres. “Es esta bajada de la intensidad productiva para hablar también de la alineación con respecto a lo erótico y lo corporal”. Habló de la necesidad de contacto con la potencia erótica, no como energía de fin sexual, sino con la posibilidad de estar disfrutando de nuestros propios recursos de supervivencia. Sin embargo, muchas personas muestran dificultades a la hora de conectar con esa energía: “Lo más básico nadie lo hace bien. Yo no tengo ni una sola amiga que no tenga un problema digestivo o que duerma bien. Entonces lo estamos haciendo fatal”. Relacionándolo con las enfermedades, la autora comentó: “Estamos tan alienadas de lo corporal que también la enfermedad y las transiciones hacia la muerte nos escandalizan. No tenemos cultura del eros, ni de la muerte, ni de la enfermedad que es lo único que necesitamos para estar en el mundo”.

Marina Patrón destacó el tema del hambre que la autora aborda en el libro: “A mí me parece como el gran tema, porque yo he pasado y sigo pasando mucha hambre. Me encanta que trajeras esta idea de que las mujeres tengamos que comer poco, comer moderado”. Torres expresó su desconcierto ante el tema: “Yo no entiendo por qué se supone que la relación con la comida es esta especie de racionalidad absoluta donde tú comes exactamente lo que necesitas para sobrevivir y mantenerte en el peso idóneo”. Destacó la contradicción de esta concepción: “Tenemos como una especie de idealización de lo que es una relación sana con la comida, que es precisamente una relación muy patológica porque es una relación de control absoluto”. Desarrolló la espiral a la que puede derivar esta forma de concebir la comida. “Pasas de la obsesión con estar delgada a la obsesión con alimentarse solo de alimentos que te van a salvar la vida en un mundo tóxico en el que te vas a intoxificar igual. Pero tú igual con el brócoli ecológico y con todo lo que te gastas consigues vivir un año más”, bromeaba la escritora. 

Sara Torres
Sara Torres en la librería Cálamo durante la presentación| Fotografía de Yolanda Aguas 

El impacto que estas formas de concebir la comida o el deseo afectan a las experiencias vitales, explicó Torres, “en lugar de fusionarte con el mundo pues ponemos una especie de marcos de mediación, que son narrativas que evitan que tú te relaciones de forma directa con la vida. Hay una coreografía para la comida y el hambre igual que hay una coreografía del deseo sexual”.  Destacó la importancia que tenía para ella poder mostrar los procesos de ansiedad que limitan la vida de las personas. En relación a esta limitación, puso el ejemplo de los caballos de la doma clásica. “Para llegar a eso hay una contención, una represión y una violencia salvaje. ¿Por qué nos parece una maravilla un caballo bailando sobre dos patas? Estamos fatal”, reflexionó la autora acompañada por las carcajadas del público. 

“Se celebra la esbeltez como si fueran dones naturales cuando son esfuerzos naturales cuando son esfuerzos espectaculares”, postuló la autora. “A veces no son esfuerzos de esa persona sino intergeneracionales y heredadoscontinuó Torres. Como tu madre ya tenía todo ese dolor te lo metió desde niña con calzador y saliste caminando de puntillas como el caballo porque te quitaron el plató con comida de encima la mesa un montón de veces o te hicieron consciente de tu relación de tu cuerpo con la comida”.

La moderadora de la charla propuso detenerse en las escenas de sexo que aparecen en la obra que le parecieron super elegantes y super sugerentes”. Cuando la investigadora le preguntó a Torres sobre cómo se había enfrentado a estas escenas, la autora respondió: “A mí me encanta escribir escenas de sexo porque me parecen una oportunidad revolucionaria de contar el mundo. El sexo siempre se cuenta de la misma forma, suele ser un cuerpo que penetra y uno que es penetrado”. nuestra sociedad está educada en toda esta estructura heterosexual-obligatoria, lo sexual solo se puede representar en términos de cuerpos activos y pasivos, señalaba Torres por lo que todo deriva en “una obsesión colectiva por una educación obligatoria dentro de unas imágenes concretas”. 

“Determina mucho la alegría y la satisfacción de los cuerpos en lo eróticorazonaba Sara Torres. Si los cuerpos están obsesionados en cumplir un rol, en penetrar o en ser penetrables, entonces lo que hacemos de nuevo es otra violencia super fuerte. Hace que el potencial sexual del cuerpo desaparezca y la gente cumpla funciones en una especie de obra teatral que les preexiste”. Criticó las expectativas que esto genera: “A veces, lo cual es muy escandaloso, el disfrute tiene que ver con cuando has hecho la performance super bien y no tiene tanto que ver con lo que tu cuerpo pudo experimentar de forma más compleja”. Estas escenas, comentó la autora, no hablan de ninguna anatomía en particular: “Sobre todo, no habla obsesivamente de órganos complementarios que necesitan hacer esto para que esto ocurra. No. Hablan de la búsqueda de la intensidad y habla de la búsqueda del placer. Yo creo que esa es la literatura de la sexualidad que me interesa y no la he encontrado en todos mis años de lectora”.

Un aplauso colectivo clausuró la charla y, tras plegar las sillas, comenzó a formarse la fila para que la autora firmase libros.  Torres mantuvo una charla distendida con sus seguidoras que le contaban sus confidencias y experiencias con el libro. Algunas incluso tenían sus libros anteriores firmados en otros encuentros, que portaban con orgullo.

Asistentes a la charla de Sara Torres
Asistentes a la charla de Sara Torres 

 


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